La polémica en torno al documental Ícaro: la semana en llamas demuestra que ni los indultos ni la amnistía han amansado a las fieras.

Por más que algunos se empeñen en asegurar que la comunidad está “pacificada”, la Cataluña de 2026 apenas se diferencia de la de la época más intensa del procés.

Lo confirma la agresividad con la que las huestes mediáticas nacionalistas han saltado como hienas contra Filmin por ofrecer en su plataforma el citado reportaje. 

Se trata de una cinta que recoge la versión de los policías nacionales que se enfrentaron a las violentas revueltas organizadas por grupos independentistas en octubre de 2019, tras conocerse la sentencia contra los líderes del procés.

El documental es absolutamente recomendable y, en ocasiones, emocionante. Los agentes explican la brutalidad de los ataques de los secesionistas, sin mediar provocación alguna. Un salvajismo que casi le cuesta la vida a un policía, hoy incapacitado después de que los manifestantes le abrieran el cráneo a pedradas. Todo ello, aderezado con grabaciones de los propios agentes que ofrecen imágenes espeluznantes.

Como era de esperar, los ultras han realizado pintadas en la sede de Filmin (acusándola de “colaboracionista con la represión española”) y los sospechosos de siempre se han lanzado al cuello de la plataforma y de su cofundador y responsable de contenido, Jaume Ripoll.

Entre las críticas al documental destacan las del director de El Món a RAC1, Jordi Basté, que califica el documental de “obsceno”, “irresponsable”, “manipulación emocional” y “propaganda disfrazada de periodismo”. Unas valoraciones que, sin embargo, no se produjeron cuando Filmin colgó en su catálogo otros documentales con claro sesgo a favor del procés, y menos aún cuando los emitió TV3, la televisión pública autonómica.

Pero lo más lamentable ha sido la respuesta de Filmin. Ante las críticas, la plataforma ha salido a justificarse por publicar la cinta, desmarcándose de ella y recordando que cuentan con un catálogo “diverso”. Eso sí, para demostrarlo solo han citado documentales de perfil nacionalista (L’endemà, Cataluña-Espanya, Ciutat morta, Quatre dotze, castell per l’independència), ni uno en sentido contrario.

Y Ripoll, en una entrevista con Basté, se ha apresurado a asegurar que no había visionado el documental antes de ofrecerlo en su plataforma. “Si lo hubiese visto antes, no lo habría puesto”, ha declarado. Además, ha insistido en que solo estará disponible hasta el 31 de enero (a diferencia de los otros reportajes de corte nacionalista, que no tienen fecha de caducidad).

Parece que, al final, Ripoll, víctima del acoso independentista y de una campaña nacionalista para boicotear la plataforma con llamamientos a darse de baja, se ha arrugado.

Nadie está obligado a ser un héroe, pero ceder ante los intolerantes te convierte en cómplice de ellos.