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Ramón de España y una imagen de Pablo Iglesias junto a Ada Colau

Ramón de España y una imagen de Pablo Iglesias junto a Ada Colau Europa Press / Fotomontaje CG

Manicomio global

15M, lo que el viento se llevó

"Estamos en 2026, pero seguimos teniendo que elegir entre el PP y el PSOE porque las alternativas de hace años no han llevado a ninguna parte"

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Ayer se cumplieron 15 años de las manifestaciones masivas que ocuparon España el 15 de mayo de 2011, protagonizadas por los autodenominados Indignados, gente harta de la crisis económica iniciada tres años antes en Estados Unidos con la debacle de Lehman Brothers (y las medidas gubernamentales para hacerle frente) y del bipartidismo español, que parecía obligarnos a escoger siempre entre lo malo y lo peor.

Como todos sabemos, nada queda de todo aquello. Políticamente, tras los diferentes hundimientos de Ciudadanos y Podemos, seguimos instalados en un bipartidismo asfixiante en manos de PSOE y PP.

Socialmente, todo ha ido de mal en peor, con la crisis de la vivienda en primer plano, que no hay Gobierno que quiera o pueda solucionar. Lo único que queda, en realidad, son los parásitos sociales que se subieron a la chepa del 15M para medrar (y para follar, en el caso de Podemos, como comprobamos no hace mucho), que siguen rondando por ahí, dándonos lecciones desde una supuesta altura moral y más preocupados por seguir viviendo a costa del contribuyente que por mejorarle la vida.

De hecho, más que considerarlos unos supervivientes del 15 M, tal vez deberíamos pensar en ellos como sus verdugos. Se agarraron a un movimiento (más o menos) espontáneo, sin líderes claros, sin una dirección política concreta, y optaron por aprovecharse de él para animar sus poco estimulantes existencias de profesor asociado de universidad, portavoz de los afectados por la hipoteca (de los afectados por el alquiler se olvidaron) o de difusos activismos presuntamente progresistas.

Y, durante un tiempo, no les fue mal. Recordemos que Pablo Iglesias llegó a vicepresidente del Gobierno español (aunque luego se dio cuenta de que lo suyo era regentar una taberna, institución definida por él mismo como “el último refugio del proletariado). Y que Ada Colau fue alcaldesa de Barcelona (¡dos mandatos!). Si hubiesen tenido un poco más de talento y empatía y algo menos de soberbia e interés, tal vez podrían haber hecho algo por la izquierda española, pero como no daban más de sí, se dedicaron a prosperar económicamente mientras hacían como que aspiraban a salvar a la clase obrera. El tabernero, desde el comunismo más tronado y la admiración hacia seres tan lamentables como Fidel Castro o Hugo Chávez. La alcaldesa, desde una notable empanada mental que le acabó costando el cargo, aunque ella achacara el desastre al hecho de ser mujer, pobre y bisexual.

No nos olvidemos de la contribución de Albert Rivera al asentamiento definitivo del bipartidismo. En sus inicios, Ciutadans era un partido de centro izquierda formado, mayormente, por rebotados del PSC, hartos de que el socialismo catalán fuese más catalán que socialismo. Con la expansión al resto de España, Ciudadanos asistió al asalto de lo mejor de cada casa, que cargaba a la derecha y que convirtió al partido, con la bendición de Rivera, en aspirante a suplantar al PP en los controles de la derechona nacional. Ante un PSOE cada día más penoso, había mucho terreno por el que avanzar en el centro derecha español. En vez de eso, el inefable Rivera optó por enfrentarse al PP, con los resultados de todos conocidos.

Conclusión: estamos en 2026, pero seguimos teniendo que elegir entre el PP y el PSOE porque las alternativas de hace años no han llevado a ninguna parte. Nuestros oportunistas políticos no solo son culpables de haberse ciscado en las ilusiones de mucha gente, sino que también son los responsables, como el caballo de Atila, de que no vuelva a crecer la hierba por donde ellos pasaron: no se intuye ni una sola alternativa a los dos partidos de toda nuestra vida democrática (la única mínimamente razonable, la Izquierda Española de Guillermo del Valle, no avanza en las encuestas, suponiendo que haya entrado alguna vez en ellas, lo cual es mucho suponer: me temo que ha pillado a la gente cansada y pensando cuánto le falta para jubilarse).

Mañana se celebran las elecciones andaluzas, y lo único con lo que cuenta la seudoizquierda es la inefable María Jesús Montero, esa señora que califica de accidente laboral el asesinato de dos guardias civiles a manos del narco. Ciudadanos ha muerto de inanición. Podemos tendrá que contentarse con dos o tres escaños (si hay suerte). Todo parece indicar que volverá a ganar la derecha, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta lo bien que nuestra izquierda lo hace todo.

Y del 15M ya no se acuerda nadie, convertido como está en una especie de mayo del 68 para consumo de los que estuvieron allí, vieron cómo se desperdiciaba y traicionaba hasta acabar no sirviendo para nada y ya solo pueden explicar batallitas, como el Abuelo Cebolleta, que ponen en fuga a los posibles oyentes. Solo quedan sus muñidores, sus garrapatas humanas. Iglesias con su vinazo proletario y Colau con sus flotillas solidarias. Qué pena todo, ¿verdad?