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Alejandro Tercero y una imagen de la diputada de Junts Míriam Nogueras pidiendo al Papa que hablara en catalán en su visita a Cataluña

Alejandro Tercero y una imagen de la diputada de Junts Míriam Nogueras pidiendo al Papa que hablara en catalán en su visita a Cataluña EFE / Fotomontaje CG

Zona Franca

C1 de catalán para ser Papa

"Aunque la excusa de los nacionalistas era reclamar mayor presencia del catalán en los actos oficiales de León XIV, el objetivo real era invisibilizar el español o, al menos, minimizarlo"

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El Papa ha utilizado la lengua propia de la mayoría de los catalanes durante todas sus intervenciones públicas en su visita a Cataluña. Y también ha usado el catalán.

Así estaba previsto antes de su llegada, pero eso no fue óbice para que los nacionalistas montaran una campaña de propaganda.

Aunque la excusa de los radicales era reclamar mayor presencia del catalán en los actos oficiales de León XIV, el objetivo real era invisibilizar el español o, al menos, minimizarlo.

Finalmente, el Papa usó ambas lenguas, aunque dio preferencia al castellano. Y, pese a los intentos de los nacionalistas, no consiguieron relegarlo a la marginalidad.

Bastaba con escuchar cuál era el idioma mayoritario de los asistentes a los actos del pontífice para constatarlo. Como ocurre en el día a día de la sociedad catalana.

Es una cuestión de libertad. Los ciudadanos catalanes conocen las dos lenguas oficiales —nunca antes en la historia ha habido tanta gente que dominara el catalán como en la actualidad— y eligen aquella en la que se sienten más cómodos.

A Prevost le han presionado tanto como han podido para que diera preferencia al catalán. Lo han hecho hasta niveles ridículos. Pero no lo han conseguido.

Visto lo visto, no sería de extrañar que, si pudieran, los nacionalistas exigirían un certificado de C1 al Papa para dirigirse en público a los catalanes.

Como prueba, basta con leerse la sentencia —que se ha conocido este jueves— que condena a un fundamentalista a 15 meses y un día de cárcel y una indemnización de 7.000 euros por incitar al acoso y hostigamiento contra una menor de una escuela de Canet cuyos padres reclamaron el 25% de castellano.

"Lo siento por el niño [en realidad, una niña], pero le tendrían que hacer bullying hasta que se vaya", decía el condenado en las redes sociales, en plena jauría contra la familia que se atrevió a exigir una educación bilingüe.

Hace unos meses ya condenaron a otro tipo que participó en el linchamiento social de la menor (que, en el momento de los hechos, tenía cinco años) y de sus padres.

Hubo llamamientos a que la familia “sufriera un infierno mediático”, a “hacerle la vida imposible”, a que “se les persiguiera de noche y día y sirviera de advertencia para otras familias”, además de señalarlos, amenazarlos con apedrear su casa y acusarlos de “fascistas”, “colonos”, “terroristas” y “maltratadores”, entre otras lindezas.

Los nacionalistas han conseguido que la polémica artificial del uso de las lenguas por parte del Papa haya tenido una trascendencia injustificable.

Sería lamentable que también lograran esconder el acoso inhumano al que se somete a los catalanes castellanohablantes que reclaman una educación bilingüe para sus hijos.