El notable descenso de participación en la Diada inquieta al mundo independentista, que desde el inicio del procés ha basado su estrategia en las movilizaciones masivas en las calles. Si empieza a emerger el cansancio de una parte de la ciudadanía tras la hoja de ruta fallida, también es cierto que la actual “fase reactiva” --a la espera de la sentencia en el Tribunal Supremo-- impide a la ANC y Òmnium Cultural encontrar el motivo alentador con el que contaban en pasadas ediciones, para mantener viva la llama de las movilizaciones.

Las entidades independentistas, en coordinación con el Govern, lo fían ahora todo a la reacción popular tras el fallo judicial. Pese a las primeras discrepancias sobre la idoneidad o no de llevar a cabo un paro de país, JxCat y ERC han visibilizado la unidad respecto a realizar una demostración de fuerza conjunta como protesta a una eventual condena a los líderes y activistas en prisión preventiva. Son conscientes, además, que en esta tesitura no unilateralista pueden encontrar el apoyo de los comuns para que la manifestación adquiera una mayor transversalidad.

Centrar la atención internacional

La presidenta de la ANC, Elizenda Paluzie, ha recurrido este miércoles a la expresión de “momentum” --utilizada en su día por el presidente de la Generalitat, Quim Torra-- para sostener su apuesta por volver a crear una situación parecida a la del referéndum ilegal del 1 de octubre que acapare “la atención internacional”. Un escenario que se dará con las sentencias, que volverá a ser portada de las principales cabeceras internacionales.

Lo que pretenden es recuperar la iniciativa perdida, reconstruir la unidad que genera entusiasmo entre sus seguidores, y rediseñar una nueva hoja de ruta para proseguir el desafío con el Estado. Un objetivo ambicioso que, por el momento, parece poco realista ateniéndose a la división de criterios entre Lledoners y Waterloo. Tampoco la estrategia de la ANC es la misma que la de Òmnium Cultural, que insiste en adherir al PSC en una lucha que circunscriben más en “los derechos fundamentales” que en el “derecho de autodeterminación”.

Mofas desde el propio independentismo

La ritualización de la manifestación de la Diada, con la camiseta anual, ha empezado a ser objeto de la sátira política. La primera en criticar el merchandising anual fue la exconsejera de Enseñanza Clara Ponsatí cuando en Twitter espetó “basta de camisetas”. Posteriormente, desde las entidades se han esforzado en explicar la necesidad de financiar el movimiento con la venta de estos artículos.

El último en sembrar la discordia fue el cómico Godai García con su monólogo en TV3 sobre la actitud abnegada de los catalanes en la Diada. Su performance suscitó el enfado del diputado de JxCat Eduard Pujol, que le regañó por hacer mofa de la situación actual, en la que “hay presos”.

Entre la festividad y la reivindicación

Las últimas voces en anunciar su asistencia a la ofrenda floral al monumento de Rafael Casanova pero declinaban participar en la Diada eran del independentismo más unilateralista que representa el entorno de Jordi Graupera, entre otros.

Los meses anteriores a la efeméride se desató un debate entre el seno del independentismo con presiones a la ANC para evitar otra Diada festiva. Se generó una corriente de fondo que pedía “un punto de inflexión”, que sirviera para helar sonrisas” e, incluso, contemplaban  abrir las cárceles” para obligar a salir a los líderes independentistas en prisión preventiva. Buscaban, en definitiva, que la efeméride deje de ser una “fiesta”. En la misma línea, son conscientes que la reacción tiene que ir junto a una "acción desde el Govern" para no dejarlo todo en manos de la ciudadanía.

¿Espejismo?

El pinchazo en la Diada, sin embargo, puede ser solo un espejismo fruto de la coincidencia de distintas variables, como la previsión de lluvia o la ausencia de un motivo --más allá de la exigencia de libertad de los presos-- para atraer a un número mayor de independencia.

El independentismo sigue gozando de una buena salud, tanto en las urnas como en las calles. No son pocos los que han desistido de participar en la Diada a la espera de una protesta como reacción a una eventual condena del Supremo a los dirigentes encarcelados. Será en ese momento cuando el independentismo vuelva a demostrar su fuerza.