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La ciudad de los negreros

Ramón de España
4 min

Como solucionar el problema de los narcopisos o meter mano en los precios de los alquileres o en la creciente (y funesta) influencia de los fondos buitre en la vida de los barceloneses resulta un pelín complicado, nuestra alcaldesa ha optado por lo más fácil, los gestos progresistas llamados a elevar la autoestima de quien los lleva a cabo y de quienes los aplauden. El último gesto municipal, como ustedes ya saben, ha sido el de retirar la estatua de Antonio López, marqués de Comillas, de su emplazamiento habitual, dejando de momento la peana (podría colocarse una escalera para que los ciudadanos pudieran hacer de estatua un ratito y creer que despiertan la admiración de sus iguales; si a alguien le da por eternizarse ahí arriba, cual Simeón el Estilita, seguro que se baja a la primera cagada de paloma). Como el capitán Renault de Casablanca --"¡Qué escándalo, me han dicho que aquí se juega!"--, Ada Colau ha descubierto que le habíamos dedicado una estatua a un negrero y la ha hecho retirar.

Las estatuas y el callejero resultan ideales para los políticos ineptos a los que todo lo relacionado con la gestión de una comunidad les queda grande. Detectar franquistas con calle a su nombre es una de las diversiones favoritas de gente como Colau y Carmena​, y aunque no tengo nada en contra de que a esos individuos se les quite la calle, yo diría que cualquier ciudad suele tener problemas más urgentes que resolver. Eso sí, gracias al negrero o al franquista de turno, quedas de maravilla y, con un poco de suerte, la gente se olvida de que le acaban de subir el alquiler de una manera que equivale al desahucio inminente.

Gracias al negrero o al franquista de turno, quedas de maravilla y, con un poco de suerte, la gente se olvida de que le acaban de subir el alquiler de una manera que equivale al desahucio inminente

Esos gestos no tienen continuidad. El siguiente tendrá lugar cuando sea necesario. Puestos a ser coherentes, lo de López debería tener algún tipo de seguimiento. ¿O es que el marqués era el único negrero de Barcelona? Creo que Güell tampoco estaba del todo limpio, y ahí sigue el parque a su nombre: ¿no habría que cambiarle la denominación o, ya puestos, demolerlo? Ada Colau no puede ser tan ingenua como para ignorar que casi todas las grandes fortunas tienen orígenes sucios y que, si rascamos un poco, esas 400 familias de las que se enorgullecía Fèlix Millet​ deben ocultar abusos y maldades sin cuento, más allá de las trapisondas recientes de algunos de sus representantes. La historia es la que es y reescribirla con moralina anacrónica no sirve para nada. El gesto del ayuntamiento al retirar la estatua de Antonio López recuerda aquella propuesta delirante de la CUP de enviar al almacén la de Cristóbal Colón​. De acuerdo, el marqués se enriqueció con el tráfico de esclavos y a Colón se le fue tal vez la mano en su estricta aplicación de la ley de la espada y la cruz, pero los gobernantes actuales deberían ocuparse del presente en vez de intentar blanquear el pasado. Ya sé que es más complicado gestionar la realidad, pero para eso cobran, ¿no?

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¿Quién es... Ramón de España?
Ramón de España

Ramón de España (Barcelona, 1956). Autor de nueve novelas y una docena de ensayos, ascendió de las covachas del underground (Disco Exprés, Star, a finales de los 70) hasta los palacios del 'mainstream' (El País, donde colaboró ampliamente en los 90). Actualmente ejerce de columnista habitual en El Periódico de Catalunya y el semanario Interviú. Escribió y dirigió un largometraje en 2004, 'Haz conmigo lo que quieras', y aunque lo nominaron a los Goya, esta sociedad hostil no le ha dejado volver a ponerse detrás de una cámara (pero él insiste). Sus recientes ensayos sobre el 'prusés' y sus circunstancias, El manicomio catalán (2013) y El derecho a delirar (2015), lo han convertido en un personaje de referencia de la disidencia irónica.