Maixabel Lasa, viuda del exgobernador de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, asesinado por ETA en el 2000

Maixabel Lasa, viuda del exgobernador de Guipúzcoa Juan María Jáuregui, asesinado por ETA en el 2000 SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Política

Maixabel Lasa, víctima de ETA: “Los asesinos de mi marido se preocupan por mí y yo me preocupo por ellos”

Esta conocida activista, viuda del socialista Juan María Jáuregui, participó el pasado viernes en unas jornadas sobre el conflicto vasco en el Palau Macaya de Fundación "La Caixa" de Barcelona, donde compartió una charla con 'Crónica Global'

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Maixabel Lasa, viuda del exgobernador civil de Guipúzcoa asesinado por ETA Juan María Jáuregui, pasará a la historia por impulsar los llamados encuentros restaurativos entre las víctimas del terrorismo y algunos de los que acabaron con la vida de 853 personas entre los años 1968 y 2010.

Para muchos una figura clave para la convivencia en el País Vasco, la película Maixabel (Icíar Bollaín, 2021) cuenta la historia de esta mujer de 75 años que perdió a su marido en julio del 2000 y, años después, accedió a conocer a sus verdugos Luis Carrasco, Ibon Etxezarreta y Patxi Makazaga en el marco de la vía Nanclares, donde se organizaron encuentros con máxima discreción que ella abrazó hasta el punto de seguir manteniendo vínculos.

Su discurso es indudablemente humano y favorable a las segundas oportunidades, aunque seguramente difícil de entender para otras víctimas. Muchos sitúan a Lasa en el entorno de la izquierda nacionalista vasca. Su marido había formado parte de ETA en su juventud y, posteriormente, se afilió al Partido Socialista de Euskadi, mientras ella hizo el mismo camino, aunque desde el PCE, apoyando en los últimos años al espacio de Sumar.

En 2001 fue nombrada directora de la Oficina de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco por el lehendakari Juan José Ibarretxe (PNV), manteniéndose 11 años en el cargo. Y en la actualidad se dedica a explicar su testimonio, como hizo el pasado viernes en el Palau Macaya de Fundación "La Caixa" de Barcelona, en unas jornadas sobre "Los procesos de escucha en el conflicto vasco", donde compartió un café y una charla con Crónica Global.

¿Cómo surgieron los llamados encuentros restaurativos? ¿Había algún precedente?

No había ningún precedente al respecto. Esto surge porque el año 2010 había un grupo de presos de ETA, que estaban en la cárcel de Nanclares de Oca, en Álava, que dijeron que la organización terrorista no debía de seguir matando, haciendo autocrítica sobre su pasado. Entonces se organizaron unos talleres con distintas personas, hasta que coincidieron con dos víctimas de ETA.

Yo en ese momento era la directora de atención a víctimas del Gobierno Vasco, y nos llegó una petición de algunos presos que querían contactar con víctimas para decirles que estaban totalmente apenados de lo que hicieron, que reconocieron el daño que habían hecho a muchísimas personas y que, de alguna forma, querían pedir perdón.

Nosotros habíamos participado en distintos proyectos y nos pareció una idea buenísima, entonces nos pusimos en contacto con personas que trabajan en mediación, por ejemplo Esther Pascual, o Txema Urquijo, que había sido director de derechos humanos del Gobierno Vasco, o a la directora de entonces de instituciones penitenciarias, que era Mercedes Gallizo. Se formó un tándem, un círculo que hizo posible que esto se pusiese en marcha. Como no había precedentes, no sabíamos si iba a salir bien. De alguna forma nos arriesgamos mucho, pero el resultado fue positivo.

Estos encuentros se dejaron de producir. ¿Por qué?

El primer encuentro fue en 2011. Fue Iñaki García Arrizabalaga quien se encontró con un exetarra, y al día siguiente estuve yo con con Luis Carrasco. En 2012 hubo elecciones generales, el PSOE perdió el gobierno y al PP no le interesaron estos encuentros restaurativos, y se dejaron de hacer. Se mantuvieron aquellos que, de alguna forma, estaban ya previstos aprovechando el permiso del preso que salía. Y así se siguieron haciendo, pero durante muchos años no se ha hecho nada al respecto.

¿Es imprescindible que haya un apoyo institucional para hacer esto?

Sí, si tú quieres contactar o estar con un preso, necesitas entrar en la cárcel. Y el permiso del director de la prisión depende del Gobierno central.

Maixabel

Maixabel SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

¿Cuál es el objetivo de entablar un vínculo con los terroristas?

Al principio no había ningún objetivo clarísimo, pero sí que es verdad que estos encuentros han supuesto la construcción o la creación de un vínculo entre la víctima y el victimario. Yo la primera vez que estuve con Luis en la cárcel, el 26 de mayo de 2011, no le conocía de nada, no había visto ninguna foto. Yo, fundamentalmente, me animé a este encuentro porque siempre he creído que el objetivo de la política penitenciaria debe ser la reinserción. Sabía que esta persona, que atentó contra mi marido, había hecho un recorrido personal de autocrítica y había dicho que no lo volvería a hacer de ninguna de las maneras, entonces yo me vi como en la obligación moral de estar con él, para poner en práctica lo que yo tenía en la cabeza. Siempre he pensado que sería bueno para la futura convivencia, porque algún día estas personas volverán a vivir entre nosotros.

¿No cree que su su ejemplo personal, proyectado mediáticamente, establece una suerte de jerarquía de víctimas donde la "buena víctima" es la que hace todo lo posible por intentar perdonar y la que exige justicia estricta queda retratada como alguien anclado en el rencor?

Hay que partir de la base de que todos estos encuentros restaurativos han sido totalmente voluntarios. Nadie nos ha obligado a participar. Yo entiendo perfectamente a la víctima que no quiera saber absolutamente nada de este tema, lo respeto, faltaría más, pero también quiero que me respeten a mí. No me considero mejor que nadie y no hay buenas y malas víctimas. Somos personas que pensamos de forma distinta, pero el respeto es lo que tiene que prevalecer en estas historias.

¿En qué medida la venganza es un sentimiento mayoritario o minoritario entre las víctimas?

Yo he conocido a muchísimas víctimas, y muchas me han dicho que abrazarían a quien mató a su marido, a su hijo o a su hermano si fuese la última. Los medios de comunicación insisten en el morbo, pero yo creo que el ser humano es capaz de perdonar. También de no perdonar, somos capaces de lo mejor y de lo peor. Yo siempre he creído en las segundas oportunidades, en que todos las merecemos.

¿Estos encuentros se pueden, deberían o podrían aplicarse a delitos de otro tipo? ¿Un caso de violencia machista, por ejemplo?

La mediación se hace desde hace mucho tiempo, lo que no se había hecho antes en temas de terrorismo. Yo he podido preguntar todo lo que he querido a quienes mataron a mi marido, y he recibido respuestas. Justicia y castigo no deben entenderse como sinónimos, la justicia consiste en más cosas, en intentar comprender.

¿Qué relación mantiene con los terroristas que asesinaron a su marido?

Después de ese primer encuentro, que duró alrededor de tres horas, he estado varias veces con ellos. Ha surgido un vínculo que, de alguna forma, nos guste o no, está ahí. Y solo desaparecerá ese vínculo cuando alguno de nosotros haya desaparecido del mapa. Ellos se preocupan por mí, preguntan por mí, y yo me preocupo por ellos, por su trabajo, por su familia... No sé cómo explicarlo.

Hablaba usted de comprender a la otra parte. ¿Lo ha entendido? ¿Lo entiende?

De alguna manera, sí. Ellos lo explican muy bien. Para mí, son los mayores deslegitimadores del uso de la violencia. Vivimos en un mundo muy violento y ellos son los que menos justifican lo que hicieron. Hay mucha gente que comete delitos y jamás los reconoce. Ellos no, ellos se responsabilizan de lo que hicieron. Se responsabilizan también, incluso, de lo que la organización hizo en su conjunto.

Yo creo que vivir con esa mochila y llegar a la situación a la que han llegado es para quitarse el sombrero. Estas personas renunciaron a ser miembros de ETA. Cuando pusieron encima de la mesa su manera de ver las cosas, también pusieron en peligro su vida. Hubo casos como el de Yoyes, que la mataron por dejar la organización. A ojos de sus anteriores amigos, dejan de ser héroes y pasan a ser traidores. Esto se ha visto en muchísimas paredes por Euskadi. Tiene que ser muy duro, para ellos y para sus familias.

¿Cómo casa su mentalidad de reencuentro con que haya muchos presos de ETA que sigan estando en la cárcel?

Están cumpliendo condena. Los que están dentro es porque no han cumplido requisitos. Los que están fuera no es por los encuentros restaurativos, esto también debe quedar claro, no ha sido un premio. Se lo han ganado por su trabajo en la cárcel, porque han participado en lo que la legislación prevé para, en definitiva, pasar de grado. En el primer grado, el preso pasa 20 horas en la celda y cuatro en el patio. Es mucho tiempo para pensar en lo que han hecho o han dejado de hacer.

Maixabel

Maixabel SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

¿Los presos de ETA deben estar exclusivamente en las cárceles vascas?

Sí, claro. Ahora mismo están todos en Euskadi, pero lo de la dispersión fue un castigo no para el que hizo mal, sino para las familias. El que está en la cárcel es lo mismo que esté en Martutene o que esté en Sevilla. No lo he entendido nunca. Nunca lo he visto bien.

En Cataluña, salvando todas las distancias, se optó por una ley de amnistía para de alguna manera solucionar el conflicto político, un proceso de independencia contrario a la ley. ¿Qué le parece esta fórmula?

Amnistía hubo para todos en 1977. Lo que pasa es que hubo un grupo determinado que decidió no dejar las armas y continuar con la violencia. La posibilidad la tuvimos todos, pero ellos tomaron su decisión. El terrorismo desaparece cuando deja de tener una base social que lo apoye.

ETA siempre ha tenido una base social, por eso pudo prolongarse en el tiempo. Desapareció porque perdió apoyo social. También la Policía empezó a detenerles, ilegalizaron a Herri Batasuna, que era su brazo político, y cambiaron de estrategia. Yo recuerdo que, cuando anunciaban una tregua, la izquierda abertzale subía en votos, y cuando rompían la tregua y volvían a matar, perdían votos. Empezaron a hablar voces discordantes, y ahora el momento es totalmente distinto. Participan en las instituciones como cualquier otro partido político, y eso era lo que nosotros pedíamos.

Se refiere a EH Bildu, que está en un muy buen momento de forma. Muchos lo consideran un partido filoetarra. ¿Está de acuerdo?

No, por supuesto que no. A veces pienso que hay partidos políticos que echan de menos el terrorismo.

¿Por qué cree que tiene tanto éxito EH Bildu?

Su forma de hacer política ha cambiado muchísimo. Ahora se vuelcan más hacia la situación social, se preocupan más por la sanidad, por la vivienda, por la educación, no hablan tanto de identidades como antes, y por eso se han vuelto más atractivos para los jóvenes.

Mirando a la sociedad vasca de hoy, especialmente a los jóvenes que no vivieron los años de plomo, ¿cree que se está construyendo una memoria justa?

Eso lo tenemos que hacer entre todos. No va a haber nunca una única memoria o relato. Hay que tener en cuenta que ha existido el GAL, los grupos de extrema derecha que había en aquella época, que desaparecieron antes que ETA, pero que también dejaron víctimas. Y tienen los mismos derechos que puedo tener yo como víctima de ETA. Son trescientas y pico familias que no saben qué pasó con sus seres queridos o quién les mató, porque no ha habido enjuiciamiento y no se sabe nada. También es importantísimo saber esa verdad, porque también ayudará a pasar página.

El terrorismo más frecuente a día de hoy, al menos en Europa, es el yihadista. ¿Qué diferencias y similitudes ve?

Todos los terrorismos son parecidos. Buscan objetivos políticos a través de la violencia. Lo que nosotros tratamos es de deslegitimar el uso de la violencia. Los objetivos se tienen que conseguir convenciendo a quien tienes al lado, explicando, trabajando y ayudando... no sé, pero sin violencia.

Por primera vez en la historia democrática de España podría haber un partido de ultraderecha en el Gobierno, tras las próximas elecciones. ¿Cómo puede afectar esto a la a la convivencia en el País Vasco?

Espero que no suceda eso.

Es lo más probable, según las encuestas.

En Euskadi, desde luego, no. Sería volver atrás, muy atrás. No sé si están haciendo del todo bien las cosas, pero con todo lo que ha pasado en los últimos años, si hubiera un Gobierno de PP y Vox, estaríamos en una situación mucho peor de la que estamos ahora.