Política

Mas, Forrest Gump y el cobrador del frac de las gafas blancas

Comienza un ciclo electoral en el que no va a quedar títere con cabeza. Unos pocos saben lo que quieren y lo van a conseguir, la van a liar. El viento sopla a favor de gentes como Mas y Joan Maria Piqué.

21 septiembre, 2014 10:58

La presión y represión nacionalista es absoluta. Con todos los medios a su alcance, el presidente de la Generalidad, Artur Mas, encabeza la estampida. En La Moncloa se invoca la ley pero Barcelona es una fiesta. Mas y sus consejeros están eufóricos. Participan de algo histórico. Son lo más parecido a un grupo de okupas horas antes de la llegada de los antidisturbios. Las consignas van y vienen, el president ya lo tiene todo preparado, que corra la nicotina. A Mas no le acompaña ninguno de los atributos de los líderes. Más que Macià y Companys en pleno balconing, parece un jefe de planta del Sepu, un madelman con el traje de burócrata búlgaro de los años sesenta. Pero es tenaz, constante como una paparra y ha terminado por creerse el papel, el personaje y la película entera. La épica está de su parte, a pesar del peinado y esos aires de John Wayne con alzas que adopta cuando hace su entrada en el Parlamento autonómico.

La vida de Mas es como la de Forrest Gump. Tiene un componente alucinante e inexplicable. Es el triunfo absoluto del tipo de medio pelo, de la mediocridad. Siempre ha estado en el sitio adecuado y en el momento exacto. En Tipel con Jordi Pujol Ferrusola, detrás de Cullell cuando Cullell se precipitó en la disolución política, pasaba por ahí cuando la corrupción fulminó a Joan Roma, al alcance de la mano de los hermanos Pujol cuando había que laminar a Duran. Sin despeinarse. Es el último sujeto que se pone laca en España. Ya no quedan "varones" como él. Laca y "greciandosmil", el matacanas.

Con todo y con nada, el viento sopla a favor de Mas. Es el milagro catalán, un fenómeno incompatible con la razón, con la lógica y con la moral pública. El signo de los tiempos. Quienes son lo que son gracias a las leyes de la democracia se pasan la democracia y las leyes por debajo del arco del triunfo, pero no de manera que no se note, sino con aspavientos, en línea antisistema. Desobediencia no es la palabra. Aquí, los pájaros disparan contra las escopetas, de modo que las "autoridades" incitan al desacato. Aquí es más de fiar el portavoz de Can Vies que cualquier concejal del Ayuntamiento. Aquí empieza a cundir una forma de matonismo político que consiste en someter por aplastamiento al disidente. Aquí, según pasan los días, aumenta el número de manifestantes de la V y ya van por los dos millones según el recuento de la republicana Gemma Calvet. Aquí, la V no es una alusión a Victoria Álvarez a modo de denuncia de la corrupción. Aquí... unos cuantos saben lo que quieren y lo van a conseguir, la van a liar y vamos a entrar en un ciclo electoral rollo ciclogénesis explosiva. No va a quedar títere con cabeza.

Empieza a resultar muy inquietante que todos los discursos de Mas comiencen con la advertencia de que el proceso es masivo, cívico, pacífico y democrático. Es una excusatio en la que está implícita la posibilidad contraria. El proceso no es ni masivo, ni cívico, ni mucho menos democrático. Y que Mas diga tanto lo de pacífico suena a amenaza.

El personaje de la semana es Joan Maria Piqué, el individuo de las gafas blancas que acompaña al president a todas horas. Es una mezcla de cobrador del frac y el tipo que se pone detrás de los famosos en los juzgados de Marbella. Sí, hombre, ese que llaman "mocito feliz" y chupacámara. Calvo, con barba y gafas. Piqué no, este Piqué tiene una mata de pelo envidiable y se la dispone como los hijos de Aznar y el propio Agag, en línea barrio de Salamanca. Es el jefe de prensa de Mas y el responsable de toda clase de desaguisados, chulerías y desplantes. Más que un jefe de prensa es un comisario de propaganda de chichinabo, un "colega" particularmente poco dotado para las relaciones públicas y, a decir de fotógrafos y cámaras, un rompepelotas de primera división y un gafafotos. Siempre en medio, nunca donde debería estar. Y ese es el nivel. Un chaval con mucho mando. El de las antiparras. No tiene pérdida. Otro día hablaremos de Josep Martí, el secretario de comunicación de la Generalidad. Hasta tiene una web propia. Fue un gran aznarista y ahora está en la revolución. Un caso sorprendente.

"Votar une", decía Mas para encajar los resultados escoceses. Por la noche se registraban los primeros incidentes. Hubo palos, detenidos y cargas a caballo en medio de una batalla campal entre "unionistas" borrachos y "separatistas" cocidos. En Glasgow.

21 de septiembre, San Mateo.