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David Expósito J. reflexiona sobre la actualidad política de la semana

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Zona Franca

Gobernar sin riesgo

"La fiabilidad de Junqueras hasta ahora sorprendió al PSC, por lo que la incógnita no era si se dejaría arrastrar por sus complejos, sino cuándo"

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Cataluña ha entrado de nuevo en un todo o nada en el que se da por hecho que todo se decidirá en el último momento, para no perder la costumbre. Pero esta vez, los aires son distintos.

Si bien en la ecuación vuelve a aparecer Oriol Junqueras como sospechoso habitual, son los socialistas de Salvador Illa los que han redoblado la apuesta, rendidos a la evidencia de que gobernar Cataluña sin asumir riesgos no es posible.

La misión presupuestos merece asomarse al fracaso. Este es el único año con posibilidades reales de actualizar unas cuentas que caducaron hace tres. Dos elecciones --municipales y nacionales-- sacudirán el tablero en 2027, y las catalanas harán lo propio en 2028.

Pero en la plaza de Sant Jaume se niegan a pasar de puntillas por la primera legislatura posprocés.

En este año y medio de legislatura, a los socialistas les sorprendió la fiabilidad de quien otrora fue el segundo del Govern de Carles Puigdemont. Por lo que la incógnita no era si los republicanos iban a dejar llevarse por sus históricos complejos, sino cuándo iban a hacerlo.

Ese preaviso ha permitido que los socios se hayan repuesto rápidamente del choque que supuso la negativa de Junqueras a sentarse a negociar. Eso sí, la confianza se resquebrajó de la manera más abrupta.

Pero gobernar sin riesgos hubiese supuesto seguir sometiendo a las arcas catalanas a los designios de unos socios que ya han arrancado la prohibición de la compra de vivienda para especular y un nuevo modelo de financiación autonómica que enfrenta al PSOE con sus varones.

Aparte de la ya encarrilada hacienda catalana, cuántos sapos quedarían por tragar si se siguieran entregando las cuentas de la Generalitat a los designios de ERC y Comuns a cambio de más suplementos de crédito.

Los republicanos presentan esta alternativa como un mal menor, e incluso intentan vender la moto de que Illa y la consellera Romero pueden conseguir más recursos mediante este mecanismo.

"Los del PSC son unos malos gestores", maniobran desde la sombra voces del partido independentista. Pero los suplementos hubiesen sido, definitivamente, un mal negocio.

No solo porque las cuentas diseñadas conllevan un incremento que dobla lo aportado por dicho sistema el año pasado. Sino, también, porque la prórroga presupuestaria hubiese golpeado la credibilidad de la Generalitat en un momento clave.

El Govern vuelve a firmar créditos bancarios 14 años después de que se le cerraran los mercados por la escasa fiabilidad de que retornara su deuda. Los ratings mejoran, el ahorro corriente es el más positivo en décadas y alcanza niveles históricos de gasto social sin incrementar su endeudamiento.

Este todo o nada no se respira como los del procés. Hoy, los cerca de 50.000 millones de euros presupuestados pesan más que el conformismo de unos y el bloqueo de otros. Con todo, Illa y Junqueras tienen dos bolas de partido: el 20 de marzo y el 24 de abril.