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El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una imagen del acto posterior a la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia

El director de Crónica Global, Ignasi Jorro, y una imagen del acto posterior a la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia Fotomontaje CG

Zona Franca

Inyección de autoestima

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Sí, la visita del Papa León XIV a Barcelona y otros puntos de interés de la autonomía, dentro de su gira por España, ha sido histórica. Además de la importancia litúrgica, el tour del Sumo Pontífice ha servido para tres cosas: una; demostrar que la ciudad puede organizar grandes eventos. Dos, que los sabe comunicar a los cuatro confines del globo. Y tres, para propinar un chute de autoestima a una capital catalana que llevaba demasiados años lamiéndose las heridas.

La segunda mayor ciudad española lo ha vivido todo en tres lustros. Un desafío independentista; dos semanas de disturbios por los desalojos de una casa okupa (Can Vies) y el encarcelamiento de un rapero (Pablo Hásel); una crisis de seguridad ciudadana enquistada; protestas antiturismo; un atentado yihadista; una pandemia; y dos mandatos de gobierno municipal (2015-2023) de cortísima mira, pero infinitos prejuicios ideológicos.

Ayer, con la clausura de la visita del Santo Padre a la Sagrada Familia, donde inauguró la Torre de Jesús, Barcelona demostró que sabe hacerlo a lo grande, y bien. Hubo imágenes que se han repetido --y loado-- por todo el mundo, pero también sobriedad y civismo.

Y la autoestima de los barceloneses, por las nubes.

Antes no hubo grandes protestas ni algaradas --los malestares de profesores y las perennes movilizaciones indepes fueron contenidos y perfectamente controlados por los Mossos d'Esquadra--, no colapsó Rodalies --pese a un doble fallo el primer día de tour--, y el tráfico --se temía lo peor-- aguantó con holgura.

De hecho, la visita del Papa a la capital catalana ha sorteado hasta un tiroteo con resultado de muerte a plena luz del día en el centro de Barcelona. Ni ese trágico hecho ha podido descarrilar un magno evento cuya clausura se comparaba ayer con las ceremonias de los Juegos Olímpicos de 1992.

Hoy, su Santidad partirá en dirección a Islas Canarias en la tercera etapa de su viaje oficial a España. Será la parte más social del tránsito, ya que en el archipiélago, el obispo de Roma se encontrará con migrantes y las asociaciones que les ayudan. La seguiremos en la web de los compañeros de Atlántico Hoy.

A muchos barceloneses no nos ha interpelado la visita en lo espiritual, pero estamos orgullosos de que la ciudad haya dado la talla. Además de lugar para vivir, trabajar y disfrutar, Barcelona debe ser capaz de albergar grandes eventos de toda índole. Y qué duda cabe que la visita de un Papa lo es.

Pues bien, en este capítulo, el del venue management, la urbe ha dado la talla con sobresaliente.

Sin embargo, ahora que el Papa parte en dirección a otra autonomía, al destino le quedan los deberes. Tal y como apuntaba acertadamente el columnista Joaquín Coll en nuestro medio, la Ciudad Condal tiene deberes pendientes por abordar.

Como la movilidad, la calidad de vida, el acceso a la vivienda, la relación turismo-vida vecinal, o la lucha por evitar que la identidad se pierda en un mar de visitantes y proliferación de franquicias. Queda mucho por hacer, y el éxito de la visita de León XIV debería servir de acicate para atender estos retos más o menos inmediatos.

Incluido el de la seguridad ciudadana, carpeta que ayer se reabrió sorpresivamente en plena pernoctación del Pontífice en la ciudad. Otro dosier urgente que se debe atender.

Pongámonos manos a la obra cuando se nos pase la resaca de ayer.