Pásate al MODO AHORRO
Huelga de docentes y Ramón de España

Huelga de docentes y Ramón de España

Manicomio catalán

'Undercover cops'

"Dejemos ya de rasgarnos las vestiduras y dejemos trabajar a la policía, que sabe lo que hace, o eso quiero creer"

Publicada

Los polis infiltrados en una reunión sindical del mundo de la educación han provocado el rasgado general de vestiduras entre los partidos de la oposición, que han lamentado (a gritos) la presencia policial en lo que se supone que es una intocable muestra de libertad de expresión sindical.

Curiosamente (o no), los que ahora se quejan son los mismos a los que les parecía muy normal que, en los malhadados años del prusés, convergentes y republicanos utilizaran a los Mossos d'Esquadra para espiar lo que decían según qué políticos y según qué periodistas (presuntos enemigos de la Cataluña catalana todos ellos).

Al parecer, aquello estaba bien y lo de ahora, mal: todo depende, pues, de quién utilice a la pasma.

Si lo de los nacionalistas era (¿legítima?) defensa, lo mismo podrían argüir ahora los sociatas, si tenemos en cuenta que el principal sindicato de la educación, USTEC, es una pandilla de lazis recalcitrantes muy dados, como estamos viendo, a cortar carreteras y amargarles la existencia a sus conciudadanos (por no hablar de sus delirantes peticiones de aumento de sueldo).

Desalojado el nacionalismo del poder (por el momento), a este no le queda más remedio que hacerse con algún tipo de brazo armado, y esa función la cumple USTEC a las mil maravillas.

De ahí que el PSC infiltre a algunos polis en las asambleas educativas, no sea que a las huestes de USTEC les dé por prender fuego al Paseo de Gracia porque las carreteras cortadas no les parecen una medida suficiente.

Me temo que en Cataluña no entendemos la figura del Undercover Cop o poli infiltrado, ¡y mira que los hemos visto mil veces en el cine y la televisión! Para familiarizarse con sus actividades, recomiendo la serie británica de Netflix Leyendas, que es muy entretenida, a la par que didáctica (los narcos son más peligrosos que los maestros, pero ustedes ya me entienden).

No queremos entender que la misión del poli infiltrado consiste en incrustarse en ambientes hostiles a la ley, al orden y al Gobierno de turno. Así pues, ¿a qué viene quejarse, como tantas veces se ha hecho, de que hubiera agentes infiltrados en colectivos nacionalistas cuando el prusés?

Por no hablar de los que se escandalizaban cuando el incrustado de turno aprovechaba la ocasión para beneficiarse a unas cuantas chicas de la CUP: ¡con algo tenía que entretenerse el muchacho! Y, además, su labor, la fabricación de su leyenda, fue perfecta, pues nunca lo desenmascararon.

No se puede decir lo mismo de los infiltrados en la educación, ya que los detectaron a las primeras de cambio. Lo cual me lleva a pensar que no hemos progresado mucho desde los tiempos del franquismo, cuando el régimen introducía a sus polis en la universidad (los famosos sociales), pobres infelices condenados al ostracismo porque olían a madero a diez metros de distancia.

Yo diría que lo que aquí rige es un falso progresismo desde el que se mira mal a la policía por sistema. No hay más que ver la que se ha liado con el proyecto de meter agentes en las aulas adolescentes para controlar posibles agresiones y otras muestras de matonismo (tenemos institutos en los que la policía debería entrar directamente con la porra en la mano).

Todo lo que huela a policía nos hace arrugar la nariz. O la arrugan los que no tienen el menor contacto con la pérdida de autoridad de los profesores o la creciente presencia de quinquis entre el alumnado (de la misma manera que quienes más abogan por el mestizaje y el buen rollito son los que viven en barrios absolutamente blancos).

Dejemos ya de rasgarnos las vestiduras y dejemos trabajar a la policía, que sabe lo que hace, o eso quiero creer. Y, sobre todo, dejemos de aprovechar la situación para cargar contra un gobiernillo que no nos gusta, aunque los nuestros usaran en su momento trucos mucho peores.