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Ignacio Vidal-Folch y el prófugo de la justicia Carles Puigdemont, en su visita a Barcelona el 8 de agosto de 2024

Ignacio Vidal-Folch y el prófugo de la justicia Carles Puigdemont, en su visita a Barcelona el 8 de agosto de 2024 Fotomontaje CG

Pensamiento

Tres mossos traidores

"Los tres agentes de Mossos que ayudaron a Puigdemont merecen la expulsión del Cuerpo. No sería de extrañar que, si son condenados como merecen, el Gobierno salga en su auxilio, con un indulto. Bastará con una llamadita telefónica del fugado, nos hemos acostumbrado a cacicadas así"

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Así como pocas cosas son tan admirables como esos policías que, aun hallándose fuera de servicio, si ven que se comete algún delito corren a desbaratarlo, pocas son tan despreciables como el policía que se deja sobornar por los delincuentes, y así traicionan no sólo el espíritu del cuerpo al que sirven, sino también a sus propios compañeros.

Es el caso de Óscar Sánchez Gil, jefe de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional en Madrid —uno de los puestos policiales más importantes y de mayor responsabilidad en la lucha contra el crimen organizado y económico en España. Fue detenido a mediados de noviembre de 2024, junto a otras 15 personas, entre ellas su propia pareja, también funcionaria de policía. Se le incautaron millones de euros.

Según la investigación, llevaba al menos cinco años colaborando con una organización narcotraficante, proporcionándole información privilegiada sobre los controles y vigilancia en los puertos españoles (especialmente, el de Algeciras) para facilitar la entrada de cocaína, a cambio de aproximadamente un millón de euros por cada contenedor que lograba pasar sin ser detectado.

Actualmente, ese indeseable se encuentra en prisión provisional, investigado por delitos de tráfico de drogas, cohecho, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal.

De lo que no veo que se le acuse es de un delito infinitamente peor que todos esos: de doblez, de deslealtad con los compañeros. Estos tienen que haberle cogido a Oscar Sánchez una inquina considerable, pues mientras ellos se esforzaban en una tarea ardua, quien debería ayudarles, quien se suponía que estaba con ellos, en realidad saboteaba sus esfuerzos, cual traidor de manual.

A algunos nos parece que tal deslealtad, tal doblez, especialmente cuando se produce en el seno de los cuerpos de seguridad del Estado, debería estar tipificada como un delito, y de los más graves. No sólo por el delito en sí, ni sólo por el daño infligido a sus compañeros, al hacer estériles sus esfuerzos en la lucha contra el crimen, no sólo por la sombra de duda que arroja, ante la sociedad, sobre el cuerpo al que debía servir. Es que la traición a los compañeros resulta naturalmente repugnante.

A instancias del recurso de la fiscalía, la Audiencia de Barcelona ha reabierto el caso contra los tres mossos que ayudaron a Puigdemont en su última visita (pública) a Barcelona. Incomprensiblemente, la juez de instrucción lo había archivado, considerando que esos tres polis no estaban de servicio (uno de baja, el otro de vacaciones, el tercero de permiso: qué casualidades tan oportunas). ¡Vergüenza sobre la jueza!

A los tres mossos se les vio el 8 de agosto de 2024 protegiendo activamente a Puigdemont —recordemos que es un fugado y perseguido por la Justicia española— en su camino hacia el Arco de Triunfo de Barcelona, donde lanzó un discurso y luego escapó… en el coche particular de uno de los mossos, conducido por su esposa.

Esto es escandaloso. Pagamos impuestos, entre otras cosas, para financiar a la policía, y para que la policía no burle, sino cumpla, con las leyes. No les pagamos para que ayuden a los fugitivos de la justicia a seguir fugados, sino para que los detengan. Pagamos a la policía para que persiga a los delincuentes, aunque alguno le parezca, a algún cabo o número, simpático y hasta entrañable.

Esos tres mossos no sólo han sido desleales con la misión que les fue encomendada cuando entraron en el Cuerpo, sino también —y a algunos esto nos parece más grave— con sus compañeros: mientras éstos trataban de detener al fugitivo, ellos, amparados en privilegios de empleado público (permiso, vacaciones) traicionaban sus esfuerzos. Ridiculizando al Cuerpo (el episodio le costó el cargo al entonces jefe de los Mossos), y arrojando además una espesa sombra de sospecha sobre su actitud durante el grotesco episodio de la aparición y segunda fuga de Puigdemont. Sospecha, permítaseme decirlo, que para todo el mundo más allá del Ebro es convicción. Acaso sea una percepción injusta, pero…

Por traidores y desleales a la ley y a sus propios compañeros, esos tres mossos no merecen la inhabilitación, sino la pura expulsión del Cuerpo al que tanto daño reputacional han causado. No sería de extrañar que, si son finalmente condenados como merecen, el Gobierno salga en su auxilio, con un indulto. Bastará con una llamadita telefónica de Puigdemont, ya nos hemos acostumbrado a cacicadas así.

Pero de momento, que los tres mossos aleves y traicioneros con sus compañeros comparezcan ante el tribunal, que se vean obligados a declarar, a mentir, a excusarse… Que purguen su traición.