Domingo de Ramos

Ramón de España
4 min

Domingo por la tarde. Escribo estas líneas mientras escucho el ruido de un helicóptero que sobrevuela el barrio. Debe estar vigilando a las masas que llenan el paseo de Gracia para protestar por la detención de Puigdemont a manos de la policía alemana. Resulta que el CNI lo tenía permanentemente localizado a través del móvil, y que lo han dejado atravesar Suecia y Dinamarca para que lo trincaran en Alemania, cuya máxima autoridad política, como todos sabemos, se lleva muy bien con nuestro Mariano. Por no hablar de que se trata de un país en el que la palabra nacionalismo le pone los pelos de punta a cualquiera con dos dedos de frente (quedan excluidos los votantes de la AFD).

Aunque hace un tiempo de perros, Salvador Cardús se ha ido de vacaciones igual, según informa en un tuit. Para tranquilizarnos, promete que el día 3 de abril volverá a estar al pie del cañón para lo que haga falta, lo cual nos llena de esperanza a todos. Los de Arran de la Cerdanya, mientras tanto, han pintarrajeado las inmediaciones de la segunda residencia del juez Llarena --como ya hicieron con la fiscal Magaldi-- con los insultos de rigor. Veo por la tele a una chica de un CDR diciendo que se ha acabado la revolución de las sonrisas y que hay que ponerse serios con el Estado español. Jair Domínguez, un majareta peligroso a sueldo, claro está, de TV3, tuitea que habrá muertos, que tiene que haberlos, que se están pasando mucho con nosotros y que se van a enterar de lo que vale un peine. Es el mismo radical de chichinabo que disparaba contra una imagen del rey emérito o manifestaba su deseo de cortarle la papada al ministro Zoido con un cúter, siempre en TV3, por supuesto, financiado por todos los catalanes (bueno, vale, retiro lo de peligroso, pero mantengo mis dudas sobre su salud mental).

Jair Domínguez, un majareta peligroso a sueldo, claro está, de TV3, tuitea que habrá muertos, que tiene que haberlos, que se están pasando mucho con nosotros y que se van a enterar de lo que vale un peine

Carod-Rovira tuitea que invistamos a Puigdemont y que sea lo que Dios quiera. Lo mismo dice el gran Titot, líder del imprescindible grupo Brams y figura señera de la CUP en el ayuntamiento de Berga. ¿Y la Rahola? ¿Qué dice Pilarín, después de haber calificado a Puchi como “el puto amo” por su habilidad y astucia a la hora de dar esquinazo a la justicia española? Pues pide calma y tranquilidad y confianza en la justicia alemana. Una confianza que algunos digitales del odio no manifiestan, comparando la posible extradición de Cocomocho con la de Companys, lo cual implica que en Alemania sigue imperando el nazismo y en España el franquismo.

Hay que ver lo que dan de sí algunos domingos de ramos. De Jesucristo no se acuerda ni el abad de Montserrat, que emite sus propios gimoteos sobre la situación de la catalana tierra y sus políticos encarcelados. Si no llega a ser por la niña que esta mañana ha estado a punto de sacarme un ojo con la punta de su inmenso palmón, ni me entero de que es Semana Santa.

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¿Quién es... Ramón De España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.

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