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Guillem Bota opina 'A Puigdemont no lo quieren ni los suyos'

Guillem Bota opina 'A Puigdemont no lo quieren ni los suyos' Crónica Global

Pensamiento

A Puigdemont no lo quieren ni los suyos

"Quien se afilie a Junts -- les juro que hay gente muy rara que hace cosas así -- debería firmar un documento mediante el cual se comprometiese a acatar sin vacilar cualquier idea de bombero que tenga el líder supremo, por extravagante que pueda parecer"

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Si montas un partido para asegurarte el futuro y una buena vida y los propios militantes te desautorizan, no solo es que eres un mal político, es que además eres un pringado. Para eso te quedas en casa y no te metes en política, que no sirves.

Le ha ocurrido a Carles Puigdemont, un tipo que hace años se fue a vivir a Waterloo –- pronto habrá que poner una nota a pie de página explicando a las nuevas generaciones quién fue este hombre, puesto que ya casi nadie le recuerda -- tras fundar Junts, y los militantes le han dado una patada en el trasero, aunque sea por trasero interpuesto como el de Pilar Calvo, que merecería mejor trato (tanto su trasero como ella en concreto).

La Calvo era la candidata oficial del partido a la alcaldía de Barcelona para las próximas elecciones, no en vano llegaba ungida por el mismísimo mesías Puigdemont. Sin embargo, los militantes le han dicho que de eso nada, que puestos a hacer el ridículo -como acostumbran- quieren hacerlo con Jordi Martí Galbis, que por lo menos no hablaba de fútbol sin saber en la radio.

Las primarias son un mal invento, así no hay quien se haga un partido a medida, que era la aspiración de Puigdemont. Si no fuera por la democracia, un sistema que por algo nunca ha terminado de gustarle a Puigdemont -- el jefe del partido podría hacer y deshacer a su antojo, que para eso creó en su momento Junts--.

Si llega a sospechar que un día tendría que someterse a lo que dijera la mayoría, a buenas horas Puigdemont se habría metido en política. Él es un César, un Napoleón -- de ahí que resida en Waterloo --, un hombre que lo único a lo que aspira en esta vida es a mandar y a vivir bien, a poder ser sin trabajar mucho, cosa esta última que ya ha conseguido con creces.

Si Puigdemont decide que Pilar Calvo sea su marioneta, no son nadie los militantes -- los pocos que quedan -- para decidir que esta marioneta sea un tal Jordi Martí Galbis, que nunca ha hablado en la radio, por lo menos cobrando. Las marionetas debe elegirlas quien las hace funcionar, estaríamos buenos.

Habrá que cambiar los estatutos de Junts. Aunque se trate de un partido menor, residual dentro de muy poco tiempo, no es de recibo que los militantes, unos tipos anónimos y sin ningún pedigrí, se pasen por el forro las decisiones del líder supremo.

Cualquier día esos militantes ponen en duda que las visitas de fieles a la residencia de Waterloo sanen a los enfermos, o que Puigdemont y su familia tengan libre acceso a los fondos del partido, dos axiomas de obligada creencia para todos los catalanes de bien.

Se empieza desobedeciendo al caudillo en un tema menor como el candidato a la alcaldía de Barcelona, y se termina exigiendo transparencia en las cuentas, y hasta ahí podríamos llegar.

Quien se afilie a Junts -- les juro que hay gente muy rara que hace cosas así -- debería firmar un documento mediante el cual se comprometiese a acatar sin vacilar cualquier idea de bombero que tenga el líder supremo, por extravagante que pueda parecer.

La de colocar a Pilar Calvo de candidata a lo que sea ya es en sí misma tan extravagante como la de nombrar cónsul a un caballo, pero si a Puigdemont se le ocurre -- como se le ocurrió -- convertir su residencia en casa de moneda y timbre y fabricar en su sótano sellos de la República Catalana, la obligación de los militantes es volver a escribir cartas a mano y pegar en el sobre uno de esos sellos, y rezar para ver si alguna llega a destino.

Lo mismo deberían haber hecho con Pilar Calvo: franquearla y rezar para ver si llegaba a la alcaldía, puesto que así lo dictaminó el jefe. Como le sigan desobedeciendo, capaz es de montarse otro partido, esta vez sólo con él y su señora, a ver si así puede hacer lo que le dé la gana.