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Ramón de España opina sobre el caso de Julio Iglesias

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Zona Franca

Demasiado para Julio

"Ya sé que es un tópico sacar a colación la presunción de inocencia pero, ¿no podríamos esperar un poco antes de demonizar o beatificar al indigesto 'crooner' Julio Iglesias?"

Publicada

¿A alguien le parece medio normal que, tal como está el patio -lo de Venezuela, lo de Irán, lo de Groenlandia, nuestra infame política interna-, nuestros telediarios abran con amplias informaciones sobre los posibles abusos sexuales de Julio Iglesias todas sus ediciones? ¿No resulta, por lo menos, un pelín sospechoso?

Ya sé que el tipo es famoso y que siempre ha presumido de seductor, pero juraría que tenemos problemas bastante más graves que sus delirios eróticos de baboso provecto, un papel molesto de interpretar cuando se ha sido el latin lover por antonomasia, ya que no por excelencia.

Ha sido publicarse la información de El diario.es y liarse la intemerata. A dos bandas. Desde la izquierda, duro con él, aunque apenas estén empezando las investigaciones. Desde la derecha, agradecible prudencia por parte de Núñez Feijóo y arrebato defensor de Díaz Ayuso, que tampoco espera a ver en qué acaba todo para defender la santidad y el tronío de su cantante favorito (y de su partido).

Ya sé que es un tópico sacar a colación la presunción de inocencia pero, ¿no podríamos esperar un poco antes de demonizar o beatificar al indigesto crooner madrileño?

Yo no sé si Julio es el cerdo lúbrico que aparece en la denuncia de esas dos mujeres que aseguran haber sido abusadas por él, pero más tenían que perder Errejón y Monedero cuando se descubrió que eran unos rijosos de nivel cinco que se habían metido en política para ligar (su idea de la erótica del poder era un poco simple, pero no daban más de sí).

A fin de cuentas, Julio siempre ha sido un machista de derechas al que cabe suponer todo tipo de conductas impropias, no un héroe de la clase obrera de tendencias feministas. Un tipo capaz de pasarle a su propio padre (el inolvidable Papuchi), cual cachos de carne, las amantes de las que se cansaba (dato que me facilitó hace tiempo alguien que mantuvo contacto cercano con los Iglesias), es alguien capaz de cualquier cosa.

A ese respecto, rasgarse las vestiduras ante unas acusaciones que, sean ciertas o no, resulta difícil calificar de inverosímiles es de una hipocresía total e interesada. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el propio Julio se ha ido poniendo la soga al cuello durante años, con sus ridículas declaraciones (que convierten en pieza fundamental del feminismo el Monólogo del Hombre Blandengue de El Fary) y su manía de sobar y besuquear a cualquier mujer que cometiese la imprudencia de acercársele.

De hecho, hace tiempo que Julio (menos para sus fans y los del PP) es un tipo tirando a ridículo, empeñado como está en interpretar una parodia de sí mismo.

Julio, eso sí, resulta de utilidad para nuestra lamentable izquierda actual, pues a través de él se puede cargar contra la oposición (con la inestimable ayuda de Isabel Díaz Ayuso), intentar que no se hable de las trapisondas del PSOE o de la postura de Podemos ante Irán y Venezuela y, sobre todo, seguir agitando el espantajo de la derecha y la extrema derecha, entelequia en la que no resulta difícil enmarcar al hombre que dice ¡Hey!

Si Julio es un truhán o es un señor es algo que, francamente, me da igual, una incógnita que nunca me he planteado y que no me urge en absoluto desvelar. Lo único que pido es que dejen de quitar espacio a las noticias que verdaderamente hacen arder el pelo para concedérselo a las presuntas guarreridas españolas de un octogenario capaz de creer que el anilingus es la solución ideal para la ciática.