Ignasi Jorro, director de Crónica Global, opina sobre Rodalies
La movilidad también es economía
"Hay que completar el traspaso del servicio con la máxima celeridad posible, poner en marcha la nueva empresa pública, y no perder ni un minuto en invertir en material rodante, señalización y personal, y reorientar y formar los equipos necesarios"
Parece perogrullo, pero no lo es. La movilidad son muchas cosas, esferas distintas de la vida de los ciudadanos que abarcan tanto lo personal como profesional.
En el caso de este último campo, los desplazamientos para acudir al lugar de trabajo --que conciernen a la mayoría, tras el auge y caída del empleo a distancia-- o regresar al domicilio se convierten en fundamentales. Hay que llegar a la oficina, industria, obra, taller o coworking, entre otros lugares. Y hay que hacerlo a tiempo para cumplir la jornada diaria.
De una manera u otra, esos trayectos reposan en infraestructuras costeadas con dinero público, ya sean carreteras, calles o el transporte público en toda su dimensión, que es muy amplia. Infraestructuras que, por supuesto, deben ser seguras, tanto para los usuarios como para todos los trabajadores. Ese principio nos lo recuerda el hecho de que se ha perdido a un joven empleado en formación en el accidente de tren de Gelida el martes.
Vinculado a ello, Cataluña lleva años debatiendo sobre los deberes que faltan por hacer en la red de ferrocarril de proximidad que gestiona Rodalies. Con el traspaso a la Generalitat de Cataluña, se entiende que la gestión será más afinada, cercana a los ciudadanos y con participación de la Administración autonómica.
Pero hasta que se concrete esa entrega del servicio, Rodalies sigue arrastrando problemas que debe abordar. Y seguramente, muchos no tienen nada que ver con el accidente del convoy de la R4 de hace dos días. Pero no por ello son menos importantes.
En otras palabras, más allá de las conclusiones que arroje la investigación del trágico choque de Gelida, lo factual es que la carpeta Rodalies aún contiene demasiados dosieres sin abordar.
Hay que completar el traspaso del servicio con la máxima celeridad posible, poner en marcha la nueva empresa pública, y no perder ni un minuto en invertir en material rodante, señalización y personal, y reorientar y formar los equipos necesarios.
Para ello, claro, habrá que coordinarse con Adif, que es el titular de la infraestructura, al menos hasta que, paulatinamente, se pase la titularidad de los raíles a, también, la Generalitat. Se empezará por la R1, la línea que cruza la comarca del Maresme.
El trabajo tiene que ser intenso y certero. Porque el usuario, unos 400.000 catalanes cada día, utiliza la red ferroviaria de proximidad para, así es, desplazarse y regresar del trabajo. Entre todas las administraciones, operadores y actores, hay que garantizar su movilidad, más allá de accidentes que puedan suceder de forma puntual.
Porque la movilidad también es economía.