Fuegos artificiales en la Sagrada Familia

Fuegos artificiales en la Sagrada Familia Luis Miguel Añón

Política

Barcelona emula los Juegos del 92 y regresa a la liga de los grandes eventos

La visita de León XIV, culminada con la histórica bendición de la Sagrada Familia, ha resultado un éxito pese a los múltiples retos que planteaba, desde la cuestión lingüística al boicot independentista, pasando por Rodalies o el tiroteo de la calle Balmes

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El Papa León XIV se marcha de Cataluña este jueves con la sensación generalizada de que la visita ha sido un éxito rotundo. Especialmente con una ceremonia de bendición de la torre de Jesús de la Sagrada Familia que ha entrado de lleno en la historia de la ciudad, para muchos a la altura de los Juegos Olímpicos de 1992.

La visita ha sido ejemplar en lo organizativo, sublime en lo artístico y emocionante en lo espiritual. Con una normalidad institucional sin la que es difícil organizar este tipo de eventos y con una Barcelona volcada y orgullosa, en su mayoría, de poder volver a acoger acontecimientos en sus calles sin miedo al boicot independentista.

Este era el primer reto que planteaba el viaje papal, que empezó en Madrid el pasado fin de semana y termina con un último paso por las Islas Canarias.

Y la realidad es que fueron pocos, y en un cierto son de paz, quienes ayer se desplazaron a los alrededores de la Sagrada Familia con esteladas con la intención de reivindicar su causa. Nada de containers quemados como, aunque hoy parezca lejano, resultó habitual durante un tiempo en las mismas calles del Eixample.

Pinchazo independentista

Pese a que el suflé es mínimo, este tipo de eventos, como ya ocurrió en las olimpíadas, siempre han sido un objetivo del secesionismo para hacerse notar. Y no fue porque los de siempre --Òmnium y la ANC-- no lo intentaran, llamando a la protesta y regalando in situ el clásico merchandising de los tiempos del procés.

Pero cuando el mundo nos miraba de verdad, lo que ha visto ha sido a una sociedad que encara el futuro con esperanza, a una Cataluña que abraza la concordia y a una Barcelona que regresa a la liga de los grandes eventos por la puerta grande.

También muchas banderas de España, en lo que ha resultado una buena excusa para sacarlas sin miedo a la estigmatización. Ya desde la primera parada del Santo Padre en la Catedral de Barcelona, el pasado martes, así como en el multitudinario recorrido del papamóvil o en la vigilia en el Estadi Olímpic Lluís Companys.

El Virolai, los jóvenes y la agenda social

La ceremonia en Montjuïc, que también será gratamente recordada por mucho tiempo y que despertó envidias en la capital tras un acto similar en el Santiago Bernabéu que algunos tildaron de excesivamente pomposo, dejó una imagen significativa de la "unidad" que con tanta intensidad ha reivindicado estos días León XIV.

Y no fue otra que la de la interpretación del Virolai, himno a la virgen de Montserrat, por parte de la Escolanía. Repetida el miércoles por la mañana en la misma abadía benedictina y a los pies de la Sagrada Familia al anochecer. Y abrazada por unos y otros, ambos interpelados en la letra del eclesiástico Jacint Verdaguer.

Las redes sociales se hicieron eco de su melodía --un descubrimiento para muchos-- así como también del apoyo masivo de una ciudad a menudo considerada laica, donde la presencia de jóvenes en los distintos actos del pontífice en la capital catalana ha sido muy significativa.

Y también del importante componente social de la agenda papal, que contó con sendas visitas al centro penitenciario de Brians I y a la parroquia de Sant Agustí del barrio del Raval. Gestos coherentes con el discurso del Papa en el Congreso de los Diputados a favor de la inmigración, leído políticamente como muy cercano a las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez y muy incómodo para algunos líderes de Vox, que fueron señalados por no participar de la larga ovación posterior.

La batalla lingüística

Con temor a quedar en un segundo plano, como finalmente ha sucedido, el nacionalismo centró su tiro en la lengua. Con una escena --como poco, inoportuna-- protagonizada por la diputada de Junts Míriam Nogueras, que interceptó a León XIV en el besamanos para pedirle, en inglés, que hablara en catalán en Barcelona.

No tuvo que hacerle caso, porque los actos ya contemplaban su uso en alternancia con el castellano, que el Santo Padre domina a la perfección tras vivir durante años en Perú. Y así ha sido: reflejando el bilingüismo de la sociedad catalana en todos los actos celebrados durante estos dos días y permitiendo a mucha gente de fuera disfrutar de la visita papal, haciendo gala de la sociedad abierta y plural que, en espíritu, siempre ha sido Cataluña.

Otros retos de la visita

La visita no estaba exenta de otras amenazas de distinta índole. Una de ellas, que no ha acabado siendo tal, eran las huelgas docentes, pues tras rechazarse el acuerdo alcanzado entre los sindicatos y el Govern de Salvador Illa volvían esta semana a las protestas y a los cortes, aunque la afectación ha sido mínima.

Distinto a lo que sucedió con Rodalies, un problema que parecía controlado --sin perjuicio de las múltiples mejoras pendientes-- pero que volvió a manifestarse en hora punta durante la visita de León XIV, concretamente el mismo martes de su llegada y hasta en dos ocasiones, esta vez debido a "un fallo total del sistema".

Y que se sumó al tiroteo que tuvo lugar ayer en la céntrica calle Balmes, a primera hora de la mañana y a plena luz del día, dejando una víctima mortal e imágenes muy sensibles del asesinado. Lo que sin duda --y también por ser del todo inusual en el distrito de Sant Gervasi-- hizo, por momentos, saltar todas las alarmas.

Especialmente porque resolver los problemas a balazos parece haberse convertido en habitual, aunque normalmente en otras zonas de la ciudad. Y porque se sumaba a, como reveló ayer Crónica Global en primicia, hasta cuatro detenciones en las apenas 48 horas del Papa en la ciudad, dos de ellas por agresiones sexuales.

Deberes por hacer

Naturalmente, en este contexto, Barcelona y Cataluña siguen teniendo deberes. Pero la nota final no puede ser sino positiva ante unos días que quedarán marcados como un hito en la historia reciente de la ciudad. Una que volvió a emocionarse, a impresionar y a mostrarse coqueta, ambiciosa y capaz. Como pocas saben.

Muy especialmente a raíz de un espectáculo final, el de la bendición de la torre de Jesús, a la altura de lo que ideó Antoni Gaudí cuando se propuso tocar el cielo de Barcelona, diseñando una basílica única en el mundo que ahora llevará también la firma de León XIV. Ese Papa discreto, quizás aún desconocido, que marca el camino.