Juan José López Burniol, notario jubilado
López Burniol se queda sin tribuna en 'La Vanguardia' tras convertir a Sánchez en su gran obsesión
El histórico articulista difunde por WhatsApp 'La revancha', la columna rechazada por el diario, después de meses de textos cada vez más apocalípticos sobre el presidente del Gobierno y el futuro de España
Juan-José López Burniol se ha quedado sin tribuna en La Vanguardia después de meses en los que Pedro Sánchez había acabado ocupando prácticamente todo su horizonte político y buena parte de sus columnas.
El veterano notario y articulista está distribuyendo ahora por WhatsApp entre sus contactos el artículo que el diario decidió no publicar este sábado. Lo acompaña de un mensaje en el que explica que la dirección del periódico ha puesto fin a su larga colaboración y sugiere que detrás de la decisión está la creciente dureza de sus posiciones políticas.
Pero la historia es algo más compleja.
Burniol había remitido el pasado miércoles su columna, titulada La revancha, para su publicación habitual del sábado. Ese mismo día recibió un correo del director de La Vanguardia, Jordi Juan, quien, de acuerdo con el editor Javier de Godó, le comunicó bajo el epígrafe "Retirada de l’article" que habían decidido "suspendre la nostra relació".
Según fuentes del propio medio, sin embargo, esa interrupción tenía inicialmente carácter temporal. La intención era retomar la conversación en septiembre y discutir entonces los términos en los que podía continuar la colaboración de Burniol con La Vanguardia.
El propio articulista, no obstante, da la relación "por definitivamente extinguida" y ha decidido suplir la pérdida del periódico haciendo circular personalmente el texto a través de WhatsApp. Dice que lo hace para "difundir y sostener" sus tesis.
Burniol evita, además, revelar el motivo concreto que le trasladó Jordi Juan. Considera "indecoroso" hacer pública una comunicación privada y reconoce que, a su juicio, las causas son "varias e interrelacionadas".
Ese matiz es relevante. Porque permite cuestionar la versión más cómoda: que La Vanguardia haya prescindido de él simplemente por criticar a Pedro Sánchez.
No hay elementos públicos que permitan afirmarlo.
Lo que sí puede comprobarse es una deriva mucho más evidente: Sánchez se había convertido en la gran obsesión de sus últimas columnas. No es sólo una apreciación externa. El propio Burniol llegó a reconocerlo.
A comienzos de agosto publicó un artículo titulado significativamente Examen de conciencia en el que admitía que algunos lectores le reprochaban dos cosas: excederse en sus críticas al Gobierno y haber convertido la crítica al presidente "casi en un monotema".
La observación era difícil de discutir.
Durante años, Burniol había construido su autoridad como columnista sobre una virtud poco frecuente: la ponderación. Era capaz de criticar al independentismo sin abrazar el discurso más identitario de la derecha, cuestionar a los gobiernos centrales sin convertir cada conflicto en una cuestión existencial y moverse por terrenos incómodos sin militar abiertamente en ninguno de los dos bloques.
Esa era, precisamente, una parte sustancial de su valor.
Pero aquel Burniol fue desapareciendo progresivamente de sus artículos.
En los últimos meses, Sánchez dejó de ser simplemente un presidente al que criticaba para convertirse en el personaje que explicaba prácticamente todos los males del sistema. Cada nueva columna elevaba un poco más el tono de la anterior.
Burniol sostuvo que el PSOE estaba siendo utilizado para establecer "las bases de una autocracia con voluntad de futuro". Describió al presidente mediante expresiones como "narcisismo desbordado", "arrogancia despótica" y "mesianismo populista". Y terminó trasladando la crítica de la gestión política al terreno de la supervivencia misma de España.
Su última columna lleva ese proceso hasta el extremo.
En La revancha, Burniol ya no describe una democracia deteriorada, una legislatura crispada o un presidente que, en su opinión, sobrepasa determinadas líneas institucionales. Describe prácticamente una conspiración histórica.
Sostiene que España vive una nueva "guerra civil", esta vez "híbrida", y establece una continuidad entre los actuales bloques políticos y los que terminaron enfrentándose en 1936.
Atribuye a José Luis Rodríguez Zapatero el comienzo de una operación que Pedro Sánchez habría llevado "sin límite" y cuyo objetivo sería nada menos que poner fin a la Monarquía parlamentaria, derogar la Constitución de 1978, derrocar a Felipe VI e instaurar una Tercera República "presidencialista, plurinacional y confederal".
La crítica política se transforma así en profecía.
Burniol asegura que "el choque se iniciará pronto" y se atreve incluso a establecer un horizonte temporal: "A lo más tardar, en un año".
Pronostica además que ese enfrentamiento podría coincidir con una crisis sobre Ceuta y Melilla que conduciría a "un nuevo 98" y al "Desastre final" de España.
Y concluye reclamando la aparición de un dirigente capaz de salvar el país, para lo que invoca como referencias a Charles de Gaulle y Winston Churchill.
Es difícil encontrar en ese texto la contención que durante años distinguió al propio Burniol.
La tesis ya no admite demasiados matices: Sánchez aparece como culminación de un proceso destinado a liquidar el régimen del 78; sus adversarios políticos dejan de ser simplemente adversarios y pasan a formar parte de una lucha histórica; España se aproxima al desastre; y sólo la aparición de un gran líder podría evitarlo.
Una construcción argumental que se repite una y otra vez hasta terminar devorando casi cualquier otro asunto.
Burniol parece consciente de ello, pero no arrepentido. En el mensaje que distribuye ahora por WhatsApp presenta La revancha como una defensa de "España como nación y del Estado que la articula jurídicamente" y advierte: "Ten por seguro que es posible que reincida más de una vez".
Todo indica que lo hará.
La duda es dónde.
La decisión de La Vanguardia deja sin su tribuna tradicional a uno de los columnistas que durante años representó mejor una determinada tradición de moderación catalanista, constitucionalista y pactista.
Resulta paradójico que esa etapa termine precisamente cuando Burniol parece haberse alejado más que nunca de aquella ponderación que le proporcionó autoridad.
Él puede interpretar su salida como el precio de enfrentarse a Sánchez.
También cabe una explicación menos épica: que la crítica constante al presidente, convertida ya por él mismo en "casi un monotema", hubiese terminado erosionando aquello que hacía singular su columna.
Burniol no ha dejado de escribir.
Pero el articulista que analizaba la realidad parece haber sido sustituido, al menos en sus últimos textos, por otro empeñado en demostrar una tesis previa: que Pedro Sánchez conduce inevitablemente a España hacia el desastre.
Y cuando una columna deja de interrogar a la realidad para utilizarla semana tras semana como confirmación de una misma convicción, el problema ya no es únicamente ideológico.
Es también periodístico.