Jordi Mercader, junto al presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de ERC, Oriol Junqueras Europa Press
Los presupuestos catalanes, un monumento a la fe en Pedro Sánchez
"La incertidumbre es el factor dominante de la actual circunstancia política e institucional y cualquier nuevo accidente judicial o político puede truncar la voluntad de resistencia de los protagonistas"
La Generalitat tendrá presupuestos, finalmente. Unos presupuestos acordados y construidos a partir de la confianza en que Pedro Sánchez consiga salir políticamente vivo del pantano en el que está atrapado. Las promesas asumidas por el Gobierno central, sobre proyectos concretos y modelo de financiación, han permitido a ERC justificar su apoyo a las cuentas del Govern.
Los presupuestos son pues un monumento a la fe en Pedro Sánchez por parte de los socialistas catalanes, los republicanos y los comunes. Además de un éxito de Salvador Illa y su paciencia bíblica.
La negociación presupuestaria supone, tradicionalmente, el momento álgido del farol político. Y en eso, en el farol, nadie le gana a ERC. Oriol Junqueras se pasó meses amenazando machaconamente que sin IRPF no habría nada de nada nunca más.
En el último momento, el líder republicano cambió una reivindicación tributaria que implica una modificación legislativa incierta por la activación del viejo proyecto del tren orbital de los socialistas que solo necesita dinero para materializarse. Un dinero que no existe, pero que todos quieren creer que aparecerá.
A nadie se le escapa que para el Gobierno Sánchez es mucho más fácil, ahora mismo, prometer dinero a medio plazo que leyes para pasado mañana. El medio plazo lo proyecta el voluntarismo y de eso tanto Sánchez, como Illa y Junqueras van sobrados.
El voluntarismo mueve montañas políticas, cuando conviene. Aunque a veces su vigencia y su efecto sea muy transitorio.
“Es decepcionante que los presupuestos de la Generalitat se decidan en Madrid”, afirmó Jéssica Albiach en marzo de 2024 cuando se negó a participar del pacto de ERC y PSC para aprobar las cuentas del Gobierno de Pere Aragonès que cayeron por dos votos.
Esta vez, la líder de los Comuns no se ha quejado de esta circunstancia (que se ha multiplicado por mil), ni tampoco ha exigido el entierro definitivo del proyecto del Hard Rock en Tarragona como hizo entonces. Quizás la posterior pérdida del único diputado que tenían en aquella circunscripción le habrá influido.
Lo innegable es que el presidente Illa conseguirá aprobar unos presupuestos y esto supone una heroicidad en estos tiempos convulsos en los que el diálogo político es casi una excentricidad, desgraciadamente.
Y no es poco. Aunque el acuerdo tripartito PSC-ERC-Comuns se limita formalmente a la aprobación de las cuentas. Este acontecimiento singular supondrá un muy necesario desahogo para la gobernación y un indiscutible impulso al gobierno en minoría de los socialistas.
¿Y nada más?
Ninguno de los negociadores del pacto presupuestario ni ninguno de los habladores oficiales y oficialistas de las fuerzas implicadas ha dado pie a un acuerdo de expectativa más ambiciosa.
Es evidente que con estos presupuestos el Gobierno Illa puede agotar la legislatura sin mayores dificultades.
Tan cierta es esta suposición positiva como que ERC puede llegar en cualquier momento a la conclusión de que le conviene acelerar la convocatoria de elecciones, alegando cualquiera de los incumplimientos acumulados por los socialistas. En todo caso, no antes de que la amnistía haya beneficiado a Junqueras.
La incertidumbre es el factor dominante de la actual circunstancia política e institucional y cualquier nuevo accidente judicial o político puede truncar la voluntad de resistencia de los protagonistas. No siempre resistir es vencer.