Los digitales del Ancien Régime han encontrado una mina en la depresiva catalana que, después de un intento de suicidio, cayó en manos de un ladino psiquiatra castellanoparlante, se rebotó y exigió un profesional catalanoparlante porque ella, según dijo, “sufría en catalán”.

Le dijeron que eso es lo que había. Montó un cirio y se rebotó aún más cuando, desde diversas administraciones catalanas, le insinuaron que, a veces, la salud mental pasa por encima de las reivindicaciones patrióticas. Y acabó en manos de la Plataforma per la Llengua del siniestro Òscar Escuder, que está montando un cirio más que notable del que, ¿cómo no?, se hacen eco los plumillas más delirantes de los digitales del lazismo.

Si yo, que tengo tendencias melancólicas, tratara de suicidarme, sobreviviera y me adjudicaran un psiquiatra, creo que lo último que me preocuparía sería el idioma en que se expresara el facultativo. Si me hablaba en catalán, le respondería en catalán. Y si en castellano, en castellano.

También me expreso correctamente en francés y en inglés, por lo que, si no me quedara más remedio, me expresaría en esos dos idiomas: la serenidad y la paz mental, ante todo.

Para la mujer a la que nos referimos, la forma es el mensaje, parafraseando a Marshall McLuhan. Y si no abordas su problema en catalán, prefiere aparcarlo hasta que aparezca un psiquiatra de Manlleu.

La buena señora tiene claras sus prioridades, aunque la perjudiquen y siga teniendo la psique hecha un cuadro, o es un claro ejemplo de que la enseñanza en Cataluña es incapaz de garantizar que los alumnos concluyan su educación con un buen conocimiento de las dos lenguas del paisito. En teoría, todos somos bilingües, pero parece que algunos somos más bilingües que otros.

Los columnistas lazis, claro está, han encontrado en la depresiva selectiva a su Juana de Arco, cuyos derechos lingüísticos, según ellos, han sido pisoteados en una nueva y clara muestra de catalanofobia. Apoyan, evidentemente, la cruzada emprendida por la Plataforma per la Llengua y hasta han valorado los daños morales de la presunta víctima: 30.000 euritos (aunque la presunta víctima del colonialismo español creo que ya ha encontrado un psiquiatra catalanoparlante, no hay que despreciar el alcance de la humillación sufrida. Caixa, cobri!).

La última vez que visité a un psiquiatra de la seguridad social, me encontré con un brillante judío uruguayo que me recetó la pastilla de la serenidad que llevaba décadas buscando (se llama Lyrica, dato que pongo en conocimiento de todos los melancólicos que me estén leyendo). Hablamos, lógicamente, en español. Si me hubiese tocado un psiquiatra de Les Borges Blanques, lo habríamos hecho en catalán. Pero lo importante no era el idioma, sino la pastilla, ya que uno no sufre ni en castellano ni en catalán, sino que, simplemente, sufre (sufría) a secas.

Con la escasez de médicos en Cataluña y lo urgente que es para los depresivos salir de su estado de postración, no entiendo, sinceramente, que alguien pueda privilegiar el idioma sobre la necesidad de salir del pozo. Lo importante, digo yo, es que te saquen. Pero eso, para los lazis, es en el mejor de los casos un error de juicio; y en el peor, una muestra de servilismo y autoodio.

Espero que la mujer que sufre en catalán haya dejado de sufrir en catalán, pero yo, de ella, revisaría mi lista de prioridades. Por su propio bien.