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Ramón de España opina sobre los protagonistas de cara a 2026

Ramón de España opina sobre los protagonistas de cara a 2026 Fotomontaje CG

Manicomio catalán

Feliz año... ¿nuevo?

"Trump y Putin van a seguir orquestando el desorden mundial; la extrema derecha seguirá imponiéndose en Europa, con la inestimable ayuda de una izquierda cada día más lerda; y en España, Pedro Sánchez proseguirá con la defensa de sí mismo, gobernando sin presupuestos y sin Parlamento"

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Recuerdo a un personaje de las historietas de Charlie Brown (creo que se trataba de Lucy, la insufrible hermana del estoico Linus Van Pelt) que se quejaba de que el año nuevo no lo era en absoluto. “Nos han endilgado un año usado”, clamaba ante quien quisiera (o no) oírla. Su obsesión se debía lógicamente a que el nuevo año le parecía idéntico al anterior. Y creo que no iba del todo desencaminada.

Ahora que andamos todos por aquí deseándonos mutuamente un feliz año nuevo, cabe preguntarse si realmente lo va a ser o si nos van a endilgar uno usado, como a la irritante Lucy Van Pelt. Y por lo menos a nivel político, todo parece indicar que 2026 va a ser un año usado hasta la saciedad. Veamos: en la esfera internacional, Trump y Putin van a seguir en su sitio, orquestando el desorden mundial; la extrema derecha va a seguir imponiéndose en Europa, con la inestimable ayuda de una izquierda cada día más lerda y más inútil; en España, Pedro Sánchez proseguirá con la defensa numantina de sí mismo, gobernando sin presupuestos y sin Parlamento, a no ser que salte algún escándalo definitivo, como que Rodríguez Zapatero ha cobrado de Nicolás Maduro o que el propio Sánchez conozca perfectamente las trapisondas de sus más cercanos colaboradores, de su hermano y de su mujer (por mucho que diga que no conoce a ninguno de ellos y que hace tiempo que se pregunta quién es esa mujer que tiene siempre por casa), y aún así, habrá que sacarlo del sillón con aguarrás.

Por lo que respecta a Cataluña, el PSC seguirá cortando el bacalao, ante el desastre que componen los partidos nacionalistas y la incapacidad del PP para constituirse en una alternativa mínimamente verosímil. Nuestra única novedad es una señora de tez moruna llamada Sílvia Orriols que, curiosamente, siente una aversión inexplicable por sus antepasados y se ha propuesto exterminarlos en nuestras tierras (junto a los españoles, a los que tampoco soporta). Lo crean o no, este espécimen medieval es la gran esperanza blanca (o más bien cetrina) de lo más bruto e irracional del contingente nacionalista: las encuestas ya le pronostican el número dos en las próximas elecciones municipales en Barcelona, aunque aún no haya encontrado al candidato adecuado.

Mientras tanto, se entretiene poniendo denuncias lingüísticas a los librepensadores que creen que pueden escribir los rótulos de sus negocios en el idioma que les dé la gana. 700 lleva ya en 2025 y supongo que planea doblar el número en 2026. Aparte de eso, también es verdad, nadie sabe cómo piensa utilizar su presunta influencia social, ya que, para alcanzar la independencia, lo dudo mucho: la aplicación del 155 a los iluminados de octubre de 2017 ya dejó claro hasta donde pueden llegar los jueguecitos con el Estado. Si entre los energúmenos de AC hay gente convencida de que con su Sílvia triunfará definitivamente el soberanismo irredento, allá ellos.

En cualquier caso, la matamoros de Ripoll es la única novedad del panorama político catalán (y yo diría que español). Si 2026 es un año nuevo será gracias a ella, aunque muchos hubiésemos preferido cualquier otra novedad. De momento, tampoco es que se esté matando. De las denuncias idiomáticas ya se encargan Oscar Escudé y su Plataforma per la Llengua, también conocida como la Gestapo del catalán. Y hace años se encargaba en solitario el inefable Santiago Espot, el alumno aventajado del gran pensador Josep Maria Espinalt, inventor de la psicoestética, que apatrullaba la siudá con su bolígrafo y su libretita y que estuvo en conversaciones con la matamoros para ver si iba de candidato por Barcelona (la negociación no llegó a buen puerto, aunque no sabemos por qué).

Puede que Sílvia Orriols sólo aspire a convertirse en aquel personaje de Vida privada del que Sagarra decía que solo había venido al mundo para hacerlo más desagradable de lo que ya es. La independencia del terruño no la va a lograr, así que solo puede darle la razón a aquel lema que rezaba: “Si no puede ayudar, moleste. Lo importante es participar”.

Pese a sus esfuerzos por envenenar un poquito más el ambiente, dudo que ella sola pueda ofrecernos un año realmente nuevo. Así pues, queridos amigos, nuevo o usado, ¡feliz 2026!