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El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una imagen del acto posterior a la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia

El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una imagen del acto posterior a la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia Fotomontaje CG

Zona Franca

La Sagrada Familia en 'Baraka'

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Hay que dejar que el grupo de grandes productoras de Hollywood que filmaron Baraka rueden dentro de la Sagrada Familia. No se trata de aprovechar la reciente visita del Papa León XIV para convertir la basílica de Antoni Gaudí en un plató en el que se produzcan filmes como churros, sino de ser lo más cuidadosos posible para que el templo pase a la posteridad en alguna obra audiovisual.

Y qué duda cabe de que los creadores de los documentales Baraka (1992) y Samsara (2011) trabajan con el máximo mimo y respeto para el destino. Su proceder es siempre el mismo: documentales basados en rodajes de altísima calidad en un punto de interés planetario, sin voces de fondo que alteren el espectáculo visual que se ve en la pantalla.

Es lo contrario al algoritmo de Instagram: el ritmo es pausado, la música es suave, y no hay diálogos ni subtítulos. No se pelea por capturar la atención de un espectador estresado, sino por intentar mostrar la magnificencia de la obra humana con recogimiento.

Los autores de los dos productos audiovisuales trabajan en una tercera parte que culmine la saga. Y, según explica hoy Crónica Global en exclusiva, están en negociaciones con la fundación eclesiástica para que les deje rodar dentro.

Bajo mi punto de vista, se trata del culmen del reconocimiento a un templo sin igual. Si el Arzobispado autorizara un rodaje puntual y comedido —se trata de entrar a primera hora de la mañana, sin turistas, para rodar con cámaras y drones la entrada de luz en la nave central—, la Sagrada Familia entrará, también, en la historia ya no del cine, sino del arte audiovisual mundial.

Para mí, lo más importante es que el producto resultante, a tenor de lo que han hecho los cineastas hasta ahora, será respetuoso y fiel a la idea que tuvo Gaudí cuando diseñó la iglesia. Se plasmará su uso de elementos inspirados en la naturaleza y el juego de los ángulos y la luz.

Invitará al visitante —están limitados a 1.500 personas por hora— a fijarse en los detalles. Y estimulará a los que aún no la han pisado a hacerlo en un futuro. Pero con una condición: con respeto.

No se trata de rodar productos para lograr que haya más visitantes a Barcelona, ya que el volumen actual ya es muy elevado, sino que éstos sean de más calidad. Para ello, se les debe atraer desde el propio producto —cultural, deportivo o arquitectónico—, pero también desde el medio y el mensaje. Y los documentales de los autores de Baraka presentan una candidatura a tener el mejor mensaje y uno de los mejores medios.

La responsabilidad para con una ciudad que es a la vez destino turístico debe plasmarse en decir no a determinadas propuestas que provoquen saturación o inanidad. Pero también en aprovechar las que son realmente beneficiosas. Y esta parece que lo es.