Pásate al MODO AHORRO
José Antonio Bueno y el eclipse total de sol desde Olite

José Antonio Bueno y el eclipse total de sol desde Olite Villar López Efe

Pensamiento

Y el sol se apagó

"Más pronto que tarde nuestro sistema del bienestar quebrará, y fingiremos no saber cómo habrá sido posible"

Publicada

Poco más de un minuto duró el evento astronómico del siglo, el eclipse total. Han pasado 121 años desde que en 1905 se pudo ver otro en Cataluña, y no será hasta 2180 cuando el día se vuelva a convertir en noche por completo por estos lares.

La verdad es que tenemos bastante suerte, porque por mera probabilidad se debería dar un eclipse en nuestra tierra cada 375 años. De hecho, en tan solo un año habrá un nuevo eclipse en el sur de España, bastante más largo, y en menos de dos, un eclipse anular, todo un espectáculo.

Más allá de la casualidad de que nos encontremos en la franja de unos 100 kilómetros de sombra producida cuando el disco lunar tapa perfectamente al disco solar —gracias a que, aunque el sol es unas 400 veces más grande, también está 400 veces más lejos—, los eclipses siempre han sido atractivos.

Para la cultura china el dragón se comía al sol, los babilonios nombraban a un rey transitorio para proteger al real, Ra era atacado por la serpiente Apofis en Egipto, los lobos Sköll y Hati perseguían al sol en la mitología vikinga… los eclipses no han gustado mucho a los antiguos, más bien les daban miedo. Que el sol se apague en pleno día no deja de ser inquietante.

Si pensásemos como los antiguos, tres eclipses seguidos sobre España no serían presagio de nada bueno. La verdad es que tenemos un horizonte que asusta.

Los políticos están más que divididos, y lo que queda de legislatura no promete ser muy provechoso, pues la mayoría de investidura no está por la labor de aprobar nada. Y lo peor es que, tras las próximas elecciones, no está claro que se constituyan unas Cortes Generales útiles, porque lo que une a los bloques es que el otro no mande. Son coaliciones negativas, no constructivas. No a la derecha, no a Sánchez, no a todo.

Los retos económicos de medio plazo son enormes, aunque los indicadores a corto sean positivos. La distancia en salarios reales de España con la Europa desarrollada es tremenda. Y aunque este gap nos debería permitir exportar, solo logramos exportar sol y buen tiempo, algo que este año también tiene el resto de Europa.

A pesar de nuestros sueldos bajos, tenemos un elevado déficit comercial, del orden de 60.000 millones, al no ser capaces de compensar con exportaciones nuestra factura energética. Y, aunque la presión fiscal sube por no deflactarse las bases a pesar de una inflación más alta de lo debido, seguimos abonados al déficit público.

Todo lo basamos en el consumo, y éste en el crecimiento demográfico, que tensiona más y más nuestro Estado del bienestar, y al gasto social. Inversión real, cada vez menos. Y mantenimiento, prácticamente nulo.

Jugamos a ser un país rico, cuando no lo somos. Media Europa hace pagar por sus autopistas con viñetas a quienes las cruzan; aquí hay barra libre para turismos y camiones. El acceso a la sanidad pública está mucho más regulado en el resto de Europa que en España, donde el turismo sanitario sigue estando a la orden del día, como evidencia la anécdota de las brasileñas que fueron a Burgos a parir desde Bélgica.

Subimos las pensiones de manera automática con el IPC, cosa que no hace casi ninguno de nuestros vecinos. El ratio de sustitución de nuestras pensiones es del 86%, mientras que en Francia es del 55%, y no llega al 40% en Alemania. 2,7 millones de personas acceden al Ingreso Mínimo Vital (IMV)… Más pronto que tarde, nuestro sistema del bienestar quebrará, y fingiremos no saber cómo habrá sido posible.

Somos tan manirrotos que no solo gastamos en casa, nos permitimos ayudar a nuestros vecinos, y hasta el estadio donde Marruecos quiere arrebatarnos la final del Mundial de 2030 está financiado por España. Desde luego, a Quijotes no nos gana nadie.

Cuando la derecha gobierne, sea cuando sea, tocará hacer recortes y la calle será un clamor. Viviremos huelgas y manifestaciones, porque los sindicatos despertarán del plácido letargo en el que ahora están sumidos. Pero lo más triste es que no seremos capaces de avanzar mucho.

En Alemania y en Austria gobiernan los dos grandes partidos. En España hay muchísimas razones para que, tras las elecciones, lo hiciesen, pero mucho tendrá que pelear el dragón con el sol para que esto suceda. Una coalición de los dos partidos mayoritarios sería tan extraña como que el sol no hubiese vuelto a salir tras el eclipse.

Mientras tanto, los políticos han vuelto a aprovechar para tratarnos como a niños, ES-Alert incluida en alguna comunidad autónoma. Rodalies, eso sí, mantuvo su identidad y falló en las previsiones, convirtiendo el regreso desde Tarragona en una odisea. ¡No se le pueden pedir milagros a Ra!