Jordi Mercader y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez
Pedro Sánchez, a tumba abierta
"Sánchez utilizará la anomalía presupuestaria que le persigue como arma arrojadiza contra los adversarios y los socios"
Pedro Sánchez ejercerá hasta el último minuto la única ventaja de la que goza actualmente frente al PP: su competencia para fijar el día de las elecciones. Poca cosa más puede hacer el presidente del Gobierno.
Ha tenido que aceptar, finalmente, que los comicios se adelantarán, aunque no ha querido fijar la fecha concreta. Antes quiere fracasar de nuevo con los presupuestos generales.
Salvo sorpresa mayúscula e inexplicable por parte de Junts, Sánchez obtendrá un récord negativo de aúpa en materia presupuestaria. El presidente del Gobierno cumplirá una legislatura completa (o casi) sin haber conseguido aprobar unos presupuestos generales del Estado. Los últimos que pudo sacar adelante tienen por fecha el 24 de noviembre de 2022.
Sánchez será pues el protagonista de una anomalía histórica que viene a sumarse a su delicada posición judicial, tanto en términos políticos como familiares. No tiene buenas cartas para la campaña electoral, salvo el toque de clarín ante la amenaza real de la extrema derecha, por otra parte, muy legitimada ya institucionalmente por las urgencias autonómicas del PP.
En descargo del presidente del Gobierno, hay que reconocer que ha tenido que sobrevivir con unos socios parlamentarios que forman un batallón de indisciplinados e infieles pocas veces visto y, aun así, las cifras de la economía española lideran desde hace varios años el ranking de crecimiento en la Unión Europea.
La maniobra de Sánchez para asociar el avance electoral a una nueva derrota presupuestaria tiene su lógica, aun a riesgo de que pueda resultar inocua como factor para modificar las expectativas electorales. Para unos será un golpe de genio, para otros, la última baza de Pedro, el obstinado.
La capacidad efectiva de Sánchez para aprobar ningún presupuesto se evaporó cuando Carles Puigdemont le hizo saber que Junts daba por rota su relación con el Gobierno, después de escuchar a José Luis Rodríguez Zapatero en funciones de intermediario. Aun así, se resistió a un avance electoral.
Esta ruptura definitiva con el independentismo de derechas se dio en noviembre de 2025. Sin embargo, Sánchez decidió seguir a la espera, se supone, de alguna mejora en la circunstancia judicial que le atenaza. Ha ocurrido lo contrario.
La imputación de Zapatero ha empeorado sustancialmente el escenario. Y ahora, tras mil negaciones, el presidente del Gobierno ha aceptado la posibilidad de dar por concluida la legislatura antes de tiempo, no por ninguna conspiración judicial como creían en su partido, sino como reacción a la probable negativa del Congreso a aprobarle los presupuestos.
Descartada la aprobación de los presupuestos, ¿qué puede ocurrir en los próximos meses que mejore la posición electoral de los socialistas?
La amnistía superará, salvo sorpresa, el trámite de la justicia europea. Lo contrario supondría una debacle para Sánchez (y para Puigdemont, Junqueras y compañía). De todas maneras, cuesta valorar el rédito electoral para los socialistas de la aplicación total de la amnistía, cuando más bien se tiende a creer que dicha ley es el origen de sus males.
La situación judicial habrá cambiado, ciertamente. El hermano de Sánchez ya tendrá sentencia y tal vez el juez Peinado, el Gran Inquisidor de su esposa, habrá recabado alguna sanción del Consejo General del Poder Judicial y algún revolcón procesal de la Audiencia de Madrid.
Es más dudoso que el procesamiento de Zapatero se haya aclarado y seguramente se habrán acumulado más sentencias de la severidad de la dictada ayer mismo contra el exministro Ábalos.
Entonces, uno se puede preguntar qué gana Sánchez alargando el final de la legislatura hasta primeros de 2027. Está claro que solo el relato para la rueda de prensa de convocatoria electoral y los primeros días de campaña. El control del tiempo.
“He convocado elecciones por la imposibilidad de poder aprobar y ejecutar el mejor y más expansivo de los presupuestos que nunca tendrá España”. Eso nos dirá y las espectaculares y ambiciosas inversiones y medidas económicas que habrá anunciado en los meses previos se convertirán en promesas electorales.
Pedro Sánchez utilizará la anomalía presupuestaria que le persigue como arma arrojadiza contra los adversarios y los socios. No es mucho, pero menos es nada para hacer política a tumba abierta.