Menores haciendo cola en una comisaría de Ceuta en un montaje donde también aparece la subdirectora de sociedad de Crónica Global, Míriam de Saint-Germain
Ceuta solo importa a los ceutíes
"La respuesta más urgente es la que responde a: ¿qué se puede hacer para acabar con esta situación lo antes posible? Y no sé si las 1.500 plazas de acogida que ha anunciado la ministra son precisamente la solución"
Han pasado más de dos semanas desde que decenas de miles de personas se jugaron la vida para cruzar la frontera con Ceuta.
Hombres, mujeres y niños se lanzaron al mar, caminaron durante kilómetros o atravesaron la frontera con la esperanza de alcanzar un futuro incierto.
Quizá tardaremos mucho tiempo en saber qué ocurrió exactamente durante las horas anteriores. Quién logró movilizar a semejante cantidad de personas. Qué información circuló al otro lado de la frontera y por qué miles de personas creyeron, prácticamente al mismo tiempo, que aquel era el momento de cruzar a España.
Lo que ya no admite demasiadas incógnitas es lo que ha ocurrido después.
Hace dos semanas escribí que no tenía la sensación de que el Gobierno estuviera de brazos cruzados. Que ante una crisis migratoria de unas dimensiones difícilmente previsibles se habían movilizado policías, guardias civiles y militares para tratar de contener una situación absolutamente extraordinaria.
Hoy ya no puedo decir lo mismo.
Porque una emergencia puede pillarte desprevenido durante unas horas. Pero cuando han pasado más de dos semanas, la improvisación empieza a parecerse demasiado al abandono.
Más policías, sí. Más guardias civiles y más militares, también. Son necesarios para garantizar la seguridad y tratar de contener el caos inevitable en una situación tan excepcional.
Pero ¿dónde están los médicos? ¿Dónde están los enfermeros? ¿Dónde están los auxiliares administrativos necesarios para identificar y tramitar los expedientes de todos los menores que llegaron solos? ¿Dónde están los refuerzos suficientes de Extranjería para resolver la situación de los adultos que continúan en Ceuta?
¿Dónde estaba el Estado cuando fueron los vecinos del Príncipe quienes tuvieron que empezar a contar niños, repartir comida, conseguir ropa y buscar lugares en los que pudieran dormir?
Dieciocho días después, todavía hay niños y adolescentes fuera del sistema de protección. Las cifras bailan dependiendo de quién las ofrezca y durante días ni siquiera ha existido un recuento fiable de cuántos eran. Mientras las administraciones discutían sobre competencias, plazas y traslados, los vecinos hicieron algo tan elemental como intentar averiguar quiénes eran aquellos chavales que dormían en sus calles.
Y las niñas merecen un capítulo aparte.
Vecinos del Príncipe han acogido y protegido a algunas de ellas ante el temor de que se registraran más agresiones sexuales. Por ahora, la Guardia Civil ya ha confirmado 15 casos. La respuesta de la ministra de Sanidad, Mónica García, ha sido ponerlo en duda. Es difícil encontrar una imagen más gráfica del fracaso institucional.
Y mientras tanto, el único hospital de Ceuta soporta una presión extraordinaria.
Los profesionales llevan años advirtiendo que el sistema ha colapsado. Pero ahora es imposible de negar: las urgencias han llegado a superar las 500 atenciones diarias y los sindicatos sanitarios describen plantillas exhaustas y servicios desbordados.
El Gobierno rechaza hablar de colapso y prefiere definir la situación como una sanidad "tensionada". Pero la realidad es que empiezan a ser demasiados los casos de gastroenteritis, sarna y tuberculosis. Enfermedades que vienen de la calle, al alcance de cualquiera.
Fuera de los hospitales, la situación no mejora. El hambre, las peleas y los problemas de convivencia lo llenan todo.
Por circunstancias personales que no vienen al caso, tengo a alguien viviendo esta crisis desde primera línea. Sus mensajes desde el otro lado del Estrecho hace días que dejaron de sorprenderme. Uno de los últimos resumía la situación mucho mejor que cualquier comparecencia institucional: "Esto es un drama y va para largo".
De este modo, después de más de dos semanas, la pregunta ya no es cómo pudo ocurrir algo así. La respuesta más urgente es la que responde a: ¿qué se puede hacer para acabar con esta situación lo antes posible? Y no sé si las 1.500 plazas de acogida que ha anunciado este domingo la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, son precisamente la solución.