Gerard Mateo y una lona promocional de Sant Jordi 2026 en la plaza de la Catedral Europa Press
El milagro de Sant Jordi
"Sant Jordi también se impone a los cambios demográficos de Cataluña, la comunidad con más musulmanes, poco amigos del héroe y su cruz".
La fiesta de Sant Jordi, la más bonita del mundo pese al exceso de todo, parece ser la única de nuestras celebraciones que resiste a cambios demográficos, bienquedismo y necedades.
Ha evolucionado, se ha masificado, pero mantiene la esencia en todo su esplendor. Nadie la cuestiona, aunque ha habido algunos intentos devorados por la tradición, la masa y el seny.
Sant Jordi ha sobrevivido al procés para mantenerse como, tal vez, la única fiesta transversal que queda en Cataluña.
También ha superado algunas incursiones que pretendían convertir a Jordi en Jordina. Son movimientos residuales. Anecdóticos.
Y, en la actualidad, también se impone a los cambios demográficos de Cataluña, la comunidad con más musulmanes, poco amigos de Sant Jordi y su cruz.
No hay político que se atreva, por ahora, a cambiar esta fiesta, o a variarle el nombre, con tal de no ofender a nadie. La Navidad es distinta.
Por lo tanto, podemos afirmar que Sant Jordi es un auténtico milagro, con sus gentes, sus rosas y sus libros, que inundan las principales calles de Cataluña. Amor y cultura.
Otro asunto es lo que se cuece en la diada. Hay mucho de todo. Flores y tomos. Las primeras, se agotan. Los segundos… ¿cuántos autores no venden ni un ejemplar?
Un dato: la mitad de los libros que se publican en España no venden ni un solo ejemplar, según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros.
Sant Jordi no será muy distinto al conjunto del año y del país, aunque es difícil de averiguar. Igual que es hacerlo comprobar, por su opacidad, la veracidad de los top ventas de esta fecha.
Sea como sea, es un día para disfrutar. Solo. En pareja. En familia. Con amigos. Y una excusa estupenda para empezar un libro, que buena falta nos hace. ¡Feliz Sant Jordi!