Applus+ es la última gran empresa que devuelve su sede a Barcelona tras haber dejado la Ciudad Condal en mitad del procés independentista en 2017.
La multinacional de inspección, ensayos y certificación ha devuelto su cuartel general al territorio una vez el clima político ha cambiado, y hay un Govern que brega por recuperar el tono económico y, si es posible, que Cataluña vuelva a ser potencia número uno en España.
De forma cauta, con la prudencia que requieren las grandes decisiones empresariales, los grupos están regresando a la capital catalana. Se domicilian de nuevo las mercantiles en las cuatro provincias catalanas y, con ello, se recupera parte del músculo perdido a partir de 2017.
Grupos de tanta envergadura como Banco Sabadell o el ecosistema Caixa han acercado o están acercando sus centros de decisión, toda vez que Cataluña presume ahora de un poder político y económico que rema en la misma dirección.
En este contexto, la posición de Derby Hotels, cadena hotelera familiar que fundó Jordi Clos y que aún opera la familia, es poco entendible. La marca, que opera alojamientos de prestigio y excelencia, buscó refugio en Madrid a finales de 2015 -dos años antes del otoño indepe de 2017- buscando mejoras fiscales.
El propio Clos explicó entonces que la decisión "no era política", aunque no se quiso dar más datos. Recientemente, la compañía insistió en que no regresaría (por ahora) a Barcelona.
Derby Hotels está en su derecho de operar desde donde le plazca, sólo faltaría. Eso sí, no se puede soslayar el hecho de que su fundador y presidente es también máximo directivo de Turisme de Barcelona y el Gremi d'Hotels de Barcelona.
Negro sobre blanco, dos organismos cruciales para la promoción y la gobernanza del turismo en la capital catalana están encabezados por un empresario que no está domiciliado en la urbe. La contradicción es evidente, y no pasa desapercibida en los círculos económicos.
Uno puede operar desde donde se sienta más cómodo siempre que se respete la normativa vigente y las reglas del juego. Pero el liderazgo empresarial de una plaza como Barcelona requiere de cierto compromiso con la urbe.
Cuantas más empresas regresen, sobre todo las grandes -y lo van a hacer, asegura Foment del Treball- la posición de Clos resulta menos entendible. Se impone una reflexión en este sentido antes de que la posición devenga insostenible.