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Ramón de España, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz

Ramón de España, Pedro Sánchez y Yolanda Díaz

Manicomio global

Ni podemos ni sumamos

"Han convertido la izquierda española en un erial, por donde han pasado no ha vuelto a crecer la hierba y, eso sí, han escalado socialmente a alturas imprevisibles"

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Tras las más recientes elecciones autonómicas, los dos partidos de la presunta nueva izquierda (que, lamentablemente, no tiene nada que ver con la de toda la vida de Marx y Engels) se han quedado para vestir santos, confirmando la intuición, bastante extendida, de que se han acabado las alternativas al bipartidismo que, si son tan churrosas como las de Yolanda Díaz y Ione Belarra, tal vez sea mejor ahorrárselas.

También ha fenecido Ciudadanos, pero es que eso hace tiempo que es un muerto que camina por inercia (nada que ver con El muerto vivo del gran Peret). Los que creímos en ellos al principio, cuando eran Ciutadans y profesaban la fe socialdemócrata, ya hemos superado la fase del duelo y solo nos acordamos de ellos para ciscarnos en Albert Rivera, en su trasvase a la derechona y en su habilidad para enviar al desguace un proyecto político que debería haberse llevado de otra manera.

También fue (aunque por poco tiempo, todo empezó a torcerse cuando el grupo barcelonés se extendió a toda España y reclutó a lo peorcito de cada casa), una alternativa al bipartidismo que no cuajó. Ahora es el turno de esos dos partidos que, pese a sus nombres, ni pueden ni suman.

El deterioro de la izquierda en España es evidente: tenemos en el Gobierno a un megalómano que se ha cargado la socialdemocracia local y se ahoga en un enorme charco de corrupción (todo, claro está, bulos de la derecha y de la extrema derecha, ¡y no digas nada, que te envían a la fachosfera!).

A su presunta izquierda tenemos dos partidos en fase de descomposición que, como Ciudadanos, lo han hecho todo mal, fortaleciendo así a la derecha. Cuanto antes se vayan a cagar al muelle, mejor para todos. En todo caso, toca ahora librarse de ese PSOE que se ha traicionado a sí mismo, prepararse para resistir los gobiernos del PP y Vox y, en un plazo no determinado, volverlo a intentar, aunque costará, dada la eficaz tarea de demolición llevada a cabo por Sumar y Podemos.

La Izquierda Española de Guillermo del Valle o no avanza o lo hace a paso de tortuga, aunque sus propuestas se me antojan de lo más razonable. No sé si se ha encontrado al votante cansado y harto de promesas que no se cumplen, o si se le está haciendo la vida imposible desde la falsa izquierda que pacta con separatistas, terroristas y lo peor que encuentra (yo les voté en una ocasión porque, a veces, soy un romántico empedernido), pero el caso es que no suscita, de momento, el más mínimo interés.

Cada esfuerzo baldío se lo pone peor a los que vengan después y refuerza el bendito bipartidismo, que es lo normal en muchos países, pero en el nuestro resulta especialmente cargante, dadas las muchas actividades reprobables de PSOE y PP.

Para empezar, el nuevo intento de unificación de la izquierda huele que apesta, ya que está promovido por el arribista Gabriel Rufián (que con tal de no volver a su Santa Coloma natal y seguir enredando por Madrid, donde le han salido fans a cascoporro, es capaz de cualquier cosa), y la señora de Galapagar, Irene Montero, que no quiere recuperar su honesto trabajo de cajera en el Mercadona, donde seguro que se hacía un lío con las vueltas.

Estos dos oportunistas indocumentados piensan presentarse en sociedad dentro de unos días, ¡y en mi ciudad, Barcelona! Se supone que vienen a salvar a la izquierda, pero tengo la impresión de que sólo intentan salvar su estatus social y sus sueldos, muy superiores a lo que realmente merecen.

Da la impresión de que Yolanda Díaz ya se ha dado por muerta, como demuestra su excursión a Hollywood para frotarse y hablar en gallego con el profundo Oliver Laxe. A raposeira (persona hábil a la hora de conseguir algo, según el Diccionario de la Lengua Gallega; o sea, trepa), como se la conoce en su tierra natal, parecía que iba a llegar muy lejos, pero se está quedando más sola que la una después de haber traicionado a Pablo Iglesias, su mentor (¡Dios le conserve la vista, apreciado tabernero!) y de convertirse en sierva de Pedro Sánchez, al que le debe su ministerio.

Y en cuanto a los demás cantamañanas de la nueva izquierda, todo parece indicar que irán cayendo lentamente, hasta que el Mercadona, para Irene, y un curro de portero de discoteca, para Rufi, parezcan opciones laborales razonables.

Han convertido la izquierda española en un erial, por donde han pasado no ha vuelto a crecer la hierba y, eso sí, han escalado socialmente a alturas imprevisibles. Espero que Pablo Iglesias se apiade de ellos y me los coloque de camareros en la Garibaldi, ya que, como él mismo dijo, la taberna es el último reducto del proletariado.