Feijóo en el la reunión anual del Cecle d'Economia

Feijóo en el la reunión anual del Cecle d'Economia

Política

Feijóo se siente presidente en un Cercle d'Economia que aún desconfía de él

El líder del PP y jefe de la oposición hizo los deberes reuniéndose con la élite empresarial catalana y empleando un tono más conciliador que el año pasado, aunque sigue sin convencer del todo al lobi, que recibe este miércoles a un Pedro Sánchez con el que siempre se ha entendido

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El presidente del PP y jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, mejoró ayer su versión del año pasado en la reunión anual del Cercle d'Economia que se celebra esta semana en Barcelona. Aunque continúa sin convencer del todo.

La élite empresarial catalana reconoció el tono conciliador del dirigente gallego. Pero Feijóo dejó más bien frío al auditorio del Palau de Congressos de Catalunya en relación a lo que él mismo llamó "elefante en la habitación": la posibilidad de negociar con Junts una moción de censura instrumental para convocar elecciones en España.

La expectación era máxima tras una semana en la que tanto los posconvergentes como el PNV pidieron un adelanto electoral. Y llegaba tras unas incendiarias declaraciones del secretario general de Junts, Jordi Turull, en Catalunya Ràdio, en las que éste abría la puerta a hablar de ello, siempre y cuando el líder de los populares viajara a Waterloo (Bélgica) para negociar con Carles Puigdemont.

Feijóo y los suyos lo consideraron "una provocación más" por parte de un partido del que desconfían plenamente. De ahí que el dirigente gallego se limitara a decir que devolverá la decencia al país "con ayuda o sin ella", identificando veladamente una vez más al Cercle d'Economia con Junts, partido al que el año pasado se refirió como "los vuestros".

"Discurso presidencial"

"No tomaré decisiones irreflexivas y actuaré con responsabilidad", dijo, eso sí, en un discurso más presidencial que nunca, que los empresarios definen como "correcto" y "serio", si bien también como "excesivamente obsesionado con Sánchez".

Una vez denunciada la "incoherencia" de Junts, en esta línea, Feijóo se limitó a exponer las vergüenzas del Ejecutivo central, al que comparó con una empresa "para ver si así lo entienden", pues el expresidente de la Xunta es de los que no se explica cómo la clase empresarial catalana puede estar más o menos cómoda con gobiernos socialistas en Cataluña y en toda España.

Feijóo, a su llegada al Cercle d'Economia

Feijóo, a su llegada al Cercle d'Economia

"Ninguno de ustedes llegaría a ningún tipo de acuerdo empresarial con una compañía investigada por la justicia, con varios ejecutivos en prisión, sin cuentas depositadas, insolvente, o cuyo único propósito sea llegar al día siguiente. No lo harían, ni aunque esa alianza les pudiera reportar un pequeño beneficio a corto plazo", dijo al respecto.

Impuestos, seguridad y singularidad

La comunión entre Feijóo y el auditorio alcanzó su clímax cuando habló del principal reclamo de los empresarios: bajar impuestos; una de las cuatro recetas que planteó el dirigente junto a ampliar las inversiones, reforzar la seguridad y frenar el "descontrol migratorio", que tampoco suenan mal en ese foro, siempre que no se aborden desde el extremismo.

Este feeling se desvaneció cuando, pese al reiterado compromiso del Cercle d'Economia con el nuevo modelo de financiación autonómica acordado entre el Gobierno y el Govern, y pendiente de aprobarse en el Congreso de los Diputados, Feijóo dijo que no, que cualquier reforma del sistema debe acordarse entre todos. Es decir, que de singularidad en Cataluña, ninguna.

Y del atril pasó al diálogo con la presidenta del lobi, Teresa Garcia-Milà, con la misma tónica: sí, pero no. Mejor, pero insuficiente. Buena voluntad, pero sin saber dar con la tecla, como ocurrió en 2023, cuando casi salió a hombros del Hotel W, donde entonces se celebraban las reuniones anuales del Cercle.

Encuentros de alto nivel

Entre los pros del dirigente en la presente edición, por otra parte, contó su habilidad de reunir a un nutrido grupo de empresarios en un discreto desayuno privado en el Hotel Meliá Torre Melina.

Feijóo, escudado por otros dirigentes locales del PP como Daniel Sirera y Alejandro Fernández, mantuvo un pequeño cónclave con los presidentes de Repsol, Telefónica, Banc Sabadell, Caixabank y Planeta: Antoni Brufau, Marc Murtra, Josep Oliu, Tomàs Muniesa y José Creuheras.

Les acompañaron Jordi Casas (Fundació per la Indústria), Jordi Gual (IESE), Jorge Vilavecchia (Damm), la notaria Camino Quiroga, Juanjo Cano (KPMG), Daniel Tugues (Veolia), Pau Guardans (Único Hotels), Carmina Ganyet (Colonial) y el hotelero catalanogallego Amancio López (Hotusa); y también participaron del mismo el presidente de Fira, Pau Relat; la propia presidenta del Cercle, Teresa Garcia-Milà, y el expresidente de la entidad Jaume Guardiola.

En él, Feijóo expuso brevemente sus opiniones acerca de cuestiones como la competitividad, la fiscalidad, la inmigración o la propia financiación autonómica, la nota más amarga en el entendimiento entre ambas partes. Según detallan algunos de los presentes, también en petit comité se hizo el gallego, nunca mejor dicho, respecto a Junts.

Feijóo, presidente

La convulsa situación política y las encuestas, en cualquier caso, le sitúan en una posición muy favorable para ser el próximo presidente del Gobierno de España.

Y esta fue la actitud que exhibió durante la jornada, hasta el punto de permitirse el lujo de decir que echa de menos a CiU —un partido "con el que uno se podía entender, porque hablaba en serio"— ante un auditorio por el que estos días han transcurrido viejas glorias convergentes, como Oriol Pujol Ferrusola o Miquel Roca Junyent. O de mostrar un cierto compadreo con el adjunto a la presidencia de Junts, Albert Batet, el enlace de este partido con el mundo económico.

Haya moción de censura o no, y pese a mejorar con creces la intervención del año pasado, Feijóo deberá ganarse el favor del empresariado catalán con hechos, porque con palabras no ha terminado de convencer. Entre otras cosas, por la desconfianza que genera que su llegada a la Moncloa pueda llegar de la mano de Vox.