Gonzalo Baratech y Javier Pujol, consejero delegado de Ficosa
Ficosa desafía la tormenta del automóvil y afronta la invasión china
“La segunda generación de la saga Pujol encara una de las etapas más exigentes para el sector, marcada por la electrificación y la implacable presión amarilla”
La industria de la automoción atraviesa la mayor incertidumbre y volatilidad de la historia. Sobre ella impactan fenómenos como el crecimiento desaforado de China; el avance de los vehículos eléctricos, muy inferior al previsto; las amenazas geopolíticas; y los problemas surgidos en la cadena de suministro.
Tales acontecimientos están ocasionando una merma de la expansión y de los resultados en la mayoría de los constructores occidentales.
Además, buena parte de los fabricantes europeos habían conseguido hacerse con apreciables cupos de mercado en China, mediante acuerdos de transferencia de tecnología a las firmas locales.
Por desgracia, hoy sus ventas en el coloso asiático se hallan en caída libre, debido a la feroz competencia imperante en aquel país.
Al calor de una decidida apuesta por los coches eléctricos, han aparecido en China nada menos que 150 productores. Su empuje no tiene parangón. Sus factorías trabajan a destajo. Y están generando una sobrecapacidad enorme.
Para darle salida, se han lanzado en tromba a exportar y van camino de hacerse con una cuota del 10% en la Unión Europea. Las plantas chinas manufacturan ya con holgura más automóviles que Estados Unidos y la UE juntos.
En medio de este panorama inquietante, el veterano grupo barcelonés Ficosa brega con denuedo para seguir creciendo. Arrancó en 1949, por impulso de José María Pujol y su cuñado José María Tarragó. Su especialidad son los retrovisores y las cámaras de apoyo al aparcamiento. Pero también aborda otras facetas como los dispositivos de carga para los vehículos eléctricos.
Ficosa permaneció en el regazo de ambas familias hasta 2014. En esa fecha, la japonesa Panasonic se hizo con un paquete del 49%, que más tarde amplió hasta el 69%. La saga Tarragó vendió su participación entera e hizo mutis por el foro. Los Pujol conservaron un 31%.
Gracias a la tecnología nipona, Ficosa aceleró su velocidad e inauguró fábricas en Estados Unidos, China y otros enclaves.
El pacto se mantuvo hasta comienzos de este año, cuando acaeció un curioso viaje de ida y vuelta. La estirpe Pujol acordó con Panasonic la compra amistosa de su lote accionarial. El precio satisfecho permanece bajo estricto sigilo, aunque se presume de cuantía muy elevada.
Como primera providencia, Javier Pujol, hijo del fundador, ha pasado a ejercer de consejero delegado. Conoce la casa a la perfección, pues lleva dos décadas en tareas directivas.
La facturación consolidada de Ficosa se situó el pasado ejercicio en 1.363 millones. Los resultados arrojaron un flujo de caja de 60 millones y un beneficio neto de 8. Este último contrasta con los 110 millones negativos contabilizados en el período anterior.
Conviene subrayar que este saldo deficitario golpeó el patrimonio y lo comprimió de forma drástica. Para dotarse de un colchón más mullido, los dos socios inyectaron el año pasado 300 millones.
Ficosa alberga unos activos de 850 millones. Su perímetro consta de una treintena de compañías, con una implantación de alcance global.
El conglomerado posee establecimientos, centros de investigación y oficinas comerciales en 16 países repartidos por Europa, América y Asia, además de una nutrida plantilla de 7.250 empleados.
De especial relevancia es el departamento de I+D, del que salen sin cesar productos novedosos. Está dotado de un ingente presupuesto, del orden de los 50 millones anuales.
Tras casi ochenta años de historia, Ficosa vuelve a quedar plenamente en manos de los Pujol. La segunda generación afronta ahora una de las etapas más exigentes para el sector, marcada por la electrificación y la implacable presión amarilla.
Aun así, el consorcio dispone de una formidable base tecnológica y una implantación internacional que le otorgan margen de maniobra para adaptarse a los profundos cambios estructurales. La combinación de conocimiento, presencia mundial y especialización serán determinantes para forjar un futuro mejor, aunque el reto es de órdago.