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Alejandro Tercero y una imagen del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso

Alejandro Tercero y una imagen del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso Fotomontaje CG / Gustavo Valiente - Europa Press

Zona Franca

El problema de España no es Pedro Sánchez

"Más que la corrupción, la vivienda, las pensiones, la delincuencia, el paro o la sanidad, el drama del país es la desigualdad territorial a causa de los nacionalismos periféricos que lo hacen ingobernable"

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A pesar de los numerosos casos de corrupción que asedian al presidente del Gobierno y del bloqueo parlamentario que le impide aprobar cualquier ley relevante, Pedro Sánchez no es el problema de España. O, al menos, no el principal.

Los críticos con el líder del PSOE están convencidos de que no hay futuro para este país sin la salida de Sánchez. Pero eso no tiene por qué ser así.

El drama de España no es la corrupción, ni la falta de vivienda asequible, la delincuencia, la insostenibilidad de las pensiones, el paro, la inmigración irregular, la infrafinanciación de la sanidad o los sueldos bajos que impiden llegar a fin de mes. Todos estos problemas son comunes a las democracias occidentales y hay fórmulas para paliarlos.

La verdadera tragedia del país es la desigualdad territorial a causa de los nacionalismos periféricos que lo hacen ingobernable.

Hay cuestiones estructurales que son difíciles de asumir.

¿Cómo es posible que, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, un ciudadano de Cataluña tenga que esperar 150 días para una cirugía general pero uno de Madrid solo 44, en la sanidad pública? ¿O 226 días para una cirugía plástica en Cataluña, pero solo 57 en Madrid?

¿Cómo es posible que todavía siga operativo el Concierto Vasco y el Convenio Navarro, en dos de las CCAA más ricas del país, con un cálculo insultante del cupo y de la aportación?

¿Cómo es posible que en Cataluña siga aplicándose la inmersión lingüística obligatoria exclusivamente en catalán en las escuelas públicas? ¿O que se multe a los comerciantes por rotular solo una lengua oficial —el castellano— pero no por hacerlo solo en la otra —el catalán—? ¿O que no haya prácticamente ni un cartel de las administraciones en las dos lenguas oficiales?

¿Cómo es posible que ante una catástrofe como la DANA de Valencia la Unidad Militar de Emergencias no pueda entrar en la comunidad si no lo autoriza el presidente autonómico?

¿Cómo es posible que sea inaplicable una ley como la de unidad de mercado, recortada por el TC, cuando simplemente proponía armonizar a nivel nacional las licencias para la actividad empresarial?

¿Cómo es posible que cada comunidad autónoma implemente su propia prueba de selectividad, con sus propios criterios, cuando debería igualar los derechos de todos los alumnos del país cuando se juegan su futuro profesional?

¿Cómo es posible que haya diferencias abismales en impuestos como el de sucesiones, el de patrimonio o el IRPF en función de la comunidad autónoma en la que se resida?

Y hay infinitos ejemplos como estos.

El problema no es Pedro Sánchez. El problema es que tanto el PSOE como el PP están dispuestos a seguir pactando con los nacionalistas para mantenerse en el poder. Y el precio a pagar es una España cada vez más desigual. Una España asimétrica. Una España inviable.

Esta semana, Junts ha propuesto a Sánchez que se vaya y elija a otro socialista para que le sustituya al frente del Gobierno. Pero, si el que viniese siguiese pactando con ellos, la situación sería igual de nefasta para el país.

Mientras el PSOE esté dispuesto a gobernar junto a Batasuna, Junts, PNV, ERC, BNG y Coalición Canaria, el futuro del país seguirá hipotecado.

Igual que, mientras el PP esté dispuesto a pactar con el PNV, Junts y los nacionalistas canarios, la desigualdad está garantizada.

Y, en el caso de los populares, resultan pavorosos los recientes llamamientos de Feijóo a Junts o al PNV para ayudarle a echar a Sánchez (¿de verdad cree que lo harían gratis?), que recuerdan al infame Pacto del Majestic (1996).

Es cierto que, con el panorama electoral actual, PSOE y PP tienen muy difícil lograr mayorías absolutas sin los nacionalistas periféricos. Por eso surgen voces que tratan de blanquearlos, como el politólogo Iván Redondo, cercano a los socialistas, cuando se esfuerza en vender una “España plurinacional” y en proclamar las bondades de los “pluris”, o como el portavoz nacional popular, Borja Sémper, que se desvive por gustar al PNV.

El problema de España no es únicamente Pedro Sánchez. El problema es que los que vengan después hagan lo mismo que él para aferrarse al poder. Como lo hicieron los anteriores.