Pásate al MODO AHORRO
Josep Maria Cortés y el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello

Josep Maria Cortés y el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello Fernando Sánchez - Europa Press

Pensamiento

Las 'Big Tech' en el nombre de Dios

"El tonsurado hispano está acostumbrado a mantener bajo palio al mundo mostrenco"

Publicada

La mayoría social se siente informada a través de espacios promovidos por difusoras de falsedades irresponsables. Bruselas retirar las multas por lesionar la competencia reformulando el reglamento de la protección de datos, mientras avanzan los espacios oscuros en la red X, Facebook, YouTube, TikTok o Instagram.

Se impone la melancolía. El depredador nos precede e incluso nos señala el único camino aceptable para convivir con el pensamiento único del tecnoautoritarismo. Las grandes tecnológicas se alinean en orden de batalla, formando la tortuga de las legiones romanas, rememoradas por Polibio durante las guerras samnitas —las tribus del Norte—, un espacio impenetrable en el que ya no se aceptan ni el humanismo ni las conquistas sociales adquiridas democráticamente.

El andamio de las Big necesitaba un apoyo sagrado capaz de rellenar su sinsustancia; y lo ha recibido de la curia española, cuando su presidente, Luis Argüello, un conservador de catequesis nacional con aguilucho, presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, ha señalado que el Estado es una “banda de ladrones”.

La referencia a una banda de ladrones bebe de una cita de San Agustín que popularizó Benedicto XVI, Ratzinger, prefecto de la Doctrina de la Fe, la preexistente Inquisición de Torquemada. Argüello, aprendiz dilecto del capellán Rouco Varela, martillo de herejes, añadió “a las pruebas me remito” y supongo que no son las pruebas de centenares de delitos sexuales contra menores a los que la Iglesia nacional sigue ocultando.

El tonsurado hispano está acostumbrado a mantener bajo palio al mundo mostrenco; vive muy lejos de la literatura profética anunciadora de un futuro en el que las espadas forjarán arados y las lanzas podaderas, como lo quería Ernst Bloch (El principio esperanza), defensor de la convivencia, promontorio internacional de la paz.

Con sus palabras, Argüello documenta el asalto a la razón ilustrada y democrática que atraviesa Occidente; se sitúa en la sinrazón homófoba, en el escenario del Brexit —fruto de la manipulación estadística de Cambridge Analytica— entre el eje Trump-Facebook y la injerencia ilegal de Putin en Europa.

Los odios nacionales frenan la reacción de la UE, como se ha visto en el Tratado de Amistad y Cooperación firmado por Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, que aspiraba a elevar la relación bilateral al máximo nivel, pero que se encontró con la oposición del PP, Vox y la abstención de Junts y Podemos, dos emblemas de la convivencia tácita entre el rodillo neoliberal y la extrema izquierda, una pinza tóxica.

El poder tecnológico de empresas como la Palantir de Peter Thiel, que gestiona la estrategia militar de la Casa Blanca, señalan el rumbo del conservadurismo duro. Su justificación evangelista en EEUU lo llena de contenido, como muestra también la Contrarreforma de Argüello, una enmienda a la totalidad del pontificado de Francisco y muy lejos de la Roma dialogante de León XIV.