La histórica firma Pronovias, de El Prat de Llobregat, se desposó esta semana con el grupo británico Cap Capital. Es un matrimonio de conveniencia, no de afectos mutuos. Pronovias languidecía a marchas forzadas. O hallaba de forma urgente un caballero con posibles, o de lo contrario, estaba condenada a fallecer por simple consunción.
El enlace se celebró el pasado martes en el altar del Juzgado Mercantil número 9 de la Ciudad Condal, donde Pronovias yace postrada en concurso de acreedores, junto con sus quince filiales. Acto seguido, se adjudicó la unidad productiva a Cap, por el precio simbólico de un euro. La transferencia abarca las marcas y patentes de Pronovias.
El adquirente asume 552 puestos de trabajo. Asimismo, se ha obligado a invertir hasta 15 millones en los próximos dos o tres años y a mantener la actividad un mínimo de tres.
Las deudas que Pronovias arrastraba quedan fuera de la operación. Es decir, la flamante compañía arranca su trayectoria, libre de las pesadas cargas anteriores, que la condujeron a un callejón sin salida.
Cap dispone de músculo suficiente para afrontar ese y otros dispendios. Su matriz británica, titulada Cap Capital Holdings, disfruta de una holgada posición financiera.
Conviene señalar que, mientras se celebraba el acostumbrado baile de sociedad, hubo algún que otro conato de guerra sucia entre los aspirantes a contrayente. Es el caso del consorcio EG Acquisitions, también de origen inglés. Sacó a relucir que Cap encerraba una estructura societaria opaca y que, además, estaba en situación de quiebra y liquidación en Reino Unido. En consecuencia –alegaba– no podría mantener la actividad debido a que ella misma era inviable.
Nada más alejado de la realidad. El juzgado ha desmontado tales afirmaciones de plano. Resulta que la insolvente no es Cap Capital Holdings, sino otra distinta llamada Cap Capital Investments, que no guarda relación alguna con la compradora.
La refundada Pronovias inicia ahora otra singladura, tras los duros avatares vividos desde que su dueño Alberto Palatchi traspasó el negocio al fondo BC Partners, por 550 millones de euros. Este perdió un dineral y se vio forzado a ceder el control a sus dos prestamistas Bain y MV Credit. En manos de ellos siguió marchitándose hasta desembocar en las instancias jurisdiccionales.
La unión arranca con perspectivas prometedoras. Pronovias emerge de este trance con un consorte adinerado y dispuesto a sufragar los primeros gastos de la convivencia.
Tras un largo período de direcciones erráticas, quebrantos siderales y cambios de tutela, la emblemática empresa catalana tiene por delante la oportunidad de recomponer su ajuar y recuperar el lustre perdido.
No obstante, como ocurre en tantas parejas, el éxito del engarce dependerá menos de las promesas enunciadas el día de la boda, que de la conducta que se observe una vez concluida la luna de miel. El trienio de obligación asumido por Cap constituye una garantía más que razonable, pero no es una cláusula de amor eterno. Transcurrido ese tiempo, será el mercado el que dicte su sentencia inapelable.
Entretanto, las novias siguen aguardando. Y esa es, al fin y al cabo, la mejor noticia para Pronovias. Porque una casa especializada en vestidos nupciales requiere algo más que balances saneados. Necesita que las prometidas continúen entrando en sus tiendas. Los maridos van y vienen, pero las casamenteras, por fortuna para la entidad, se renuevan y progresan generación tras generación. Si Cap Capital demuestra ser un esposo cumplidor, tal como se ha comprometido, la veterana dama barcelonesa estará en disposición de celebrar muchos aniversarios más.
