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Miriam González

Miriam González

Manicomio global

Democracia 21

"Yo creo que había buena intención en Izquierda Española. Lamentablemente, la polarización política entre izquierda y derecha y el guerracivilismo impulsado primero por el joyero Zapatero y luego por el mentiroso compulsivo de Sánchez dejó sin sitio al partido del señor Del Valle"

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El hundimiento de Ciudadanos se lo puso muy difícil a cualquiera interesado en la creación de un partido político de centro liberal a partir de entonces.

Pasado un tiempo prudencial, Miriam González Durántez (Olmedo, Valladolid, 1968) lo intenta con Democracia 21, que presentará candidaturas en Madrid y Barcelona para las próximas elecciones, o eso se pretende.

De momento, ya ha llegado un poco más lejos que Izquierda Española, que nunca llegó a darse a conocer medianamente, no sé si por torpeza de sus directivos, por falta de dinero o por cualquier otra causa que ahora no se me ocurre. Tengo la impresión de que trabajó en su contra la impresión de que eran el nuevo Ciudadanos, partido del que, gracias a la ineptitud y la actitud errática de Albert Rivera, acabamos hartos hasta los que lo habíamos apoyado en un buen principio, cuando era un partido de izquierda no nacionalista surgido en Barcelona ante la imprecisión democrática del PSC.

Recuerdo haber votado una vez a Izquierda Española con la sensación de que tiraba mi papeleta a la basura, aunque su principal voz pública, el abogado Guillermo del Valle, me parecía un tipo muy válido ante la deriva idiota y corrupta que iba adoptando en España la izquierda de toda la vida y, sobre todo, la izquierda a la izquierda de la izquierda del PSOE.

Yo creo que había buena intención en Izquierda Española. Lamentablemente, la polarización política entre izquierda y derecha y el guerracivilismo impulsado primero por el joyero Zapatero y luego por el mentiroso compulsivo de Sánchez, dejó sin sitio al partido del señor del Valle.

Ante la inoperancia de derecha e izquierda, cada día más evidente si no se es un fanático de una o de otra, un tercer partido en España me sigue pareciendo necesario. Lo fue Ciudadanos (o, mejor dicho, Ciutadans) antes de que Rivera decidiera integrarse en la derecha y disputar su representación al PP, cuando tanto camino había por recorrer desde el centroizquierda.

Rivera y sus compadres tiraron a la basura diez años de trabajo, cargándose de paso la aparición de otras propuestas que pillarían cansados y desilusionados a sus posibles votantes. En ese sentido, la última encarnación de Ciudadanos hizo un daño tremendo a la democracia española, contribuyendo a que el bipartidismo cenutrio del que disfrutamos se consagrara un poquito más.

Tras la catástrofe suicida de Ciudadanos (¿recuerdan cuando Rivera rechazó la vicepresidencia del Gobierno que le ofrecía Sánchez, arrojándole —tampoco hacía falta mucho esfuerzo, teniendo en cuenta la catadura moral del sujeto— en brazos de los comunistas y de los separatistas, que se ofrecieron encantados a darle el abrazo del oso?), hace falta cierto valor para volver a la carga. No exactamente con las mismas ideas, pero sí parecidas, con un partido político que plante cara al bipartidismo del PSOE, el PP y sus lamentables cómplices de Vox, Podemos, el Frente Amplio y demás entelequias presuntamente redentoras.

Miriam González no solo ha tenido que superar el mal fario que rodeaba a Ciudadanos, sino también al que le llegó por vía conyugal en Inglaterra, cuando el abrazo del oso se lo endiñó David Cameron a su marido, Nick Clegg. ¿Alguien se acuerda del partido liberal británico? Fue abrazarse con los tories y, prácticamente, desaparecer.

Me gustaría que esto le saliera bien a Miriam. Y no solo por ella. También por mí y por todos los que estamos hasta las narices de las actuales izquierdas y derechas españolas, por los que, como dijo aquél, estamos hasta los cojones de todos nosotros.

Evidentemente (y como también sucedió con Ciudadanos), ya hay gente en las redes sociales buscándole mierdas varias a la señora González, husmeando en su pasado de abogada internacional de altos vuelos para tratar de demostrar que ese presunto partido de centro es en realidad, como los semimuertos Ciudadanos, una pandilla de fachas amigos del Capital a la que todo español progresista debe rechazar vehementemente.

Con la puja que hay actualmente en marcha para ver quién es más progresista (término sobado hasta la extenuación por el PSOE, hasta conseguir que ya casi parezca un insulto y un seudónimo de ladrón y de rijoso) y más rojo, que alguien se declare de centro liberal me proporciona cierta paz de espíritu. Ya he visto de qué son capaces aquí los nacionales y los rojos, hasta el punto de sentirme incapaz de votar a unos y a otros.

Aunque la edad (y una cierta lucidez) me impide entusiasmarme con la política (creo que la última vez fue con los Ciutadans de la primera hornada), tengo curiosidad por ver hasta dónde llega la propuesta de la señora González. Si es que llega a alguna parte. Espero que sí.