Dando una nueva muestra de su legendaria astucia, Artur Mas parece haberse dado cuenta por fin de que la política es el arte de lo posible y urge a sus compañeros de fatigas en Junts a reflexionar sobre su postura de pasar del acuerdo financiero plurisingular del beato Junqueras como de la peste, para alegría de Jaume Giró (¡ya os lo dije yo!) y profunda contrariedad de Míriam Nogueras.

Si se impone su criterio, no sé dónde se van a meter los sicofantes de Puchi que llevan semanas cualificando el acuerdo del beato de timo de la estampita (el último, but not least, el economista de las chaquetas de fantasía, Sala i Martín, rebautizado cruelmente en su día por Jordi Cañas como El payaso de Micolor).

Por mucho que nos sorprenda, dada su habilidad para meter la pata, el Astut aún debe gozar de cierto predicamento en la posconvergencia, pues, si no, ¿de qué nos iba a salir con esas? Incluso ha tenido el cuajo de decir que el concierto económico es casi tan difícil de lograr como el referéndum de autodeterminación, así que casi mejor optar por algo que ofrezca unas mínimas garantías (extremadamente mínimas) de hacerse realidad, si no en esta vida, en la siguiente.

El cuanto-peor-mejor que predican talibanes como Nogueras y Tururull se ha topado con el bienvenido posibilismo del Astut, quien, probablemente, es consciente del camino a la irrelevancia en que se encuentra Junts y no quiere acelerarlo por el expeditivo sistema de dejar a los catalanes sin esos 4.700 millones de euros que el beato asegura haber arrancado a la malvada España.

Cuando, además, te respira en el cogote la matamoros de Ripoll (que acaban de invitarla a visitar Israel, mientras a Puchi no lo invitan ni a churros), igual no puedes agarrarte a dignísimas quimeras para rechazar una ración de aquel mítico peix al cove que tanto le gustaba a Pujol.

Lo de que el peix esté al cove resulta, por otra parte, muy discutible. Ya sabemos que las promesas de Sánchez no suelen cumplirse y que, el hombre, simplemente, está comprando tiempo con dinero (de los demás), pero, tal como está Junts, más vale cubrirse las espaldas, no sea que, por algún milagro, acaben llegando los 4.700 kilos y a los dignísimos posconvergentes se les acabe quedando cara de tonto o, aún peor, de traidor a la patria, que ya sería lo único que les faltaría para acabar de hundirse.

Resulta curioso que sea un fantasioso como Artur Mas, el hombre que veía la independencia a tocar, quien tenga que intentar aportar un poco de sensatez a lo que queda de su partido. Pero, tal como pinta el panorama político español, puede que lo más inteligente que se pueda hacer sea ese “toma el dinero y corre” que ha puesto en marcha el beato Junqueras y han apoyado Sánchez e Illa por la cuenta que les trae, a ver si el primero resiste un poco más en la Moncloa y al segundo le aprueban los presupuestos.

El puente de mando de Junts siempre ha sido muy de máximos, como si nunca le hubiesen aplicado el 155. Y se gastan siempre unas exigencias desmesuradas, cuando ni sus siete votos en el Congreso les dan para tanto como destacan. Es normal que aprovechen que la oportunidad la pintan calva y resiliente y profundamente enamorada de su esposa, pero no hay que exagerar. El Astut lo ha tenido claro y más vale que le hagan caso, que luego siempre se está a tiempo para exclamar: “¡Ya me olía yo que esto era un timo!”.