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Xavier Salvador opina sobre los desafíos a los que se enfrenta el Govern

Xavier Salvador opina sobre los desafíos a los que se enfrenta el Govern Andreu Dalmau Efe

Zona Franca

El dinero ya no es el problema

"Llega el momento en que Illa debe demostrar que aquel eslogan que puso de moda José Montilla —'fets i no paraules' (hechos y no palabras)— es algo más que un claim electoral"

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Esta es la semana de los presupuestos catalanes. Con un PSOE hundido y lanzado desde el sábado a la campaña electoral del 2027 —doble o triple según la autonomía— y un PP que en su congreso catalán acaba de escenificar el giro más llamativo: Feijóo y Tellado predicando pasar página del procés, ellos que fueron los más duros con el independentismo. Una fórmula calculada para no cerrar la puerta a Junts si la aritmética electoral lo aconseja. La maquinaria preelectoral ya está en marcha, y nadie quiere llegar sin opciones.

Salvador Illa, el presidente que emula a Pujol de forma cada vez más desacomplejada, ha pactado unas cuentas que serán de las pocas que se aprueben en España en estos tiempos —y casi con certeza la única de una administración de liderazgo socialista.

Cataluña administrará, una vez aprobadas, un gasto de 49.162 millones de euros este mismo año —el equivalente a la cuarta parte del presupuesto anual de toda la Unión Europea para sus 450 millones de ciudadanos, o lo que es lo mismo, uno de cada seis euros que produce la economía catalana. Una parte del crecimiento presupuestario obedece al pacto con ERC y Comunes, que añade cerca de 4.700 millones en medidas impuestas por los dos partidos que hacen posible la gobernación junto al PSC.

Con más recursos —y eso que la reforma de la financiación autonómica sigue bloqueada— la Generalitat deberá demostrar que sabe ejecutar si quiere que la ciudadanía note algo más que buenas intenciones. Hasta ahora solo han visto mejorar su situación algunos colectivos que supieron hacerse notar bajo la presión de las protestas. El resto —la sanidad, la educación, las carreteras, la atención a mayores y a quienes los cuidan— todavía espera.

Desde hace demasiado tiempo prevalecen las palabras sobre los hechos. Y eso alimenta algo más profundo que el oportunismo de los populismos. El economista Albert Hirschman observó que cuando las instituciones defraudan de forma sostenida, el ciudadano que no puede marcharse y ha dejado de creer en su voz acaba buscando lealtades más radicales. Es exactamente lo que describen hoy las encuestas catalanas.

Las infraestructuras deterioradas, el transporte público deficiente, las escuelas y los centros sanitarios que no merecen este siglo recuerdan que durante demasiados años la política catalana ha sido, en el fondo, un pour parler continuado.

Llega, por tanto, el momento en que Illa debe demostrar que aquel eslogan que puso de moda José Montilla fets i no paraules (hechos y no palabras)— es algo más que un claim electoral. Ahora tiene la herramienta, lograda no sin esfuerzo, y se acaban las excusas. Los próximos meses serán determinantes: o la ciudadanía percibe cambios reales, o la tendencia que señalan las encuestas —vaciamiento de los partidos clásicos en favor de las nuevas formaciones ultras, sean de identidad catalana o española— se consolidará sin remedio.

La suerte está echada. Es hora de que el Govern deje atrás las coartadas de las mayorías insuficientes y empiece a reedificar la Cataluña que ha pagado más de una década de inacción y esterilidad política.