Adrián Caballero, Jordi Aragonès y Sílvia Orriols, líder de Aliança Catalana Europa Press
El 15% de Aliança Catalana no es (todavía) de Aliança Catalana
"El subidón del partido de Sílvia Orriols se basa en un catalanismo menos centrado en el 'procés' y más en la seguridad y la inmigración; el reto a corto plazo es fidelizar a ese votante que mira tanto a Junts como a Vox"
El crecimiento de Aliança Catalana (AC) es ya uno de los hechos políticos del momento en Cataluña. El último barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) sitúa al partido de Sílvia Orriols en torno al 15% de estimación de voto y le asigna entre 23 y 25 escaños. La formación que entró en el Parlament con el 3,8% de los votos en 2024 se acercaría así al sorpasso sobre Junts, superando también a ERC.
La pregunta, sin embargo, no es solo cuánto puede crecer AC, sino quién está dispuesto ahora a introducir la papeleta de Orriols en la urna. Y los microdatos del CEO dibujan una respuesta menos simple de lo que sugiere la espectacularidad de la estimación: solo el 18% de quienes hoy declaran que votarían a Aliança ya la votó en 2024. Más de la mitad procede de otros partidos y casi tres de cada diez se abstuvieron en las anteriores autonómicas.
AC parece estar captando una fracción del electorado independentista que comparte con Vox la agenda de inmigración, seguridad y orden, pero expresa ese malestar desde una identidad catalana fuerte, no desde el nacionalismo español. Es una diferencia decisiva: no se trata de que una parte del soberanismo se haya hecho españolista, sino de que una parte de ese espacio ha empezado a ordenar sus prioridades de otra forma.
Los nuevos votantes de AC son menos independentistas que el núcleo que ya apoyó al partido en 2024 —66,4% frente al 75%— y quedan muy por debajo de Junts, cuyo electorado alcanza el 84,5%. Sin embargo, conservan un catalanismo alto: 7,66 sobre 10, muy cerca de los votantes de ERC y Junts y muy lejos de Vox. También se sitúan más a la derecha que el electorado de Puigdemont: 5,8 frente a 4,5 en la escala ideológica.
La principal transformación no está, por tanto, en la identidad, sino en la agenda. Entre quienes se han incorporado a AC, el 51% menciona la inmigración como uno de los principales problemas de Cataluña y el 33,6% cita la inseguridad. Son porcentajes cercanos —e incluso superiores en seguridad— a los de Vox, y muy alejados de Junts, entre cuyos votantes solo el 21% menciona inmigración y el 19% seguridad.
El nuevo electorado de Aliança no abandona la identidad catalana, pero rebaja la centralidad de la independencia como proyecto político. En su lugar, gana peso un paquete de orden: inmigración, seguridad, control y una percepción de que los partidos convencionales no ofrecen respuestas suficientemente contundentes. La gran operación de Orriols no consiste en españolizar a una parte del independentismo, sino en derechizarlo sin obligarlo a dejar de sentirse catalán.
Eso permite entender por qué AC puede recibir voto de antiguos electores de Junts y ERC sin convertirse en una versión catalana de Vox. Entre los nuevos votantes que proceden de otros partidos, casi la mitad votó a Junts en 2024 y un 21% a ERC, pero también aparecen antiguos votantes del PSC y de Vox. La base de crecimiento es, por tanto, heterogénea, pero tiene un punto de encuentro claro: un catalanismo menos centrado en el procés y más receptivo a la agenda de orden.
Ahora bien, el ascenso de Aliança no equivale todavía a la consolidación de un electorado plenamente fiel. Los datos apuntan más bien a un partido que ha logrado movilizar un apoyo intenso, pero aún permeable. Solo el 55% de quienes hoy aseguran que votarían a AC declara sentir simpatía por la formación. La proporción, además, es idéntica entre el núcleo que ya la votó en 2024 y quienes se han incorporado después. Ni siquiera la continuidad electoral garantiza una identificación partidista sólida.
La segunda preferencia ilustra esa porosidad. Entre los nuevos votantes de AC, Junts sigue siendo con claridad la principal alternativa, con un 39%; Vox aparece como segunda opción para el 17,5% y ERC para el 9%. Incluso un 10% de los nuevos votantes de AC elegiría a Carles Puigdemont antes que a Sílvia Orriols como presidente de la Generalitat. Aliança ha reunido bajo una misma marca a una parte del independentismo desencantado y a otra parte de la derecha atraída por la agenda de orden, pero no ha borrado sus lealtades de origen.
También importa qué esperan estos electores del partido. La confianza en AC se concentra de forma abrumadora en la seguridad: el 81,5% de sus nuevos votantes la considera la formación más capaz de abordar ese asunto. Pero el respaldo cae al 43% cuando se pregunta por economía, al 43% en convivencia y al 39,2% en las relaciones entre Cataluña y España. No están comprando todavía un proyecto integral de gobierno; están premiando una oferta política muy concreta.
Hay un factor que matiza esta fragilidad: la movilización. Cerca de tres de cada cuatro votantes, tanto del núcleo como de la nueva bolsa de AC, aseguran que irían a votar con toda seguridad. El apoyo a Aliança parece, por tanto, incompleto como identidad política, pero no necesariamente débil como disposición electoral. AC cuenta hoy con un voto en buena medida prestado, pero suficientemente activado para traducirse en escaños. La gran incógnita es si Orriols será capaz de fidelizarlo antes de que Junts, Vox o incluso ERC recuperen parte de ese espacio.