El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, junto a la 'consellera' de Economía Alícia Romero

El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, junto a la 'consellera' de Economía Alícia Romero

Política

Illa desbloquea la legislatura al despejar el IRPF de las negociaciones

El presidente de la Generalitat logró ayer un acuerdo con ERC para desvincular la cesión tributaria de la negociación por los presupuestos, que el Govern ha retirado del Parlament con la voluntad de aprobarlos sin sorpresas antes de verano

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Salvador Illa tomó ayer una decisión inédita en la historia democrática de Cataluña que le acerca a agotar la legislatura con tranquilidad.

Al constatar que ERC no estaba dispuesta apoyar los presupuestos de la Generalitat en el pleno extraordinario convocado este viernes, el Govern acordó con los republicanos retirar las cuentas –es la primera vez que sucede– a cambio de asegurarse una negociación de cara al mes de junio en la que el traspaso del IRPF, que depende de un Gobierno de España que no parece estar por la labor de desencallarlo, no forme parte de la ecuación.

El partido de Oriol Junqueras se había enrocado en esta cesión como condición sine qua non para apoyar las cuentas presentadas hace unas semanas en el Parlament. Y pedía un compromiso explícito de Moncloa en esta línea a cambio de retirar su enmienda a la totalidad y que los presupuestos no decayesen en su primer examen parlamentario, lo que hubiera podido derivar en un irremediable adelanto electoral.

Ante la negativa del Ejecutivo de Pedro Sánchez, Illa convocó a ERC discretamente en Palau el pasado martes con el objetivo de negociar una salida a la situación. Y el acuerdo logrado entre las partes –en el que ambas aseguran querer "buenos presupuestos" y se comprometen a "tratar de aprobarlos" antes de julio– consiguió que a las nuevas cuentas no les falte más que renegociar las distintas partidas.

Cambio de discurso

En esta línea, el discurso de Junqueras cambió ayer por completo. Pese a que el documento firmado contempla "impulsar las modificaciones legislativas para hacer efectivos los pactos de investidura" –es decir, que paralelamente seguirá exigiendo el traspaso del IRPF–, el dirigente republicano insistió en que el Govern había presentado los presupuestos sin haberlos pactado con ellos, algo de lo que no se había quejado antes.

Las cuentas, que ERC no quiso negociar al considerar que "no se habían cumplido todos los acuerdos de investidura", sí contaban con el apoyo tanto de los Comuns como de distintos agentes sociales y económicos. Y Junqueras vino a decir que los presupuestos en sí, de los que hasta ayer había evitado hablar, eran "mejorables". Allanando, así, el terreno para justificar ante su parroquia la renuncia al IRPF como línea roja.

Por su parte, el partido de Jéssica Albiach, que ayer se mostró contrariado ante la maniobra socialista, también quiso decir la suya: los Comuns pondrán "nuevas condiciones" para prestar su apoyo –igual de imprescindible que el de ERC– en la nueva negociación presupuestaria. Habrá margen para conocer cuáles, en este sentido, pues las partes implicadas están convencidas de que el acuerdo definitivo "no llegará hasta verano".

Mayoría progresista

El compromiso firmado entre ERC y el Govern, por otra parte, contempla la aprobación inmediata de un suplemento de crédito para "garantizar el funcionamiento de los servicios públicos" en los próximos meses. Este mismo jueves se validará esta inyección de alrededor de 6.000 millones de euros en un Consell Executiu extraordinario y se convalidará en el Parlament en las próximas semanas.

Esta votación volverá a reunir los votos de la mayoría progresista del Parlament tras semanas donde la tensión entre socios ha sido la norma. Ni el Govern ni ERC –cuyo líder está decidido a presentarse a la Generalitat y todavía no se le ha aplicado la amnistía– calculaban que fuera buen momento para ir a elecciones, con unas encuestas que apuntan a un auge insólito de la ultraderecha y una Cataluña ingobernable.

Y, de la mano de un contexto internacional convulso, la voluntad de estabilidad de Illa se ha acabado imponiendo. El president sabe que estos serán sus únicos presupuestos, y que le permitirán desplegar su programa sin problemas hasta 2028, cuando confía en que la ciudadanía podrá notar plenamente su "buena gestión" y le permitirá, como ha asegurado que es su voluntad, seguir cuatro años más en Palau.