Una estación de peajes
Jo vull pagar
"Las enormes colas de camiones son en sí mismas sinónimo de colapso en cualquier vía. Creo que es más que asumible por coste, por seguridad y por tranquilidad. Ha llegado la hora de dar carpetazo a otra de las ideas 'astutas' del procés. Y rápido, president"
En 2012, Artur Mas se preparaba para unas elecciones en las que pretendía alcanzar una cómoda mayoría absoluta para plantarse ante un Rajoy que le había dado un rotundo no a su propuesta de Pacto Fiscal.
La cita electoral tenía fecha para el 25 de noviembre y sus resultados dieron un serio revolcón al presidente catalán que tuvo que pactar con una ERC que recuperó el pulso perdido con el tripartito de José Montilla. Una parte de ese pulso se fraguó en una campaña que tuvo su momento álgido en mayo y junio de 2012.
Bajo el lema de “No vull pagar”, el incipiente movimiento independentista comandado por los republicanos de Oriol Junqueras y la CUP levantó una bandera contra el “expolio” del Estado a Catalunya con unos peajes que daban pingües beneficios a unas empresas “que tenían amortizados los costes de las autopistas".
Y es más, se trasladaba que Abertis pretendía financiar las deficitarias autopistas de peaje de Madrid prorrogando las concesiones catalanas.
En este contexto envenenado, CiU se presenta a las elecciones defendiendo que en un Estado propio, y eludiendo la palabra independencia, se podría “reducir en un 50%, hasta 2020, el número de muertos y heridos muy graves en accidentes de tráfico”, amén de reducir también la incidencia del cáncer y otras aspiraciones que no se sustentaban en la razón sino en un ensoñamiento con tintes esotéricos.
La movilización ciudadana se enfrió y se volvieron a pagar peajes porque aparecieron las multas, al tiempo que se diluyó el ardor guerrero de los muy ahorradores manifestantes, hasta el final de la concesión de Abertis el 1 de septiembre de 2021.
Desde entonces la casa sin barrer. Han aumentado los accidentes, incluidos los graves, el mantenimiento es de cero patatero, las vías están colapsadas por coches y, sobre todo, por miles de camiones y la seguridad brilla por su ausencia.
Las limitaciones de velocidad y la mayor presencia policial se han demostrado claramente insuficientes. Más bien son medidas testimoniales. Por eso aplaudo, que el presidente Illa en el Parlament dijera que ya es hora de poner coto a la cuestión y recuperar peajes.
Añadió que dentro de dos o tres años y me parece este lapso de tiempo una eternidad, pero bienvenida sea la idea que ratificó el secretario de Movilidad, Manel Nadal, días después: “Quiere decir la AP-7, AP-2, los ejes que van hacia el Pirineo, la C-16, la C-14, la C-12, el Eix Transversal, todas las vías de alta capacidad”.
Está claro hoy, como decía en estas páginas Manel Manchón, que hay que volver a la realidad o como apuntaba Xavier Salvador lo de los peajes fue un pecado de juventud. Lo del No Vull Pagar fue una movilización con tintes políticos basados en un expolio que se ha demostrado inexistente.
Vamos, que nos mintieron una vez más. Que las autopistas no estaban amortizadas y que requieren inversiones constantes que ahora nadie hace para garantizar la seguridad y un tráfico razonable que pueda ser absorbido por la vía. La solución no hubiera debido ser poner el contador a cero, sino poner unos peajes coherentes y ajustados.
Por eso, lo que está ahora encima de la mesa es algo así como poner orden. Que no se limiten las vías de pago a la AP7 o la AP2 es coherente. Me parece más que razonable un peaje en todos las vías de alta capacidad que sea costeado por quienes las utilicen.
Es el pago por uso, la euroviñeta, tan denostada y vilipendiada y ahora abrazada con fervor como un salvavidas en medio de la marejada. Que nadie se lleve las manos a la cabeza porque las propuestas principales barajan tarifas de alrededor de 3 céntimos por kilómetro.
En un trayecto entre Tortosa y La Junquera de 327 kilómetros la broma significaría un coste de 9,81 euros. Y si hablamos de camiones, mejor. La idea de la consellera Sílvia Paneque es coherente y, añado, sensata, porque regular el tráfico pesado es fundamental.
Las enormes colas de camiones son en sí mismas sinónimo de colapso en cualquier vía. Creo que es más que asumible por coste, por seguridad y por tranquilidad. Ha llegado la hora de dar carpetazo a otra de las ideas 'astutas' del procés. Y rápido, president.