Laura Borràs es despreciable

Ramón de España
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Aunque seas bajito, si te subes encima de un muerto pareces más alto. Si ya dispones de una altura (y anchura) considerable y te encaramas a una pila de cadáveres, ya puedes adquirir una grandeza física prodigiosa, aunque en proporción inversa a tu grandeza moral. Ello es bien sabido por todos los miserables de este mundo, en general, y por Laura Borràs, en particular, quien aprovechó el homenaje de ayer en la Rambla a las víctimas de los atentados islamistas de hace cinco años para darse un baño de masas (si es que puede definirse como tales a los no muy numerosos fanáticos que se presentaron a reventar el acto con sus teorías conspiranoicas, recientemente desautorizadas por el mayor Trapero en una entrevista a La Vanguardia).

La Geganta del pi y su claque no respetaron ni el tradicional minuto de silencio que se suele guardar en estos casos. Prefirieron berrear sus delirios y sus Puta Espanya y a las víctimas y sus deudos que les den. Laura los saludó a todos, seguro que les agradeció que la aclamaran a los gritos de ¡Presidenta, presidenta! y luego los acompañó hasta la delegación de la Unión Europea en el Paseo de Gracia para seguir dando la chapa y sentirse querida y deseada. Se apuntaron a la serenata sus fieles Madaula y Cuevillas, con el que Borrás casi nunca se hace fotos para evitar posibles comparaciones con el inolvidable Dúo Sacapuntas.

Laura Borràs es una mujer llena de sí misma, si se me permite el anglicismo. Ya sé que la expresión correcta en español sería “pagada de sí misma”, pero creo que el equivalente anglosajón, full of herself, la define mejor y, además, hay mucho espacio que rellenar en el corpachón de la Geganta del pi, no como en el de Cuevillas, que se llena enseguida. No es fácil deshacerse de ella, como estamos pudiendo comprobar. Ahora pretende que los miembros de la mesa del parlamento que le señalaron la puerta de tan noble institución se lo piensen mejor, pues considera que han violado su presunción de inocencia. Si no lo logra, acudirá a la justicia española en su condición de funcionaria eterna del estado opresor. Y si tampoco le hacen caso, amenaza con recurrir a la justicia europea. Me pregunto qué parte no ha entendido de ese reglamento que quita de en medio a cualquier político al que se va a juzgar por corrupción.

Lamentablemente, la jugada de ayer no le ha salido muy bien. En ERC han calificado su conducta de miserable, y Gabriel Rufián la ha encontrado despreciable. Hasta en Junts x Puchi consideran que ha metido la pata hasta el fondo. Solo su fiel Dalmases, guardaespaldas, matón de referencia y presidente de su club de fans, ha aplaudido su lamentable actuación en el acto de ayer (tal vez porque sabe que su destino va unido al de su ama y se huele que, si ella cae, él va detrás por sus presuntos chanchullos de cuando estaba en ciertas fundaciones lazis). Es de temer que Borràs siga en este plan hasta que dé comienzo su juicio, del que espero que salga inhabilitada y, a ser posible, con una condena de cárcel, pues hay pocos personajes más tóxicos en el mundo procesista.

Ya sabíamos que, como diría Borges, se cree soñada y considera que todo lo que hace está dentro de la más estricta legalidad, pero acaba de batir su propio récord de desfachatez con el numerito de la Rambla, seguido del de la representación de la Unión Europea. Me temo que ha empezado a caer en desgracia incluso entre los suyos, y que no le van a salvar el pellejo ni los del Puta Espanya ni esa especie de Woody Guthrie ridículo que se presenta con una guitarra pintarrajeada en todo tipo de actos boicoteables (tras cantarle hace un tiempo el Bella Ciao a Puchi, ayer volvió a aparecer en la Rambla para sumarse a los demás fanáticos convencidos de que la furgoneta asesina la conducía el mismo agente del CNI que atropelló a Muriel Casals y luego se dedicó a perseguir en patinete a Eduard Pujol por las calles de Barcelona).

Laura Borràs acabará cayendo como la estatua de Sadam Husein, y lo más probable es que aplaste en su caída al ínclito Dalmases. Que suceda pronto, por favor: Cataluña dará un poco menos de asco sin ellos.

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

 

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