Pásate al MODO AHORRO
Ignacio Vidal-Folch, junto a una imagen de los portavoces de Junts y ERC en el Congreso, Míriam Nogueras y Gabriel Rufián

Ignacio Vidal-Folch, junto a una imagen de los portavoces de Junts y ERC en el Congreso, Míriam Nogueras y Gabriel Rufián Fotomontaje CG

Pensamiento

Illa, Collboni, Rufián, Nogueras y compañía. Diferencias.

"En el Congreso, 'Rufi', y la señora de Junts, interpelan a Sánchez. No quieren hacerle daño de verdad, pero le avisan que ésta es la última, que como las incógnitas de la corrupción no se resuelvan pronto, quizá vayan a retirarle el apoyo… ¡nada, farfollas!"

Publicada

Cuando veo el espectáculo del Congreso, los debates “a cara de perro”, y especialmente los denodados esfuerzos del señor Rufián por hacer ver que existe, no puedo menos que pensar en los políticos socialistas catalanes. Cómo se mantienen al margen de esos circos. Hay en ello algo penoso y algo admirable.

Gobiernan a trancas y barrancas el Gobierno de la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, o sea, casi todo en Cataluña. Pero consiguen que parezca que están ahí de paso. Nunca (o casi nunca) una palabra más alta que otra. Gestionan bien o mal, pero no agitan plumas de pavo real. Pasan de la retórica: Sea porque no la dominan, sea porque no la necesitan, sea porque ven en ella un terreno pantanoso, lleno de ruido y furia y que no significa nada, pero en el que uno se expone más de lo prudente.

Claro, cuando uno está asentado en el poder, es fácil, resultón y olímpico ser hierático, silencioso. Pero es que tanto Illa como Collboni ya eran así antes de alcanzarlo. Lo obtuvieron en los despachos umbríos, no en las plazas a pleno sol. En ese ahorro de energía hay cierta elegancia, acaso involuntaria.

Comparo con Rufián. Éste no para. Se agita. Dice cosas por la boca. Se muestra preocupado por los casos de corrupción, y exige “que se haga algo”. Reclama cosas, gestos. Advierte que, como sigamos así… vendrá algo peor, ¡uy, algo horrible! ¡Uf, es una ola global! Se reúne con personajes y personajillos, ante multitudes indocumentadas y descamisadas. Se corta el pelo con gran estilismo. Baila, levanta pesas. Insulta, exige. “Y no hubo nada”.

Mientras tanto, Illa y Collboni están sentados ante las pantallas de sus ordenadores. Acaso bostezan. Chasquean la lengua. A lo mejor hay manera de cancelar la visita del cónsul de Finlandia…

En el Congreso, Rufi, y la señora de Junts, interpelan a Sánchez. No quieren hacerle daño de verdad, pero le avisan que ésta es la última, que como las incógnitas de la corrupción no se resuelvan pronto, quizá vayan a retirarle el apoyo… ¡nada, farfollas!

Mientras tanto, Illa y Collboni se reúnen en un corredor en penumbra, murmuran “haz que parezca un accidente”. Y la alcaldesa de Ripoll y el fugitivo de Waterloo, y la señora Nogueras, y Rufi, rebullen en sus butacas, pronuncian solemnidades, allí donde les quieran hacer caso. ¡Cuidadito, que te retiro el apoyo! Mi imprescindible apoyo. Nada. Farfollas.

En las guaridas psicopáticas se analiza detalladamente cuándo caerá el Gobierno, y con qué aliados cuenta don Gabriel el fotocopias. Nogueras vuelve en AVE a Barcelona, muy ufana: “Uy, lo que le he dicho a Pedro, le ha dolido.” Un viajero le saluda: “¡Deles caña, Míriam!”.

Mientras tanto, Illa y Collboni ni siquiera se fuman un puro, porque “hace muy mal efecto”, no es razonable. No es saludable. Y qué imagen darían.

Me los imagino a todos, de vuelta a casa por la noche. Sus respectivas parejas les preguntan:

-¿Cómo te ha ido el día? ¿Ha pasado algo interesante?

Y Rufi, Nogueras, etcétera, largan un discurso largo y detallado sobre si a Pedro Sánchez le han temblado o no los labios, si a Feijóo lo han puesto muy nervioso…

La media naranja piensa que el otro novio que tenía antes era un perdis, pero más divertido. Hizo mal en quedarse con este pelma.

Collboni e Illa también se reúnen con sus respectivas parejas. La cena se sirve en silencio. Quizá pone de música de fondo los conciertos de Chopin o las Gimnopedias, en fin, algo que no moleste.

-¿Qué tal te ha ido el día en la Gene, cari? ¿Ha pasado algo?

-No… Nada…