Fotomontaje de Míriam Nogueras, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo con el Congreso de los Diputados de fondo

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Política

Junts disimula sus "esperpénticas" primarias con un nuevo 'show' en Madrid

El partido de Carles Puigdemont pide nuevamente elecciones anticipadas en el Congreso, pero insiste en que no apoyará una moción de censura del PP

Mientras, se le siguen atragantando problemas domésticos, como el liderazgo en Barcelona

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La campaña de primarias de Junts para designar candidato a la alcaldía de Barcelona, que incluso voces de la dirección del partido tildan de "esperpéntica", está poniendo de manifiesto, una vez más, la falta de rumbo de la formación de Carles Puigdemont.

Los posconvergentes asumen que su gestión del asunto, con hasta cuatro candidatos enfrentados por el puesto, ha sido un fracaso. Más aún tras los múltiples intentos de intentar imponer un liderazgo afín que les permitiera tener el control del grupo municipal tras los próximos comicios, algo que parece que no sucederá.

Es por ello que Junts trató de desviar el foco este martes hacia el Congreso de los Diputados, con un nuevo gesto contra el Gobierno de Pedro Sánchez de los que llenan portadas en Madrid y alimentan la teoría de que Junts y el PP podrían llegar a un acuerdo para una moción de censura.

Se trató del registro de una enmienda a una moción de los populares en la que los de Míriam Nogueras llamaban al Ejecutivo socialista a convocar elecciones anticipadas, en la línea de lo que vienen diciendo en las últimas semanas respecto a un PSOE al que consideran "completamente desgastado".

Pero que no fue más que un show, pues ni la mesa del Congreso permitirá que este punto se vote —la mayoría de izquierdas de la misma alega que se refiere a una competencia exclusiva del presidente del Gobierno— ni Junts facilitará con sus siete escaños decisivos cualquier maniobra real para que se lleve a cabo.

La moción de censura, descartada

Y es que la única fórmula que lo haría posible, de hecho, sería la moción de censura, una votación que solo puede impulsar el jefe de la oposición Alberto Núñez Feijóo y que, igual que el PNV, los posconvergentes descartan, pues implicaría votar de la mano de Vox, y esto sigue siendo una línea roja.

Las fuentes consultadas detallan que ni siquiera hay contactos formales entre los populares y el partido de Puigdemont, que ya dijo que si querían hablar de ello, debían desplazarse a Waterloo (Bélgica) y comentarlo en persona con él, sabiendo que nunca se prestarían.

Y tampoco el PP parece dispuesto a ceder demasiado ante los independentistas ni "buscar atajos", como dijo el propio Feijóo hace unas semanas en Barcelona, para llegar a la Moncloa. Algo que, además, a tenor de las encuestas, tendría garantizado tras las elecciones generales previstas para mediados de 2027.

Sánchez, a lo suyo

Esta nueva "pataleta" de Junts, como lo definen fuentes del Ejecutivo, no parece, por otra parte, incomodar a Pedro Sánchez. El presidente hace meses que gobierna sin la mayoría que permitió su investidura en 2023 y está centrado, en el plano político, en la presentación de los Presupuestos Generales del Estado, que serán los primeros de la legislatura.

Si bien no ser capaz de aprobarlos sí podría motivar un adelanto electoral, los socialistas siguen convencidos de poder atar el apoyo de Junts. Calculan, de hecho, que la negociación podrá llevarse a cabo, ya en España, entre el propio presidente del Gobierno y Puigdemont, cuyo regreso ambas partes sitúan en otoño.

Creen, en esta línea, que la aplicación total y efectiva de la ley de amnistía "enternecerá" a los posconvergentes. Y así lo explican convencidos de que, "como admitió Feijóo en el Cercle d'Economia", los socialistas siguen siendo una mejor opción que el PP para el despliegue de su agenda nacionalista.

Otras prioridades

Junts, que tampoco tiene del todo claro cómo operar en este contexto y teme que la corrupción que rodea al Gobierno pueda perjudicarles, ha optado por hacer seguidismo del PNV —un partido en el que, muerto el procés, buscan inspiración— y utilizar su posición de bisagra en Madrid para tapar, como ha sido el caso, sus problemas domésticos.

Y es que los de Puigdemont tienen otras prioridades: desde frenar el crecimiento de Aliança Catalana a su costa y la consolidación del PSC como partido de gobierno a solventar la grave crisis de liderazgos, que se manifiesta en el Parlament, en los propios órganos internos y, esta semana, con total exposición pública, también en Barcelona.

Esto es lo que les preocupa. Y es por ello que están maniobrando in extremis para que al menos dos de ellos se junten antes del domingo —cuando la militancia barcelonesa está llamada a votar— y maximizar las opciones de que Jordi Martí Galbis, por ahora favorito, no se imponga al resto de aspirantes. Algo que requiere discreción y el foco en otro lado.