Foto de recurso de Sant Jordi

Foto de recurso de Sant Jordi SIMÓN SÁNCHEZ Barcelona

Política

El Sant Jordi más apolítico del siglo

Barcelona se ha llenado un año más de libros y rosas, esta vez sin protagonistas indeseados en la Diada de todos

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Que el único debate del día haya sido si Eduardo Mendoza tenía algo de razón al llamar "analfabeto y maltratador" a Sant Jordi o solamente "está muy mayor", como defendían algunos de los lectores que hacían cola para que el escritor barcelonés les firmara su última novela, dice mucho de la Cataluña de 2026.

Las calles de Barcelona se han llenado como siempre --alimentando la tesis de que esta Diada, la de todos, tiene todas las cartas de morir de éxito-- pero esta vez sin rastro alguno de la politización que también quiso adueñarse de la fiesta especialmente a finales de la pasada década; quedándose este jueves como una exhibición de la normalidad que dejó tras de sí el procés.

Los protagonistas han sido los libros y las rosas, la cultura y el amor, la tradición de los de toda la vida y la emoción de los de su primera vez. También el polen de los platanos, que ha volado como nunca por la Superilla Literaria y ha sacado alguna que otra mascarilla de nuevo a las calles. Pero nada que empañara ni el jolgorio ni el negocio, que dice el gremio que "ha ido bien" a falta de conocer el medallero.

El IVA hiperreducido de los libros --más de uno se lo ha recordado a la periodista y escritora Sonsoles Ónega cuando ha aparecido en el paseo de Gràcia, a mediodía-- no ha sido un problema para que la mayoría se llevara, al menos, un ejemplar. Y es que leer está de moda, como asegura el ministro de Cultura Ernest Urtasun; quien, por cierto, se ha perdido la cita.

No ha sido el caso de otros como el socialista Félix Bolaños, que se ha camuflado de paisano por el Eixample, u otros tantos capitalinos que han agotado tanto el AVE como el puente aéreo a primera hora y harán lo propio a la noche para volver, ajenos a que en la insaciable Meseta también ha llegado Sant Jordi y, por lo visto, los madrileños lo sienten cada vez más propio.

A los políticos locales les han hecho el mismo caso. Los candidatos que antes ansiaban el 23 de abril para darse un baño de masas con los suyos --eso sí, protegidos por furgones policiales-- han sido hoy eclipsados hasta por David Uclés y su boina. Le han pedido más fotos a Cat, la mascota del Barça, que a Oriol Junqueras, que ha estado toda la mañana aburrido en la carpa de ERC.

Rambla Cataluña abajo estaban Junts y su líder de moda Míriam Nogueras, que tampoco ha suscitado demasiado interés; Vox, al lado de la parada de la Fundación de Apoyo a la Discapacidad Intelectual --para mofe de unos cuantos--; y el PP, que compartía plaza con el RCD Espanyol y, por primera vez en la historia, la Policía Nacional, a quien en otros tiempos hubieran, como poco, insultado.

La CUP y Aliança Catalana han quedado desterradas del bulevar al no tener representación en el ayuntamiento, y mientras la ultraizquierda se quejaba por X, la ultraderecha de Sílvia Orriols reunía a unos cuantos militantes unas calles más allá, con un spray anti escraches a la vista y Rubén Novoa vendiendo y firmando su bestseller testosterónico La Colònia.

En lo estrictamente institucional, Salvador Illa ha recuperado la mítica chocolatada en el Palau de la Generalitat, que ha dejado escenas dignas del Polònia de TV3, y ha asistido a la tradicional misa, oficiada por el cardenal Juan José Omella y el prior Josep Maria Turull, primo hermano de Jordi.

Este y otros Georges, Giorgios, Gorkas o Jorges --los que no se hayan quedado en Zaragoza-- han podido entrar gratis a la Sagrada Familia, que celebraba su primer 23 de abril coronada, y a los demás edificios emblemáticos de la ciudad.

Uno de ellos hará lo propio en Madrid, concretamente la sede de la Audiencia Nacional, el próximo lunes.

Y muchos llenarán esta noche los garitos de moda de la ciudad, descubrirán la kiss cam instalada para la ocasión en el metro y volverán a la rutina con rosas en casa, muchas de ellas de origen sospechoso, que más pronto que tarde se marchitarán; aunque contentos porque mañana es viernes.