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Alberto Gimeno opina sobre la suciedad de Barcelona

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Pensamiento

Calles para taparse la nariz

"La acumulación de basuras, los restos de orines en lugares inapropiados y las aceras impregnadas de una suciedad que parece un tatuaje indeleble dibujan el panorama habitual de Barcelona"

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Mientras España arde en su superficie con los incendios forestales más devastadores de la historia y en la política, con la peor invasión migratoria en Ceuta de todas cuantas se recuerdan, Barcelona sigue con sus problemas cotidianos que se agravan con la ciudad llena de turistas.

Los agostos ya no son como antes, meses de parálisis en todos los aspectos. Los agostos de hoy en día son tan efervescentes como los meses más activos del año. Y en cuestiones de problemas, agosto adquiere también un protagonismo especial.

La limpieza de las calles de la capital catalana lleva todo el año tiritando, pero la situación se ha desbordado en las últimas semanas.

El ayuntamiento ha puesto más medios que en el pasado, pero la realidad es que la acumulación de basuras, los restos de orines en lugares inapropiados y las aceras impregnadas de una suciedad que parece un tatuaje indeleble dibujan el panorama habitual de la ciudad.

Esa es la realidad que se vive en las calles de Barcelona, en algunos barrios con mayor intensidad que en otros, pero la situación de abandono es general.

Los motivos son variados: ya sea porque cada vez somos más habitantes, por el incremento del turismo, por la falta de conciencia para tener una ciudad limpia o por el cada vez más elevado número de personas que duermen en la calle, el caso es que la situación es desagradable e insostenible.

Y el problema es que al ciudadano que cumple con las normas y con los impuestos (los más elevados de España, hay que recordarlo), no le vale ya la exposición de motivos atenuantes de la situación.

Ya no se puede cerrar los ojos a uno de los problemas que agrían la convivencia en la ciudad. Si hay que limpiar más, y gastar más, quizás habrá que buscar la fórmula de conseguirlo. Si la clave del éxito está en lograr que la ciudadanía sea más cívica y responsable, se tratará de forzarla a que lo sea, con recomendaciones buenistas o con medidas coercitivas, que muchas veces es lo único que entiende la gente.

A lo mejor el foco del turista también hay que activarlo de manera decidida. Con multas que los infractores acaben pagando de verdad cuando sus excesos agiten la convivencia de los barceloneses.

Finalmente, las más de 3.000 personas que viven y duermen en la calle se han convertido en un problema que exige no mirar hacia otro lado. La ley impide sacar de la calle a esas personas, aunque un porcentaje elevado de ellas suman a su precaria situación problemas mentales de primera magnitud.

Esas personas no deberían estar en la calle y quizás habrá que buscar un cambio normativo y obligarlas a acudir a lugares dignos donde pudieran dormir y donde hagan sus necesidades sin que el espacio público se convierta en un sumidero.

Hay que respetar sus derechos, pero se trata de que los derechos de la mayoría estén a salvo y que las condiciones de vida de quienes aguantan económicamente esta ciudad sean un motivo para seguir viviendo en Barcelona a gusto y no con la nariz tapada.