La tragedia de Gelida ha sacudido los cimientos del transporte en Cataluña. Y en medio del caos, que dejó a los usuarios sin servicio de trenes regionales durante prácticamente toda la jornada del miércoles para revisar el estado de las vías, ha resurgido la figura de Antonio Carmona.
Hasta el pasado julio era el director de Rodalies, mientras hoy es portavoz y representante institucional de Renfe en Cataluña, por lo que ha sido una de las personas encargadas de dar explicaciones.
El tren accidentado en Gelida (Barcelona)
Lo hizo durante el día en varios medios de comunicación. Y fue a quien todo el mundo llamó durante la jornada, por su dilatada experiencia en el sector ferroviario y su actual responsabilidad comunicativa. Además de su presencia en las reuniones junto a las conselleras Núria Parlon y Sílvia Paneque y el resto de mandos operativos.
Un marrón al que este periodista de formación ha dedicado buena parte de su carrera, en una plaza complicada. Donde los trenes han sido una reivindicación histórica que todavía no se ha solucionado. Y que el independentismo aprovechó ayer para recriminar al actual Govern.
De las vías a los despachos
La trayectoria de Carmona es atípica por su profundidad en el escalafón operativo. Sus inicios en la compañía se sitúan a pie de vía, en las entrañas del sistema. Ingresó en Renfe con funciones de visitador de material motor. Su labor consistía en la revisión directa de los convoyes, asegurando que la mecánica respondiera antes de salir a circulación.
Esta etapa técnica le otorgó un conocimiento del producto que pocos directivos actuales pueden acreditar. Esa base operativa fue el cimiento sobre el cual construyó su perfil como comunicador. Al ser periodista de carrera, logró lo que para muchos es imposible: explicar la complejidad de una catenaria o un sistema de señalización mediante un discurso institucional coherente y accesible.
"Parte del problema"
Para los sectores más críticos del independentismo, Carmona no es solo un portavoz, sino que se le considera "parte del problema" del sistema ferroviario que critican.
Tanto el que sigue rigiendo como el que entrará en funcionamiento próximamente tras la constitución de la empresa mixta, en la que participan tanto la Generalitat como el Ministerio de Transportes.
Se le percibe como el guardián de un sistema que, a ojos del soberanismo, representa la falta de inversión y el desdén de la Administración central hacia la ciudadanía catalana. Que la realidad diaria de las vías suele acompañar, con retrasos habituales y una imagen generalizada de que el servicio está muy por debajo de lo que debería ser en un país occidental.
Aunque estos apuntes políticos, especialmente del entorno de Junts, pero también de partidos como Vox o Aliança Catalana --que tras el accidente ferroviario dijeron en X que "el socialismo mata"--, solo tengan un objetivo. El de ganar votos para las próximas elecciones.
El reto del traspaso y la nueva etapa
El contexto actual añade una capa de complejidad inédita a su labor. La creación de la empresa mixta para el traspaso de Rodalies es el centro del debate, exagerado tras el accidente de Gelida, que acabó con la vida de un maquinista en prácticas al desprenderse un muro próximo a las vías.
En cualquier caso, Carmona se sitúa en el centro de esta transición. Su cometido como representante institucional le obliga a navegar entre la herencia de Renfe y la futura gobernanza compartida. Es el hombre que debe garantizar que, mientras se firman decretos, los trenes sigan moviéndose bajo unos estándares mínimos de seguridad, como está previsto que suceda hoy ya con normalidad.
