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Aliança Catalana: aquí no pica nadie

"AC y la señora Orriols han vivido ya sus tiempos de gloria"

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Eduard Berraondo, periodista deportivo de TV3 reciclado en jefe de prensa del partido de Silvia Orriols, la matamoros de Ripoll, se ha cabreado con algunos digitales (entre ellos, el nuestro) por señalar el escaso éxito de la formación, digamos, política, a la hora de fichar a candidatos de cierto postín (o, por lo menos, que no hayan caído del todo en la demencia) para las elecciones venideras. Según este maestro de periodistas, entre todos, estamos contribuyendo a desestabilizar al partido que le paga el sueldo.

La realidad va por otro lado, pero, ¿a quién le importa la realidad cuando no coincide con sus aspiraciones?

Lo cierto es que la política de fichajes de AC es un desastre. Viendo la alta densidad de chifladitos por metro cuadrado que hay en sus filas, la señora Orriols intentó captar a gente de otros partidos. Y cualquiera diría que habría bofetadas para apuntarse, ya que las encuestas auguran la bonita suma de veinte diputados en las próximas elecciones al parlamentillo (por no hablar de que los miembros de partidos racistas, pero vergonzantes, como Junts y ERC podrían, en su nueva casa, dejar de disimular para hacerse los demócratas y decir en voz alta lo que piensan de moros, españoles y demás ralea).

Curiosamente, casi todos los políticos abordados han dicho que no, gracias. Y cuando los periodistas les han preguntado por su decisión, no han tenido ningún inconveniente en identificarse, ayudando así a reflejar el escaso éxito de la política de fichajes de AC.

Ni el inefable Josep Anglada, líder de Som identitaris (dos concejales en el ayuntamiento de Vic), manifestó la menor intención de aliarse con AC para medrar, y su socio ideal a nivel nacional (o estatal, según el punto de vista) sería Blas Piñar, que ya lleva unos cuantos años criando malvas.

Anglada fue, de hecho, el pionero de ese frente anti moracos que ahora encabeza la señora Orriols. Pero lo hizo a su manera, que no tenía mucho de independentista: él solo aspiraba a echar a los moros de su pueblo.

Lo vi por la tele hace años, cuando creía que no le estaban grabando, diciéndole al periodista que lo entrevistaba que él seguía estando con el Caudillo a muerte, pero que no lo podía decir porque los tiempos presentes no se mostraban muy entusiasmados con la gran obra del gran hombre.

Anglada (un franquista recalcitrante) y Orriols (una loca del coño, con perdón) resultan de difícil mezcla, aunque aspiren a lo mismo. La diferencia está en que Anglada ya está cerca de la salida (políticamente hablando, pues está hecho un potro a su avanzada edad: el odio te mantiene vivo y fuerte) y Orriols acaba de empezar en el mundo del delirio político y está en fase de expansión.

Expansión de momento dificultada por esa actitud modelo “¡Quita, bicho!” que adoptan los convergentes y republicanos a los que se acerca. Si añadimos, a nivel nacional (o estatal) que Vox no crece en las encuestas, que el PP se viene arriba y que el PSOE pierde menos fuelle de lo esperado (gracias a la actitud gallarda de Pedro Sánchez ante el hombre anaranjado de la Casa Blanca), tendremos que esa amenaza de la llegada de la derecha y la extrema derecha con la que nos amenaza permanentemente el presidente del gobierno no es seguro que se manifieste.

Algo de lo que todos deberíamos congratularnos.

Cataluña es un paisito discreto y moderado (salvo cuando nos da por prender fuego a la plaza Urquinaona o intentar asaltar el cuartel general de la policía nacional: en eso somos como los indolentes tahitianos, a los que todo se la sopla hasta que, de repente, les da el biruji y destrozan Papeete).

Hasta para ser racista hay que hacerlo como si se creyera firmemente en la democracia, que es lo que han hecho siempre los convergentes, los republicanos y las chicas de la CUP. En nuestro peculiar hábitat, mostrarse declaradamente racista, como hace la matamoros de Ripoll, se considera de mal gusto y se piensa que queda feo. De ahí, intuyo, la reticencia a integrarse en AC de los contactados por el partido.

Y de ahí, también, la intuición que algunos tenemos de que AC y la señora Orriols han vivido ya sus tiempos de gloria. O esos quince minutos de fama a los que, según Warhol, tienen derecho todos los seres humanos. Que así sea.