El empresario Enrique Tomás BARCELONA
Enrique Tomás: "Para mí, un trabajador de más de 50 años no es un problema, es un valor"
El empresario badalonés, rey indiscutible del jamón, considera que las personas de 50 años están "en la flor de su vida laboral" y las invita a que "no se cansen de reivindicar su capacidad"
Enrique Tomás, el rey indiscutible del jamón, está a punto de cumplir 60 años y ya lo tiene todo listo para su sucesión al trono. Accede rápidamente a hacer esta entrevista, pero pone una condición: que sea en su Badalona natal, donde todavía vive pese a contar ya con dos jets privados.
Cuando llegamos, descubrimos que hay una segunda condición: que sobre la mesa no falte un plato de jamón. Con buen apetito y mientras caminamos por el paseo marítimo, comprobamos que está en plena forma y que atraviesa una etapa especialmente interesante de su carrera. Precisamente por eso, explica durante la conversación, ha llegado el momento de preparar el relevo.
-Pregunta: Queríamos hablar con un empresario de éxito como usted y que se encontrara en un momento vital como el suyo. Empecemos, sin embargo, por los fracasos.
-Respuesta: Ha habido muchos. Alguien lo dijo, y yo estoy muy de acuerdo: si innovas te equivocas, y si te equivocas lo que tienes que hacer es rectificar rápidamente y seguir innovando. No coger miedo a equivocarte porque entonces vas a tener una parálisis. Y esto vale para la vida y para los negocios.
Yo siempre digo que he tenido más fracasos que aciertos. Lo que sí es verdad es que los aciertos han pesado más que los fracasos.
-¿Puede nombrar uno?
-Si tuviera que nombrarte uno por encima de todos los demás, fue la primera vez que cerré una tienda. El fracaso no fue cerrarla: cerrarla fue un éxito. El fracaso fue lo mucho que tardé en cerrarla por ego, por no reconocer que me había equivocado.
-¿Qué tienda fue?
-Fue la tienda número cinco, en la calle Torras i Bages de Santa Coloma. Me acordaré toda la vida porque enterré muchas pesetas de la época, pero sobre todo mucha energía e ilusión. Hasta ese momento había montado cuatro tiendas: la primera fue muy bien, la segunda fue maravillosa, la tercera fue tremenda, la cuarta no fue un fracaso, pero tampoco fue una gran victoria, y la quinta fue un zambombazo.
-¿Qué pasó?
-Cuando uno tiene una tienda, la lleva a su manera y lo tiene todo por la mano, pero cuando quieres crecer, nunca pasa como esperas. Tienes una tienda y ganas 10; tienes dos, y ganas 18. ¿Por qué? Porque en la nueva no ganas 10, pero es que en la primera tampoco sigues ganando los 10 porque ya divides tu capacidad.
Cuando viene la tercera, entre las tres ganas 22. Y piensas: “No me salen los números, pero si con una ganaba 10, tendría que ganar 30”. Pero ya no puedes, porque vas de un lado para otro y necesitas una estructura.
-Ese es un momento decisivo.
-Sí. En mi caso fue en la tienda tres: uno tiene que decidir si quiere ser empresario o quiere ser un tendero. Si quieres montar una empresa, tienes que crear una estructura. Y ahí viene un momento muy delicado porque la estructura viene a ser una tienda que solo da gastos: un almacén, una furgoneta, un repartidor, una secretaria, un teléfono, una mesa, luz, agua…
Pero sin estructura tampoco puedes crecer. Entonces, durante un tiempo, esa estructura se lleva el beneficio de las tres tiendas. Mira lo que te voy a decir: con tres tiendas y la estructura ganas ocho.
Y piensas: “¿Nos hemos vuelto locos? Si con una ganaba 10, ¿qué hago yo con todo este lío?”. Y luego, encima, todo el mundo te dice que eres un campeón porque has montado tres tiendas y ya tienes secretaria y repartidor.
-Imagino que es difícil no sentir que uno se ha equivocado.
-Claro, pero para eso existe lo que se llama la economía de escala. Si tengo una estructura para tres tiendas, tiene un coste X, pero si esa misma estructura me sirve para 30 tiendas, el coste por tienda se reduce mucho.
Sin la estructura no se puede crecer, y cuando tienes la estructura se trata de crecer. Pero ojo con las prisas, porque te puede pasar como a mí: que cometí errores. Son esos errores que cometes cuando crees que ya sabes. Hoy ya digo que me cuesta más abrir una tienda que cerrarla.
El empresario Enrique Tomás, durante la entrevista BARCELONA
-Usted dice que la vida son ciclos de siete años, ¿en qué ciclo se encuentra ahora mismo?
-En uno muy interesante: en el octavo, que va de los 57 a los 62. Acabo de salir del ciclo más eficiente y más bestia que tenemos cualquier ser humano profesionalmente. De los 49 a los 56 es la mejor época, porque nunca has sido tan sabio y nunca serás tan joven. Ahora con 59, soy un poco más sabio o menos tonto, pero ya no soy tan joven.
-¿Y qué está aprendiendo en esta nueva etapa?
-Que la vida es finita. Yo creo que cuando uno ya está cerca de los 60, se da cuenta de eso.
Porque empiezan a morirse todos tus ídolos: jugadores de fútbol, actores… Empiezas a decir: “Coño, que la fiesta se termina”. Y no solo eso, sino que la gente de tu quinta, amigos, empiezan a morir de muertes relativamente naturales.
Entonces coges conciencia de que la vida es finita. Y eso, lejos de lo que puede parecer, es maravilloso. Porque empiezas a darle un valor exagerado a cualquier minuto de tu vida.
Sin ir más lejos, esta entrevista que me pediste, yo, lo único que te dije, una vez que supe de qué iba, fue: "¿Puede ser en Badalona?". Bien, ¿por qué? Porque, claro, con eso me regalas tiempo. Yo hoy he podido estar más tiempo con mi hijo de 10 años.
-Con una agenda como la suya, debe de ser especialmente difícil encontrar ese tiempo.
-Yo tenía 5.700 contactos y hoy tengo poco más de 600 con el objetivo de tener 500.
No tengo capacidad para dedicarle tiempo a 6.000 personas, así que intento centrarme en las que sí que les pueda dedicar tiempo: la familia, los amigos más cercanos… Por eso digo que es un ciclo maravilloso. Si encima tienes la suerte que tengo yo de ser cristiano y no tenerle miedo a la muerte, mejor. Me quedan unos años maravillosos y pienso vivirlos a tope y sobre todo siempre comiendo buen jamón, como has visto. [Señala el plato de jamón que hemos pedido para picar durante la entrevista, a las 12 del mediodía].
Mucha gente se sorprende cuando va conmigo porque ve que donde voy pido jamón. Lo primero es porque me gusta mucho y lo segundo es porque forma parte de mi trabajo: ver qué hacen en los demás sitios, cómo los cortan, cómo los ponen, todo esto.
Una tienda de Enrique Tomás
-Usted ya ha contado que está preparando su transición.
-No la estoy preparando, ya la he hecho. Tomé la decisión el verano del año pasado. Hablé con mis dos hijos mayores, Nuria y Albert.
-¿Cómo la ha planteado?
-Desde el año pasado hasta este septiembre, éramos dos directores generales, mi hijo Albert y yo. En breve, paso a ser presidente de la compañía y a actuar sobre todo como consejero.
Tengo la intención de hacer una muy buena transición. Es algo que, sobre todo en Cataluña, se hace muy mal. Me refiero a una transición real: que él mande de verdad.
Lógicamente, si es inteligente, me pedirá mi opinión, pero si es inteligente muchas veces no hará lo que yo haría.
-¿Cómo le ve?
-Todo indica que lo hará bien, ya lleva mucho tiempo en la compañía. Y este era el mejor momento para hacerla: me queda energía y fuerza suficiente.
-¿Es habitual posponerla demasiado?
-Sí. La gente piensa en la venta cuando ya no tiene más remedio o cuando ya no tiene posibilidad, y yo creo que eso es un error.
Tengo un buen amigo, Ismael Villalobos, el dueño de la Casa de las Carcasas, que vendió una parte de su compañía, estuvo tres años al frente, preparó a la persona que iba a continuar y la acompañó durante el proceso. Y luego, cuando esa persona, que lo había hecho muy bien en una parte de la compañía, no tuvo la capacidad para asumirlo todo, tuvo que volver.
Pero lo hizo sin trauma. Por eso te digo que no tienes que esperar hasta el final. Dios no lo quiera, pero si mi hijo, por el motivo que fuera, fallara o me dijera: “Papá, no lo veo claro”, todavía tenemos tiempo suficiente y, sobre todo, yo todavía tengo la energía.
-¿Piensa jubilarse?
-Nunca en la vida. Yo pienso trabajar de forma diferente, evidentemente, como ya lo estoy haciendo, pero yo no comprendo la vida sin trabajar.
El empresario Enrique Tomás, en Badalona BARCELONA
-¿Es difícil emprender en Cataluña?
-Es difícil emprender en cualquier sitio. Yo te puedo decir que en Cataluña lo es, porque la mayoría de las cosas las he hecho aquí, pero recuerdo cuando abrimos en el Reino Unido: fue tremendo.
Algo tan básico como coger un local, en el Reino Unido te dicen: “¿Qué quiere usted montar?”. Y seguramente te responden: “No es lo que estoy buscando para esta calle”, o “¿quién es usted?” o “¿cómo me demuestra su solvencia?”
En Cataluña es mucho más fácil que en el Reino Unido. Pero quiero pensar que hay sitios donde es más fácil todavía.
-Los españoles tenemos a veces la sensación de que no hemos sabido vender bien nuestra gastronomía fuera. Enrique Tomás está contribuyendo a internacionalizarla. ¿Cree que el jamón acabará ganándole la batalla al prosciutto?
-Yo creo que España ha ganado muchísimo prestigio en el mundo gracias, sobre todo, a los grandes chefs que tenemos. Pero déjame decirte que el jamón no está en su sitio todavía.
El podio de los mejores productos gourmet del mundo sigue siendo, el foie, la trufa y el caviar.
Ninguno de esos tres productos los puedes comer a todas horas. Yo te garantizo que el jamón sí. Si pasaras un día conmigo y yo te fuese poniendo jamón, tú me dirías: “No, no, no quiero más”, pero no pararías de comer.
Es un producto que apetece a las cinco de la mañana, te lo aseguro, porque vendemos millones de bocadillos entre las cinco y las siete de la mañana, en los aeropuertos sobre todo. Pero es que, sobre todo en Cataluña, el resopón se hace con jamón.
Piensa en esas cenas de Navidad en las que sobra de todo. Cuando, lógicamente, a la una o a las dos de la mañana tienes hambre de nuevo, lo primero que la gente coge es el jamón.
-¿De quién ha aprendido más? ¿Sus padres fueron un referente para usted?
-No. Yo soy el menor de 11 hermanos. Mis padres montan la primera lechería cuando tienen el cuarto hijo y lo hacen porque el salario no les daba para más.
Mi padre fue un negociante, de la época. Yo rápidamente, como estaba detrás de un mostrador desde muy niño, me di cuenta de que el jamón era otra cosa.
Cuando la gente venía a comprar, te compraba todo con naturalidad: lomo, chorizo, panceta... Pero cuando tú le querías vender el jamón, decía: "Ojo". Y ya no te cuento si le querías vender un jamón entero, te decían: "Espérate, que vendré con mi marido". Ahí me di cuenta de que el jamón era algo muy serio.
-Hablando de cosas serias, ¿cómo ve a las personas que rebasan esa barrera psicológica y física de los 50 y no logran reinsertarse en el mercado laboral?
-No quiero entrar en temas generacionales, pero el compromiso que tiene hoy alguien de 50 años es mayor que el compromiso que tiene alguien de 20, por mil circunstancias.
Tiene capacidad de trabajo y lo que le pueda faltar de juventud lo suple de sobra con la eficiencia de la experiencia. A estos trabajadores les diría que no se cansen de reivindicar su capacidad. Para mí son un valor. No es que no sean un problema, son un valor.
Yo no dudo que una persona con 50 años está en la flor de su vida laboral.
-¿Qué cosas se disfrutan más entre los 50 y los 60 años? Que se puedan contar en cámara, claro.
-Decirlo no cuesta nada y lo ha dicho todo el mundo, pero yo creo que lo más importante es disfrutar del ahora, ni pasado ni futuro.
Eso quiere decir no hacer nada que no sea imprescindible si no te apetece, porque la mayoría de la gente, antes de esta edad, decimos que sí a tantas cosas que no queremos decir que sí. A tantas, tantas, tantas…
Ahora cuando venía en la moto me han pasado una invitación. Luego me la miraré, pero solo si me apetece, confirmaré mi asistencia.