El presidente de Grifols, Víctor Grífols, y el consejero delegado, Raimon Grífols, en una imagen de archivo / CG

El presidente de Grifols, Víctor Grífols, y el consejero delegado, Raimon Grífols, en una imagen de archivo / CG

Pensamiento

Grifols: diamantes de sangre

La historia de unos pequeños laboratorios de Barcelona que en solo unas décadas se convirtieron en una de las primeras multinacionales del mundo de derivados del plasma

7 octubre, 2018 00:00

La trayectoria de Laboratorios Grifols sufrió un duro golpe en 1958, con el repentino fallecimiento del doctor José Antonio Grífols Lucas; una rápida enfermedad truncó su vida dedicada a la hematología y a la hemoterapia, pero dejó una herencia intelectual destacable sobre el factor Rh aprovechada por investigadores de universidades norteamericanas. Sobre esta herencia de un químico sobresaliente, una firma de laboratorios de origen familiar, Grifols --popularmente conocida como los sanguijuela, por sus extracciones en el laboratorio de Deu i Mata en el distrito de Les Corts-Sarrià-- levantó una sociedad multinacional cotizada en los mercados al contado y ramificada industrialmente en varias divisiones. El nacimiento de la empresa hispano norteamericana Sade-Grifols SA fue la primera apuesta ganadora del clan familiar de los Grífols. Para entonces, el plasma había empezado a transportase en cantidades importantes; su reproducción en los laboratorios hospitalarios, que salvó muchas vidas en la Segunda Gran Guerra, se convirtió en la principal arma de la medicina moderna gracias a la reproducción y transporte que ha hecho de Grifols un genérico del riego sanguíneo; ha reportado ventajas médicas a los quirófanos modernos y ganancias diamantinas a la empresa de laboratorios.

El valor del plasma en tiempos de "acero y cañón fue incalculable". Así lo contaba el prestigioso Moisès Broggi, aquel cirujano centenario que evocó a menudo sus orígenes como médico en el frente del Jarama, durante la contienda civil española. Broggi tuvo un pie en el frente y otro en el hospital. De vez en cuando, pasaba dos noches en el Hotel Wellington de la calle Serrano de Madrid, el hotel de los toreros, donde solía cruzarse con diplomáticos en misión de paz y con enviados especiales realmente jugosos, como Hemingway y John Dos Passos.

Grífols Lucas marcó el salto cualitativo de los laboratorios de origen familiar, en una época glosada por el gran químico Joan Uriach en Memorias del doctor Biodramina (Ed. 62), que narra las peripecias de Grífols y de otros emprendedores de la farmacología, en los años prerrepublicanos resumidos por la memoria de Josep Benet en De l’esperança a la desfeta. En la Barcelona encendida por la lucha de clases, Uriach cuenta el pasmo que vivió de niño (en abril del 1936) cuando su padre (el pionero de su empresa de laboratorios) se desplomó moralmente, presa del desánimo que le causaron los asesinatos de los hermanos Badia, casi en la puerta de su domicilio, ante la incapacidad de los médicos por falta de plasma para salvar las vidas de los políticos de Esquerra Republicana, abatidos por pistoleros de la FAI.

Durante la dura posguerra española, la carencia de tecnología y de materias primas era habitual, por lo que muchos aparatos de laboratorio fueron desarrollados por Víctor Grífols Lucas, quien en 1957 fundaría con su compañero de estudios y médico Guillermo de Celis la sociedad Gri-Cel, dedicada a la fabricación de instrumental hospitario. Aquel mismo año nació Sade-Grifols SA, creada por Víctor Grífols Lucas, tras el vacío dejado por su hermano José Antonio, y la edad avanzada de su padre. En los sesenta, con el inicio del desarrollismo, Grifols podía considerarse la única joint venture hispano norteamericana. La autarquía industrial tocaba a su fin; estaba a las puertas del primer gran desembarco de la metalurgia americana, con la llegada de Ford y la implantación de la planta de Almusafes (Valencia), coordinada por el bufete Garrigues. Le siguieron Kao Corporation, Sony, General Motors o Volkswagen, y para entonces Grifols seguía su penetración en EEUU, superando el escollo de la FDA (Food and Drug Administration), el exigente organismo regulador de la farmacopea norteamericana.

Cuando llegó el tiempo de las concentraciones en EEUU, superada la Guerra de Vietnam, Grifols no se resistió; aceptó su destino como un desafío a las economías de escala que reportaría su crecimiento en volumen, sin que los Grifols perdieran necesariamente el control de la empresa. En 1966, el grupo American Hospital Supply Corporation (AHS), absorbió Dade y situó a Grifols en el laberinto de su contabilidad, junto a otras participaciones. La operación no difuminó a la empresa catalana. Al contrario, amplió el radio de acción de Grifols, cuyos accionistas sellaron una alianza estratégica Foster McGaw, presidente y fundador de American Hospital Supply Corporation. Más recientemente, el grupo farmacéutico se ha hecho con el control de la unidad de Diagnóstico Transfusional de Novartis.

En las últimas décadas, la empresa de laboratorios ha crecido como corporación, con la mitad de su plantilla (tiene un total de 20.000 empleados) en sus instalaciones en Norteamérica. El recorrido por el pasado destaca ahora dos de los hechos más significativos: la asociación con Alpha Therapeutic, que le permitió impulsar decididamente la actividad de los derivados del plasma; y la salida a bolsa en 2006, que facilitó una expansión culminada en 2011, sobre la base de los recursos propios, con la adquisición de Talecris Biotherapeutics, una empresa de tamaño algo mayor. Esta operación convirtió a Grifols en el tercer productor mundial de derivados del plasma, con una cuota de mercado altísima en EEUU gracias a ser la empresa proveedora de plasma para la Armada del país militarmente más poderoso del planeta.

El portazo de la tercera generación

La multinancional española mantendrá su sede corporativa actual en San Cugat del Vallès, siendo fiel a sus orígenes, porque no tiene "pensamiento político". Así lo afirmaron dos altos directivos, Raimon Grífols Roura y Víctor Grífols Deu, ambos consejeros delegados y representantes de la tercera generación del grupo familiar, tras la última Junta de accionistas. "La compañía se fundó en Barcelona y motivo para irnos no había ninguno. Nosotros no tenemos ningún sentimiento político", aseguró Raimon Grífols, quien añadió que la multinacional es global, e insistión en que "todos" los empleados "piensan diferente".

Solo se plantearían trasladar la sede si "alguna circunstancia lo exigiera". ¿Dónde? "Lo lógico sería acabar en EEUU", afirmó. Además, defendió que EEUU es un país fantástico para hacer negocio, a diferencia del "lío" que supone en Europa y "especialmente en España".

La caída en Bolsa

El banco suizo UBS ha rebajado un 28% su valoración de Grifols y aconseja vender sus acciones por el auge de la tecnología anti-FcRn. Aunque Grifols no ha sido nunca una de las cotizadas más volátiles del Ibex, su sostenibilidad en el mercado se ha visto alterado en los últimos tiempos por los bandazos del el dólar, dada la gran impantación-exposición de Grifols en el mercado estadounidense.

Para algunos analistas el detonante de las caídas sucesivas en Bolsa ha sido la publicación de los resultados del grupo correspondientes a 2017, que arrojaron un beneficio de 663 millones de euros. La oleada bajista, provocada en parte por la baja calificación del banco suizo alcanza igualmente a los ADR de Grifols cotizados en Wall Street. Las caídas superan el 6%, y ponen en riesgo la cotización por medio de los instrumentos denominados en dólares (ADR) que representan acciones ordinarias de una empresa de otro país. La mayoría de las compañías extranjeras cotizan en EEUU en ADR.