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Andrea Rodés y el Sr. Darcy

Andrea Rodés y el Sr. Darcy

Pensamiento

Corregirse a tiempo

"El Sr. Darcy lo tiene todo para que tanto Austen como yo nos enamoremos: guapo, educado, algo distante y orgulloso, pasota de las normas sociales, tan sincero que cae mal en el primer momento, pero también alguien que se equivoca y es capaz de corregirse por amor"

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A mediados de julio leí una de esas contras de La Vanguardia que te hacen asentir con la cabeza mientras lees y pensar “es verdad, cuánta razón”. La entrevista era a Miguel Ángel Jordán, doctor en Filología Inglesa y experto en Jane Austen.

Jordán es autor de Todo lo que Jane Austen me enseñó sobre el amor. Consejos para tener buenas relaciones de pareja (Plataforma Editorial, 2026), un libro “que rescata la sabiduría emocional y la agudeza psicológica de la autora británica para ayudarnos a construir vínculos más sanos, reales y duraderos”.

“Austen es una observadora sagaz de las relaciones. Profunda y amena. Léela con atención... y conocerás bien a las mujeres”, dice Jordán, convencido de que la lectura de Austen puede investir a los hombres de un aura de sensibilidad que los hace más atractivos y, por tanto, ayudarlos a ligar más.

Impulsiva que soy, me hice enseguida con un ejemplar de Orgullo y Prejuicio (RBA), clásico que no había leído nunca. Y me lo pasé en grande. Austen me hizo reír con su fina ironía, además de sentirla muy cercana, debido a su historia personal. Austen se enamoró de un hombre a los 27 años, pero la familia de él se opuso por falta de caché social de la escritora, hija de un pastor anglicano, y se quedó soltera hasta su muerte (murió a los 42 años).

Lo que más gracia me hizo fue que, nada más empezar a leer el libro, enseguida deduje que el Sr. Darcy era “the man to be”, el hombre ideal que tenía la autora en la cabeza. Seguramente porque yo también escribo sobre romances y relaciones con un toque irónico (no tan buenas como las suyas), y por mi larga y “desastrosa” trayectoria emocional, que me han convertido en una gran conocedora del sexo masculino.

El Sr. Darcy lo tiene todo para que tanto Austen como yo nos enamoremos: guapo, educado, algo distante y orgulloso, pasota de las normas sociales, tan sincero que cae mal en el primer momento. Pero también alguien que se equivoca y es capaz de corregirse por amor.

“Austen comprendió algo que el romance contemporáneo sigue explotando, aunque no siempre con elegancia: no nos atraen los personajes que ya son dignos desde el principio. Nos atraen los personajes que se ven obligados a hacer balance de sí mismos. (…) Darcy no cambia para recuperarla. Cambia porque, al repasar mentalmente su rechazo, llega a reconocer que ella tenía razón”, escribe la crítica Susan Moore en LiteraryHub.

He hecho un poco de spoiler, pero espero que no lo suficiente para que, los que no hayáis leído este clásico de Austen, empecéis a hacerlo pronto. Os refugiaréis en la Inglaterra lluviosa y verde mientras aquí seguimos tostándonos al sol, os contagiaréis del refinamiento inglés y os reiréis con las conversaciones irónicas de sus personajes, especialmente del Sr. Bonnet, el padre de la protagonista, el más agudo y divertido de todos.

“Antes de casarse, está bien que una chica tenga algún fracaso; así se tiene algo en qué pensar, y le da cierta distinción entre sus amistades”. Gran consejo, Sr. Bennet.