Nacionalismo pasivo-agresivo

Ramón de España
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La conducta que los psiquiatras definen como pasivo-agresiva consiste, básicamente, en hacerle la vida imposible a alguien mientras te presentas como la víctima de ese alguien, que puede ser, sin ir más lejos, tu desdichado cónyuge. La cima de esa actitud en el ámbito conyugal sería la advertencia definitiva: “Si me dejas, me suicido”. Más de uno ha conseguido retrasar el divorcio recurriendo a esta amenaza inapelable: a ver quién quiere cargar con la muerte de su pareja, aunque se trate de un/a perturbado/a mental.

Pasando de lo particular a lo general, la actitud pasivo-agresiva también puede dar buenos resultados. Fijémonos en nuestros nacionalistas, que llevan año presentándose como víctimas de los que no estamos por la independencia mientras nos amargan la existencia con sus obsesiones. Lo que ellos hacen siempre es, por definición, democrático, mientras que lo nuestro es, también por definición, intolerante, facha y franquista. Pasarse por el forro la Constitución española y el Estatuto de autonomía es, por consiguiente, democrático. Repartir unos porrazos para impedir un referéndum prohibido es, por el contrario, la muestra evidente de que España es una dictadura y de que aquí todo sigue como en los tiempos de Franco. Y es que ellos son pacíficos y festivos, mientras que los demás somos, directamente, unos trogloditas. Como no van armados, consideran que todo lo que hacen es pacífico, y así es como han ido construyéndose una propaganda (o relato, que dirían los cursis) que resulta eficaz hasta en el extranjero, donde, reconozcámoslo, el discurso victimista pasivo-agresivo ha calado (entre otras cosas porque el holgazán de Rajoy y su catastrófico Gobierno de inútiles, empezando por el responsable de Asuntos Exteriores, nunca se han tomado la molestia de presentar al mundo una versión alternativa de la historia).

El discurso victimista pasivo-agresivo del independentismo ha calado porque el holgazán de Rajoy y su catastrófico Gobierno de inútiles nunca se han tomado la molestia de presentar al mundo una versión alternativa de la historia

Si la judicatura alemana no ha visto el delito de rebelión por ninguna parte es porque el motín se llevó a cabo de manera pasivo-agresiva, sin violencia física, aunque no existiese ningún mandato popular y se ejecutase el golpe pisoteando a más de la mitad de la población catalana. Al gañán de Tejero lo pillaron enseguida porque se dedicó a pegar tiros al aire, pero Puchi y los suyos fueron mucho más sutiles, pasaron de la ley a la ley a su manera y hasta tuvieron el detalle tolerante de dejar la bandera española en su mástil antes de irse de fin de semana.

Tal vez habría que inventar nuevos términos para acusar a Puchi y sus leales. “Pesadez manifiesta recalcitrante” no estaría nada mal, pero no le veo mucho futuro. Mejor “crueldad mental”, amplio concepto que sirve para los divorcios y que en el caso que nos ocupa podría incluir las manifestaciones de Òmnium y la ANC (tan pacíficas y festivas ellas), las cruces en las playas, los asedios a los juzgados, los lacitos amarillos en la solapa, la manía de cantar L'estaca a todas horas, la programación de TV3 y las soflamas por tierra, mar y aire de Pilar Rahola, que personifica como nadie la conducta pasivo-agresiva de los separatistas.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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