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Los inmigrantes son solo números (y muy altos en Cataluña)

"¿Por qué Cataluña se ha convertido en tierra de acogida de la población musulmana, y particularmente de Marruecos?"

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Cataluña tiene la mayor concentración de ciudadanos musulmanes de toda España, según un informe de CEU-CEFAS.

Son 700.000 en números absolutos, el 9% de la población de la comunidad (el total de extranjeros se sitúa cerca del 20%, en datos del Idescat).

Además, el 19% de los bebés nacidos en Cataluña en 2024 tiene, al menos, un padre musulmán, siendo este porcentaje el más elevado de España, cuya media es del 11%.

Por provincias, Barcelona, con el 16%, es la única que se encuentra por debajo de ese 19%. Las otras lo superan ampliamente, con Girona en cabeza (27%).

Asimismo, la mayoría de los musulmanes que viven en Cataluña son jóvenes, con edades comprendidas entre los 20 y los 44 años.

Y la tasa de fecundidad de sus mujeres es “muy superior” a la de las españolas o las inmigrantes de otras latitudes.

Estos musulmanes proceden, casi todos, de Marruecos. Nada nuevo bajo el sol. Y sí, para evitar suspicacias, casi todos son gente decente. Pero no le quita eso el punto de invasión silenciosa.

¿Por qué Cataluña se ha convertido en tierra de acogida de la población musulmana, y particularmente de Marruecos?

Que le pregunten a Jordi Pujol. Él apostó por atraerla, por delante de la población hispana, con el objetivo de integrarla, catalanizarla e incorporarla a su proyecto político.

¿De qué modo? Trato de favor, acceso a vivienda, inmersión lingüística exprés para los hijos –algo más complicado con los hispanohablantes–. Todo bien atado.

El plan funcionaba mientras servía. Pero con el tiempo llegó el giro: la inmigración pasó de ser útil a ser “el primer problema de Cataluña”, en palabras del mismo Pujol.

Su mujer, Marta Ferrusola, aseguró que los inmigrantes “tienen poca cosa, pero lo único que tienen son hijos”, en la línea de lo comentado unas frases más arriba.

Pero ¿son los inmigrantes realmente un problema? No para los políticos, que ven en ellos solo una bolsa de votos potenciales. Los de todos los partidos. Son solo números. De hecho, todos lo somos para ellos.

¿Acaso nos creemos que las instituciones borran la cultura y las tradiciones solo para no ofender a los nouvinguts? ¿Y tantas ayudas? Es para recabar su apoyo en las urnas.

En el otro lado del espectro político, se sitúan quienes utilizan la inmigración para concentrar el hartazgo de la gente. Y también ganar votos.

El último ejemplo de este circo es la escena del España-Egipto de Cornellà y el “musulmán el que no bote”. Todos tratan de sacar rédito a un asunto que no molestaba cuando el discriminado era el “español”.

Y a todo esto, ¿quién mantiene el sistema así montado? Ya saben la respuesta.